Ir al contenido principal
Cine

Muere Tinto Brass, el maestro del cine erótico que perdió el control de Calígula

El director italiano muere a los 93 años después de una trayectoria atravesada por la censura, los enfrentamientos con productores y las controversias sobre su representación del deseo

Tinto Brass, el maestro del cine erótico que repudió su mayor escándalo, Calígula

Tinto Brass, el maestro del cine erótico que repudió su mayor escándalo, Calígula

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Tinto Brass pasó buena parte de su vida defendiendo lo que quería mostrar en pantalla, aunque su mayor escándalo llegó con una película que otros terminaron por él. Calígula, cuyo rodaje reunió a actores como Malcolm McDowell, Helen Mirren y Peter O’Toole, salió de sus manos antes de llegar a los espectadores. El productor Bob Guccione incorporó escenas de sexo explícito ajenas a su trabajo y el director rechazó una versión que acabaría vinculada para siempre a su nombre. 

El cineasta italiano murió el miércoles 4 de noviembre en Roma, a los 93 años, según comunicaron a ANSA su esposa, Caterina Varzi, y sus hijos, Bonifacio y Beatrice. La familia anunció una ceremonia funeraria estrictamente privada. Su muerte cierra una trayectoria que recorrió la vanguardia de los sesenta, el espectáculo histórico y un cine erótico en el que encontró su mayor reconocimiento popular.  Reducir esa carrera a los desnudos deja fuera sus comienzos experimentales. Presentarla únicamente como una lucha contra la censura tampoco explica las críticas que recibieron sus películas, especialmente cuando convirtió la violencia del poder y la iconografía nazi en material para el entretenimiento sexual.

Antes de los desnudos llegaron la experimentación y la censura

Giovanni Brass nació en Milán en 1933, en una familia veneciana. Después de estudiar Derecho se trasladó a París en 1957, donde se vinculó a la Cinemateca Francesa de Henri Langlois y al ambiente del que surgió la Nouvelle Vague. Su formación incluyó trabajos como ayudante de Joris Ivens y Roberto Rossellini.

Cuando debutó con Chi lavora è perduto (1963), inicialmente titulada In capo al mondo, ya encontró dificultades con la censura. Su inconformismo tenía entonces más relación con el trabajo, las instituciones y las convenciones sociales que con la especialización erótica por la que sería conocido. Más adelante, L’urlo, realizada en 1968, permaneció prohibida en Italia hasta 1972. 

En aquel periodo también rodó Con el corazón en la garganta (1967), un thriller londinense con Jean-Louis Trintignant y Ewa Aulin en el que colaboró el dibujante Guido Crepax. La película permite situar a Brass dentro de una cultura visual interesada en el cómic, el arte pop y las posibilidades del montaje, bastante lejos de la imagen pública que terminaría absorbiendo el resto de su trabajo.

Salon Kitty y la controversia de erotizar el nazismo

Con Salon Kitty (1976), Brass llevó el sexo al centro de una historia sobre vigilancia y dominación. La película presenta un burdel intervenido por el aparato nazi para obtener información de sus clientes, de modo que las conversaciones y los encuentros íntimos se convierten en instrumentos de control político.  El planteamiento convivía con una puesta en escena que utilizaba los uniformes, los cuerpos y las humillaciones como reclamos visuales. Esa mezcla situó la obra cerca del nazisploitation, denominación aplicada a las producciones que explotaban la iconografía nazi mediante historias de sexo y violencia. 

La polémica iba más allá de cuánto podía enseñarse. Afectaba a la relación entre el asunto elegido y el placer que proporcionaba su representación. Salon Kitty contiene así una de las tensiones más persistentes de su filmografía. Mientras sus historias presentan el sexo como un terreno donde se manifiestan las jerarquías, su forma de mostrarlas también busca atraer al espectador mediante aquello que está exponiendo.

El siguiente gran proyecto reunió al escritor Gore Vidal, al fundador de Penthouse, Bob Guccione, y a un reparto de prestigio encabezado por Malcolm McDowell. La producción prometía un espectáculo sobre el emperador romano, pero las discrepancias entre sus responsables terminaron condicionando tanto el contenido como la autoría de la película. 

Calígula: el sexo añadido y el rechazo de Brass

Rodada en 1976 y estrenada en 1979, Calígula llegó a las salas después de que Brass y Vidal reclamaran la retirada de sus nombres. El historial publicado por la British Board of Film Classification recoge el conflicto por la incorporación de escenas de sexo no simulado rodadas al margen del director y añadidas contra su voluntad

Por eso resulta engañoso tratar la versión estrenada como una expresión íntegra de sus decisiones. Brass había rodado la película, pero perdió el control sobre la forma en que aquel material se organizó y se mezcló con imágenes de otra procedencia. La obra que más contribuyó a fijar su reputación también hizo especialmente difícil distinguir su propuesta de la intervención del productor.

Cuando una copia llegó a Reino Unido en 1980, las autoridades aduaneras la retuvieron. Su autorización para la exhibición comercial exigió unos once minutos de cortes, distribuidos en más de cincuenta intervenciones. Las objeciones incluían sexo explícito, violencia y violencia sexual.

La BBFC autorizó en 2008 la edición íntegra en DVD para mayores de 18 años, casi tres décadas después de aquel proceso. 

Ni siquiera las reconstrucciones posteriores resolvieron el enfrentamiento por su autoría. Cannes presentó en 2023 Caligula: The Ultimate Cut, pero Brass se distanció también de esa versión. El nuevo montaje recuperaba material del rodaje sin convertirse por ello en la película que él había aprobado. 

La llave secreta convirtió el deseo en el motor del relato

Con La llave secreta (1983), Brass trasladó su atención a la intimidad de un matrimonio. La adaptación libre de Junichiro Tanizaki, protagonizada por Stefania Sandrelli y Frank Finlay, sitúa la acción en la Venecia de 1940 y utiliza los diarios de sus personajes para hacer circular fantasías que no se comunican abiertamente. 

El mecanismo narrativo depende de lo que cada uno escribe y permite descubrir al otro. La intimidad aparentemente secreta se convierte en una forma de intervención sobre la pareja, mientras los celos y la curiosidad modifican su relación. El espectador participa de ese conocimiento que los personajes administran de manera deliberada. 

El erotismo organiza aquí la historia, porque los deseos y su descubrimiento provocan las acciones. Esa construcción permite analizar la película más allá de la cantidad de desnudos y explica la importancia de la mirada, la lectura y la sospecha en su desarrollo. La banda sonora de Ennio Morricone formó parte de una producción que tampoco escapó al conflicto institucional. La llave secreta fue secuestrada temporalmente en Italia por sus secuencias eróticas.

Las actrices y los métodos que el propio Brass describía

En los años siguientes, títulos como Miranda, con Serena Grandi; Los burdeles de Paprika, con Debora Caprioglio, y Così fan tutte, con Claudia Koll, consolidaron su identificación con el cine erótico. El cuerpo femenino ocupó el centro de una obra que también se apoyaba en la personalidad pública del director, reconocible por el puro y sus declaraciones provocadoras.

Sus métodos de selección merecen un lugar en ese retrato. ANSA recuperó un testimonio en el que explicaba que pedía a las actrices desnudarse completamente e improvisar unas frases durante las pruebas, porque consideraba que sus movimientos le permitían anticipar cómo trabajarían ante la cámara. La práctica está descrita por él mismo y ayuda a concretar cómo trasladaba sus intereses cinematográficos al proceso de contratación. 

También hubo intérpretes que reconocieron la importancia de aquellas películas en sus carreras. Tras su muerte, Serena Grandi expresó su deuda profesional con Brass. Ese reconocimiento pertenece a su experiencia y debe leerse como tal, del mismo modo que los procedimientos que relataba el cineasta requieren una descripción precisa, sin convertirlos por sí solos en acusaciones de hechos distintos. 

Venecia recuperó al cineasta anterior al escándalo

La última reivindicación institucional de Brass se produjo dos meses antes de su fallecimiento. El Festival de Venecia eligió Con el corazón en la garganta para su preapertura del 1 de septiembre de 2026, con una restauración en 4K realizada por el Centro Sperimentale di Cinematografia y apoyada por Netflix. 

La elección devolvió al primer plano una película de 1967, anterior a su consagración erótica y a las disputas de Calígula. Su trayectoria quedó así reconocida, al final, a través de una obra que permitía observar otros intereses y otras herramientas. Para entonces, el cineasta llevaba décadas intentando que su nombre no se confundiera del todo con la versión de una película sobre la que había perdido la última palabra.

Etiquetas Películas

Comentarios

Solo los socios pueden comentar.

Únete a la comunidad de El Plural para participar en la conversación.

Hazte socio