En los Oscar casi todo parece diseñado para desactivar la realidad. La alfombra roja convierte el mundo en estilismo, las preguntas se reparten entre firmas y joyas, y durante unas horas Hollywood intenta convencernos de que el planeta cabe entero en un plano corto. Pero en la edición de 2026 hubo un detalle imposible de despachar como simple adorno: las chapas. Rojas unas, blancas otras. Pequeñas, sí, pero lo bastante visibles como para abrir la pregunta que más se repitió durante la gala: qué querían decir exactamente esos pines que algunos invitados llevaron en la solapa. La respuesta es que no significaban lo mismo, aunque compartían un rasgo fundamental: ambos usaban la alfombra roja como escaparate político.
Javier Bardem consiguió hacerlo con algo bastante más pequeño: un pin. O, mejor dicho, con dos mensajes en una misma solapa. Por un lado, la ya histórica cartela de “No a la guerra”, la misma que popularizó en 2003 durante las protestas contra la invasión de Irak. Por otro, una insignia menos conocida para parte del gran público, pero con un enorme peso simbólico: Handala, el niño palestino creado por el dibujante Naji al Ali y convertido desde hace décadas en uno de los emblemas más reconocibles de la identidad y la resistencia palestinas. Antes de presentar el Oscar a mejor película internacional, Bardem remató el gesto con una frase clara desde el escenario: “No a la guerra y Palestina libre”.
La chapa roja remitía a Artists4Ceasefire, un colectivo de artistas y activistas surgido en respuesta a la crisis humanitaria en Israel y Palestina. Según explica la propia plataforma, su nuevo pin de esmalte, diseñado por Shepard Fairey, simboliza la exigencia de un alto el fuego “real y permanente”, el regreso de todos los rehenes y la entrada inmediata de ayuda humanitaria para la población civil de Gaza. El diseño muestra una paloma con una flor de loto; la organización dice que esa imagen representa “esperanza, resiliencia y paz”, y añade una idea importante para entender su mensaje: no se presenta solo como una consigna sobre Gaza, sino como un llamamiento más amplio a la dignidad, la libertad y una paz justa “en Palestina, Israel, Irán, Minneapolis o más allá”. Es decir, no era una chapa decorativa con estética de causa; era una declaración política bastante precisa.
Ese pin rojo se vio especialmente en integrantes de The Voice of Hind Rajab, la película nominada al Oscar que sigue la historia de una niña palestina asesinada en Gaza. Ahí está una de las claves de la noche: la chapa roja no se limitaba a una adhesión abstracta a la paz, sino que venía asociada a una película concreta, a un conflicto muy concreto y a una presencia que convertía el símbolo en algo más que un gesto estético.
La chapa blanca, en cambio, jugaba en otro frente. El lema era “ICE OUT” y apuntaba directamente contra ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. La ACLU explicó en febrero que esos pines forman parte de la campaña Be Good–ICE Out, lanzada para mostrar solidaridad con las comunidades afectadas por la violencia de ese organismo. Según esa misma nota, la campaña honra a Alex Pretti, Renee Good y Keith Porter Jr., además de a “cada persona herida o asesinada por ICE”. La organización añade que el movimiento nació en los Globos de Oro de este año y cuenta con el respaldo de una coalición en la que figuran la propia ACLU, Maremoto, National Domestic Workers Alliance y Working Families Power. Dicho más claro: la chapa blanca no hablaba de guerra en Oriente Próximo, sino de frontera, deportación y violencia institucional en Estados Unidos.
La chapa roja pedía un alto el fuego permanente y una paz justa con Gaza en el centro de la imagen pública de los Oscar; la blanca denunciaba la actuación de ICE y la política migratoria endurecida en Estados Unidos. Una miraba hacia fuera, a una guerra y una crisis humanitaria con enorme eco internacional; la otra señalaba hacia dentro, a la maquinaria doméstica de control migratorio.