Los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore viajaron a la Estación Espacial Internacional en junio de 2024 para una misión que debía durar apenas ocho días. Los problemas técnicos de la nave Starliner de Boeing cambiaron los planes y ambos acabaron pasando 286 días en el espacio antes de regresar a la Tierra en marzo de 2025.

Nueve meses en microgravedad son suficientes para provocar cambios importantes en el organismo. El cuerpo humano está acostumbrado a luchar permanentemente contra la gravedad terrestre y, cuando esa fuerza prácticamente desaparece, músculos, huesos, circulación e incluso los ojos comienzan a adaptarse.

Los músculos y los huesos empiezan a cambiar

Uno de los efectos más conocidos ocurre en los músculos. En microgravedad, las piernas, la espalda y el cuello dejan de realizar buena parte del esfuerzo cotidiano necesario para mantenernos en pie.

La pérdida puede producirse rápidamente. Tras apenas dos semanas en el espacio, la masa muscular puede disminuir hasta un 20% y, en misiones de entre tres y seis meses, alcanzar el 30%.

Los huesos sufren un proceso similar. Los astronautas pueden perder entre un 1% y un 2% de masa ósea por cada mes en órbita, frente al 0,5%-1% que pueden perder anualmente las personas mayores en la Tierra. La recuperación completa de la masa ósea puede tardar hasta cuatro años después del regreso.

Para reducir estos efectos, los tripulantes de la Estación Espacial Internacional realizan diariamente ejercicios de resistencia, bicicleta y cinta de correr.

La gravedad también cambia la circulación y la vista

La ausencia de gravedad modifica además la distribución de los líquidos del cuerpo. En la Tierra, la gravedad favorece que la sangre se desplace hacia las extremidades inferiores. En el espacio, una mayor cantidad puede acumularse en la parte superior del organismo y la cabeza.

Parte de ese líquido puede concentrarse alrededor del nervio óptico y provocar cambios estructurales en los ojos y alteraciones de la visión. Algunos de estos problemas desaparecen después del regreso, mientras que otros pueden permanecer.

El cerebro también necesita adaptarse. Investigaciones realizadas con astronautas que permanecieron durante largos periodos en órbita han detectado cambios relacionados con el movimiento, el equilibrio y la orientación espacial.

Volver a la Tierra también requiere adaptación

El regreso tampoco significa recuperar inmediatamente las condiciones anteriores al viaje. Después de meses flotando, caminar, mantener el equilibrio y soportar nuevamente el propio peso requiere un periodo de readaptación.

La experiencia de otros astronautas permite hacerse una idea de la magnitud de estos efectos. Frank Rubio necesitó ayuda para abandonar la cápsula después de permanecer 371 días en el espacio, mientras que los cosmonautas Oleg Kononenko y Nikolai Chub también tuvieron que ser asistidos tras completar 374 días en órbita.

Williams y Wilmore habían despegado pensando que regresarían poco más de una semana después. Finalmente, sus organismos tuvieron que adaptarse durante más de nueve meses a vivir prácticamente sin gravedad.

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