‘Ruth’ (Destino), de Adriana Riva (Buenos Aires, 1980), se ha convertido en el fenómeno editorial del año en Argentina. Lleva más de 10 ediciones, tiene una mención especial Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025 y se ha estrenado la adaptación teatral de la novela con gran éxito. Acaba de llegar a España e Italia y se está traduciendo al inglés. Cuenta la historia de una mujer de 82 años que quiere seguir manteniendo las riendas de su vida. Es un inteligente monólogo en el que reflexiona con ironía y un gran sentido del humor sobre la vida, los cuidados, los hijos, la soledad y el papel de las personas mayores en la sociedad.

“Para algunos ser vieja es como ser joven, pero con esfuerzo”, asegura Ruth, quien se niega a ser enterrada en vida. “¿Viste que la sociedad nos llama "adultas mayores"? Me enferma esa manía de catalogar por edad, como si la edad lo justificara todo”, protesta la protagonista con su mirada crítica a una sociedad que infantiliza a personas como ellas.

“La vejez no es un cuento de hadas, pero pueden ser un montón de años maravillosos, cada vez más”, nos comenta la autora en una entrevista para ElPlural. Asegura que su madre ha inspirado todos sus relatos y, aunque no es Ruth, tiene mucho de ella y de todas las mujeres de su vida.

La protagonista es una mujer extraordinaria que funciona como un espejo de la sociedad en la que vivimos. Podemos vernos a nosotros mismos a través de sus ojos. Ruth desafía a los estereotipos sobre la vejez: es una viuda que va a la ópera, recibe clases de arte por Zoom y se niega a la autocompasión. Aunque la maternidad es uno de los temas de la novela, no es para nada el hilo conductor del relato. “Por eso, los hijos no tienen nombre propio, son el abogado y el del perro”, aclara la autora. “A sus 82 años Ruth no es, ante todo, madre, lo ha sido y sigue siéndolo, pero no es su prioridad”, añade.

portada ruth adriana riva

 

Para Adriana Riva escribir es un reto. “Soy una persona que hace un montón de cosas y en ciertos momentos, escribo”, asegura. Reconoce que tiene una “relación compleja” con la escritura: “No tengo talento, sino mucha voluntad”. Pese a ello, está a punto de publicar un nuevo libro en Argentina.

Entrevista con Adriana Riva: “La edad es anecdótica en muchos aspectos”

P.- ¿Cómo surge ‘Ruth’?
R.- Mi obsesión literaria es mi madre. Ya había escrito otros libros sobre ella y, durante un parón creativo, leí ‘Una familia en Bruselas’, de Chantal Kerman. Empieza diciendo: ‘Veo a una mujer en la cocina, en bata, en la penumbra. Acaba de enviudar’. Era idéntica a mi madre, ahí hice el click y pensé que en vez de escribir sobre ella la iba a personificar. Ella tenía en ese momento 78 años. Empecé a investigar y descubrí que no había muchas novelas protagonizadas por personas mayores. Todo lo que había era bastante triste: Alzheimer, demencia senil, enfermedad, cuidados… Sin embargo, mi madre estaba bárbara, sí tenía algún problema de oído y de vista, dolor de espalda, pero tenía muchos años por delante. La vejez no es un cuento de hadas, pero pueden ser un montón de años maravillosos, cada vez más, y esto es lo que he querido narrar. En la Biblia, Sara da a luz a los 100 años y, de pronto pienso, ¿no será que todo ya ocurrió y ya hemos vivido hasta los 150 años?

No es fácil definir la edad más allá de lo que dicen los documentos. La edad es algo psicológico

P.- ¿Te resultó complicado ponerte en la piel de una persona de 82 años?
R.- La verdad es que no. La edad es anecdótica en muchos aspectos, hay cosas que tienen más que ver con la personalidad de cada uno y cómo se siente. Mientras escribía Ruth escuché un podcast de la actriz Julia Louis-Dreyfus, llamado ‘Wiser than me’, en el que entrevista a mujeres mayores como Jane Fonda, Paty Smith, Isabel Allende, Julie Andrew y siempre les pregunta qué edad tienen y qué edad sienten. Siempre hay una discrepancia. Patty Smith contestó: ‘Tengo 79, pero me siento de 12’. A mí me pasa muchas veces, me levanto y me siento como si tuviera 20 años y otras veces me siento como si tuviera 80. Cuando juego a guerra de almohadas con mis hijas, saltando en la cama, en ese momento tengo 15. No es fácil definir la edad más allá de lo que dicen los documentos. La edad es algo psicológico.

Infantilizamos la vejez, utilizando diminutivos y dando por hecho que no están en plenitud de facultades

P.- La novela nos interpela directamente como lectores por el trato que damos a los mayores y el edadismo, cada vez más acusado en la sociedad occidental. Es como si los enterráramos en vida.
R.- Es tremendo. Infantilizamos la vejez, utilizando diminutivos y dando por hecho que no están en plenitud de facultades. Ellos no tienen más remedio que quedarse en una esquinita sin causar problema y esperar a morir. Esto es, directamente, violencia psicológica. No se hace por maldad, es simplemente torpeza creyendo que es mejor para la otra persona y falta de atención real, de escuchar lo que desea la otra persona. Tomamos decisiones por ellos sin tenerles en cuenta.

P.- ¿Tu madre ha leído la novela?
R.- Sí y le gustó mucho. Ella entiende muy bien que es una ficción y que no todo es suyo. Algunas muletillas se las robé, pero hay cosas de todo mi entorno, ‘Ruth’ es un cóctel de las mujeres de mi vida.

No escribo pensando en un lector, lo hago pensando en mí y en lo que tengo ganas de escribir

P.- ¿A quién va dirigida ‘Ruth’?
R.- No escribo pensando en un lector, lo hago pensando en mí y en lo que tengo ganas de escribir. Creo que en todo caso va dirigida a mí misma y eso me ayuda como escritora y como persona.

Un libro se completa cuando alguien lo lee, sin duda, y que después pueda poner a pensar a otros me parece lo más gratificante del mundo. Me sorprendió mucho que se leyese tanto entre generaciones, personas de 80 años, de 40 o de 20, que ven reflejadas a sus abuelos.

Con los nietos todo permitido porque no tienen que educarlos. Y los niños no juzgan, tienen una mirada sin prejuicios

P.- ¿Es más fácil la relación entre los abuelos y los nietos?
Sí, eso siempre es más fácil. Uno puede abrazarlos cuando tiene ganas de hacerlo y echarlos cuando se cansa. No existe ese peso de la responsabilidad, con los nietos todo permitido porque no tienen que educarlos. Y los niños no juzgan, tienen una mirada sin prejuicios y ven todo con mucha más naturalidad que los adultos.

P.- Es paradójico que, en la sociedad de los cuidados, con la población cada vez más envejecida, no sepamos cuidar de nuestros mayores.
R.- Antes no se vivía tantos años y no hay tanta cultura del cuidado, lo que hacemos es tratarlos como si fueran niños. Debemos aprender a escuchar, detenernos y entender qué es cuidar a una persona mayor en vez de acorralarles. Es importante respetar su libertad, sus decisiones. Cuantas veces apelamos al no hagas esto porque el médico ha dicho que no es bueno, pero si a los 40 te dicen que no fumes, por ejemplo, y sigues, apelas al ‘soy mayorcito para saber lo que hago’. Eso no se respeta en los mayores.

Yo puedo estar meses sin escribir y el cuerpo no me pide nada. Sí me pide lectura, necesito leer, es mi alimento

P.- Escribes de lo que te apetece, ¿cómo te ves? ¿Estás satisfecha de tu evolución?
R.- El arte no lo veo como algo en lo que tiene que haber un progreso. No me considero una escritora, soy una persona que hace un montón de cosas y en ciertos momentos, escribo. Yo no vivo de esto ni soy como algunos autores que escriben cada día de 7 de la mañana hasta las 12. Lo que sí tuve fue la suerte de que me publicasen y que siguieran interesándose por mí para sacar más libros, pero no veo progreso. 

Tengo un vínculo bastante complejo con la escritura: con cada nuevo libro empiezo de cero y es todo un desafío para mí. Aunque me encanta, me cuesta: no tengo talento, sino mucha voluntad.

Hay autores para los que escribir es una necesidad física. Yo puedo estar meses sin escribir y el cuerpo no me pide nada. Sí me pide lectura, necesito leer, es mi alimento.

P.- Dices que escribir es para ti un reto, ¿estás ya con el siguiente desafío?
R.- Sí, y sale ahora en Argentina, en el mes de agosto. No es una novela, es lo que yo llamo artefacto narrativo sobre madres de escritores. Ellas siempre están ahí, a veces escondidas.

A sus 82 años Ruth no es, ante todo, madre, lo ha sido y sigue siéndolo, pero no es su prioridad

P.- Ruth es madre, pero no es lo más importante.
R.- En la novela hay otros temas mucho más importantes y, por eso, los hijos no tienen nombre propio, son el abogado y el del perro. Lo escribí así porque eran personajes secundarios su rol es el de hijo. A sus 82 años Ruth no es, ante todo, madre, lo ha sido y sigue siéndolo, pero no es su prioridad. Ella está ahora en otro nivel.

Las que sí tienen nombre propio son sus amigas porque la amistad me parece muy importante a esa edad.

En cuanto a los hijos, hay algo muy universal, cualquiera puede sentirse identificado en el trato que dan a sus padres y eso te hace pensar. Mucha gente viene y me dice que sin ser conscientes estaban siendo, por ejemplo, como el hijo abogado, y ahora tratan de estar más atentos y escuchar.

P.- Leer es para ti una necesidad ¿qué tipo de lecturas te acompañan?
R.- Leo mucha ficción y mucha poesía. La poesía me encanta, empecé siendo relativamente grande y es para mí algo inspirador que me regala pequeños momentos. Un poema te genera una emoción que puede durar más o menos, pero es muy placentera. Por eso siempre me acompaña. Voy a un taller de poesía desde hace seis años.

De ficción me gustan sobre todo las tramas de lo cotidiano y la autoficción.

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