Por lo visto hay un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona que revela que el absentismo en las clases de las facultades se ha disparado. Los motivos son diversos, por supuesto, pero me llamó mucho la atención que entre ellos destaca el hecho de que los alumnos se aburren en clase.
Tengo el privilegio de participar en mi programa de radio favorito de siempre, La Ventana de la Cadena SER. No sé bien cómo conseguí engañarles, pero semanalmente me siento con ellos en el estudio y, aparte de disfrutar como un enano, aprendo tanto de su profesionalidad como de los temas que tratan. El otro día entraron por teléfono dos profesores universitarios en relación al estudio que comento arriba. Hablaron de las causas por las que los jóvenes van menos a clase. Se les veía con sincera preocupación. Francino preguntó qué podían hacer los maestros para contribuir a que los alumnos asistan más a las aulas y la profesora invitada, de nombre Patricia, contestó que ella procuraba que en sus clases hubiera cada quince minutos algún estímulo que sirviera para llamar la atención de los jóvenes. Su capacidad de mantenerse centrados se estima en ese cuarto de hora. Por lo visto esta táctica funcionaba.
Suena sensato ¿No? Si los chicos y las chicas han perdido capacidad para atender durante una clase entera tocará adaptarse y ofrecer el temario de otra forma… Como esta es mi columna voy a dar mi opinión: No entiendo nada.
¿Estamos diciendo que un joven adulto deja de asistir a la facultad porque le aburre y nos parece razonable? ¿Qué hacemos entonces cuando terminen sus carreras? ¿Le ofrecemos puestos de trabajo en los que tengan un estímulo cada quince minutos que les mantenga motivados? No es un problema que me afecte en primera persona porque pasé por ahí hace un porrón de años, pero me sorprende muchísimo que pongamos la causa del absentismo en la Universidad en lugar de hacerlo en los que ausentan. Que son ya adultos. Insisto.
Pensé que si no vas a clase porque estás trabajando al mismo tiempo y la vida no te da, si no vas porque las conexiones en el transporte son imposibles, o faltas por problemas de accesibilidad la responsabilidad es de la sociedad en su conjunto porque debemos ponérselo fácil. Pero ¿No ir porque no te estimulan? Lo siento pero eso es culpa… ¡Ups! ¿De la sociedad en su conjunto?
Los jóvenes adultos no han perdido su capacidad de atención por una mutación genética repentina. Lo han hecho bajo nuestra vigilancia, ante nuestra pasividad. Es tentador responsabilizarles a ellos y lavarse la manos, pero quizá toque repensarlo y preguntarnos si no les estamos fallando. Nosotros les hemos pegado una pantalla a la cara antes de que siquiera hayan aprendido a hablar. Nosotros hemos silbado mientras veíamos por el rabillo del ojo como no se despegaban del móvil. Ahora es momento de escoger, les damos clases de quince minutos para que sean más entretenidas y dejamos que continúe la deriva en la que estamos o nos comprometemos a trabajar para que las próximas generaciones vayan a la facultad porque deben hacerlo. Aunque se aburran.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.