Delaossa y Lorna, dos de las figuras actuales con más peso y proyección nacional, van a actuar como cabezas de cartel en un festival benéfico para Palestina, el Grimey x Palestina, y a su vez en el Madrid Salvaje, festival cuyo fondo de inversión proisraelí (KKR) se beneficia del genocidio palestino en Gaza. Las vacas que entran por las que salen, pueden pensar. A mí lo que me sale pensar es en un circo, ese circo que llega a tu ciudad, ese circo urbano en el pleno sentido de la palabra donde sus protagonistas, en vez de domar leones y hacer piruetas con su cuerpo, las hacen con sus discursos (callar también es una pirueta) y, en última instancia, con el main event: funambulismo moral encima de un alambre cada vez más fino.
Porque, que en menos de un mes sus nombres aparezcan a tamaño gigante en un festival benéfico y en otro que está vinculado a los negocios inmobiliarios en la Palestina ocupada es algo cuantos menos violento a nivel simbólico y un asunto que, como mínimo, se debería poner sobre la mesa. Ya en su edición del año pasado, el Madrid Salvaje, con la cancelación de artistas como 8Belial, Disobey, Bon Calso y Sticky M.A (Gloosito también reveló que rechazó actuar), hizo piruetas discursivas para zafarse de la presión mediante un comunicado alegando que “ninguno de nuestros inversores tienen influencia alguna en las operaciones del festival”. Claro, los empresarios israelíes de KKR no se reúnen en una cafetería para decidir si contratan a tal o cual en un festival español de rap, ese no es el punto, seamos serios.
El comunicado continuaba defendiendo que “todos los ingresos y beneficios del Madrid Salvaje permanecen y se reinvierten en la compañía”, dejando caer que el fondo de inversión está ahí por amor al arte y no porque aunque no obtenga dinero directamente, sí que engorda sus activos para poder vender luego su cartera de valores más cara. Sorprende que el Madrid Salvaje no sepa cómo funciona un fondo de inversión, o en realidad sí lo saben, pero están haciendo lo que comentaba: huida hacia adelante, malabares expresivos. En términos de rap, “hacer el toyaco”.
En su edición pasada, la rapera Metrika y habitual colaboradora de Lorna expresaba a través de un tuit “que no podía bajarse del Madrid Salvaje por motivos legales [...] lo mejor que podéis hacer como público es no ir”. Es probable que estos motivos contractuales sean los que atañen a Delaossa y a Lorna y quizás ellos, en el fondo, sean los primeros que se sienten parte de un circo-sistema urbano, moral e incoherente, y ahí está la trampa del status quo; si no señalamos nada porque nadie está “limpio”, porque “eres comunista y tienes iphone” o porque “bebes Coca Cola y tiene lazos con Israel”.
Como diría el analista cultural Frankie Piza: “Así llegamos a la parálisis, si cada demostración ética queda invalidada por la más mínima contradicción, entonces no se puede actuar sin exponerse a la deslegitimación. Y si no se puede dar un paso adelante, todo sigue igual”. Ya tenemos funambulismo moral, malabares de palabras y trucos de magia donde la razón desaparece. A ver qué será lo próximo que sacan de la chistera.