"El hombre que dijo que prefería ser afortunado que bueno conocía la esencia de la vida". La buena suerte es una aleación perfecta y, por lo tanto, desconocida. Como Dios, indemostrable y, por lo tanto, irrefutable, la suerte viene a visitarnos cuando quiere, no cuando queremos. A diferencia de Dios, que es más atento con nosotros, nadie ha montado una religión alrededor de la buena suerte. Tiene ella algo de malicia, una vis peligrosa que nos hace temerla cuando aparece. "A veces pienso que algo malo viene detrás". Cuando Leiva escribió Princesas probablemente pensaba que lo suyo era flor de un día. No se quiso agarrar a la buena suerte e hizo bien. Ahí sigue y, casi todos los demás, no. A la suerte se la aleja si es mala pero no se convoca a la buena. Mi amigo Manu dice siempre que no puede olvidarse de que todo lo que tiene ha sido por suerte o por pesado. La suerte es una diosa salvaje y caprichosa. Como la tauromaquia, que llama suertes a cada una de las trampas que el torero urde para matar al toro y esquivar la muerte. La suya. En la serie homónima de Paco Plaza, Oscar Jaenada interpreta, precisamente, a un torero obsesionado con la suerte que le brinda tener a Ricardo Gómez cerca, un taxista que pasaba por ahí, y que termina por hacerle vivir sus últimas tardes de gloria en el ruedo confiando más en la superstición que en sí mismo. Un peligro. En mi relato favorito de París era una fiesta, Hemingway nos habla de una temporada fantástica junto a su mujer en su piso de París: las calles, el sol, el dinero, los amigos y el vino se habían aliado para regalarles su mejor versión. "–Hombre -dijo ella- qué suerte encontrar eso.

–Siempre estamos de suerte -dije, y como un necio no toqué madera. Y en un piso que tenía madera por todas partes".

La felicidad verdadera no tiene casi nada que ver con la suerte. Dos canciones que se rinden homenaje entre sí -Perfect Day, de Lou Reed y Un buen día de Los Planetas- tienen en común, además de sus títulos, la ambición de compartir la fórmula de la felicidad, concentrada en un pequeño frasco de 24horas. Tomar una sangría en el parque al sol, despertarse tarde y releer un cómic que nos encanta, salir a ver a alguien y luego, sencillamente, volver a casa, son pequeñas victorias que no ganamos en ninguna lotería. Hoy es un gran día, de Cala Vento, en cambio, encuentra la fortuna en la revelación: "Y ahora me doy cuenta que solo en el momento se puede escoger meta. Y ahora puedo verlas desde la distancia con la suerte mía de haberlas ganado". No tenemos que buscarla pero qué bonito encontrarla de vez en cuando.

La suerte le pesa y le pasa también al Real Madrid con la Champions. Uno que fue Mourinhista a pesar de sevillista lleva enganchado toda la vida a los partidos a vida o muerte del equipo blanco. Esa sensación de dicha e invulnerabilidad. Ramos en Lisboa. Benzema contra todos iluminado marcando goles como quien se ata los cordones. Cristiano marcando tres goles cuando hacían falta tres goles contra el Wolfsburgo. A los que la suerte nos ha regalado muchas alegrías tenemos que ir siempre con el Madrid, aunque no lo seamos.

Siempre que voy de viaje me gusta dejar la casa perfecta para cuando que cuando vuelva a Madrid, de bajona y resaca emocional, me encuentre al menos las plantas vivas, las sábanas nuevas y el baño impecable, para quitarme la nostalgia en la ducha y encarar la mañana siguiente arropado oliendo a suavizante. Pero como la vida es como es, nunca tengo tiempo suficiente. El jueves, antes de ir al Primavera Sound, salí de casa dejándola impoluta e higiénica, me monté en el tren y me pusieron en primera y cuando llegué al hotel me habían dado una habitación doble cuando había pagado una individual. Había conseguido mi abono del festival el mismo lunes. Está siendo una buena semana, estoy teniendo mucha suerte. Me ha hecho acordarme todo el rato de la escena inicial de Match Point, esa de la red y la pelotita que puede caer para un lado o para otro. "Da miedo pensar que sea tanto sobre lo que no tenemos control. Hay momentos en un partido en el que la pelota alcanza a pegar la red, y por una décima de segundo puede seguir su trayectoria o bien caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue su trayectoria y ganas. O tal vez no. Y pierdes".

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