Hay un tipo de delincuente muy concreto en el cine de los hermanos Coen. No es especialmente inteligente, ni especialmente valiente. Lo único que tiene es una confianza ilimitada en que el resto de la humanidad es idiota. Jerry Lundegaard, el protagonista de Fargo, vive convencido de que siempre encontrará a alguien más ingenuo que él. Cada vez que un problema aparece, improvisa una mentira nueva. Y cuando esa mentira deja de funcionar, fabrica otra aún más absurda. No porque sea un maestro del engaño, sino porque cree que los demás nunca atan cabos. Creo que Isabel Díaz Ayuso opera de una manera similar; incluso hay cierto parecido en ese rostro pánfilo, aparentemente inofensivo, pero repleto de veneno y maldad.
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Sin embargo, lo que les une de verdad es la creencia de tomar a los demás por absolutos imbéciles. Veamos el plan perfecto de Ayuso. Mente estratega, genia de los negocios. Crack. Fiera. Reina. Con unas obras cuya urgencia nunca ha quedado del todo clara en la sede de la Comunidad de Madrid como justificación, el Gobierno regional ejecutó el 14 de abril de 2026 la compra de un ático de 485 metros cuadrados en el exclusivo barrio de Chamberí. El inmueble, además, carecía de licencia para uso como oficina, pese a que ese era el destino previsto para que Isabel Díaz Ayuso desarrollara su actividad durante la reforma de la Real Casa de Correos. La coincidencia resultaba llamativa: el ático se encontraba justo enfrente del piso que la presidenta posee en nuda propiedad y apenas un año después de que su propio Ejecutivo aprobara el Estatuto de expresidentes, una norma que garantiza a quienes hayan ocupado el cargo determinados medios materiales y personales tras abandonar la Presidencia. En otras palabras, ese inmueble podría haber terminado siendo utilizado por Ayuso una vez dejara el Gobierno autonómico.
Pero entonces la operación salió a la luz. Tras la información publicada por El País, la Comunidad de Madrid anunció que pondría el ático a la venta y aseguró que los ingresos obtenidos servirían para contribuir a la reconstrucción de las zonas afectadas por los incendios. Y la historia no termina ahí. En ElPlural.com hemos revelado que, en el mismo intervalo de tiempo, Alberto González Amador también puso a la venta la vivienda en la que reside con la presidenta madrileña, una información confirmada posteriormente por Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de Ayuso. Se trata del piso que el empresario, investigado judicialmente, adquirió en 2022 por 850.000 euros, una cantidad muy inferior al valor de mercado de un inmueble de esas características. Cuatro años después, la vivienda se anuncia por 1.790.000 euros en los portales de Idealista y de la inmobiliaria GILMAR, más del doble de lo que pagó por ella.
Cómo de impune te tienes que sentir para hacer algo así. Cómo de lista tienes que creerte y cómo de tontos tienes que pensar que son los demás. Ayuso Lundegaard, macho. La parejita ha puesto a la venta su piso enseñando su intimidad, permitiendo que nos colemos hasta el vestidor. Y así descubrimos sus crocs azules, su vestido rojo, sus zapatillas de running y la gorra de Libertad o Comunismo. También el diploma de aviación del novísimo, el libro del Valle de los Caídos, el cuadro de Mahou, la copa en miniatura de LaLiga y el bordado de Isabel en el baño. No hacía falta ser Marge Gunderson en Fargo para descubir el pastel. Cómo tienes que ser de cutre, paleto y estúpido para hacer algo así.
El personaje de los Coen y su gran plan provocó siete muertos. Solo quiero recordar el súper plan pandémico de nuestra Kasparov de la política: 7.291 fallecidos en sus residencias. Al menos aquí no ha habido muertos. Solo millones de madrileños atracados, una vez más, por su presidenta.
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