Antes de que Joaquin Phoenix se convirtiera en uno de los actores más respetados de Hollywood y levantara el Oscar por Joker en 2020, hubo otro Phoenix que ocupó el centro de la escena. Se llamaba River, era su hermano mayor y, durante los años ochenta y principios de los noventa, muchos lo vieron como una de las grandes promesas de su generación. Su muerte prematura, en la madrugada del 31 de octubre de 1993, no solo alimentó una leyenda trágica en torno a Hollywood. También dejó una herida familiar que Joaquin ha llevado consigo durante toda su carrera.

El guion del vídeo resume esa historia como un viaje desde la infancia nómada de los Phoenix hasta la caída de River frente al Viper Room, el club de Johnny Depp en Los Ángeles, donde el joven actor se desplomó con solo 23 años mientras Joaquin llamaba desesperadamente a emergencias . Pero detrás de esa narración hay una biografía todavía más compleja. Es la de una familia que buscó una vida alternativa, acabó vinculada a un movimiento religioso muy controvertido y trató después de empezar de cero bajo un apellido elegido como símbolo de renacimiento.

Los Phoenix no siempre se llamaron Phoenix. River nació como River Jude Bottom en 1970, hijo de Arlyn Dunetz y John Lee Bottom. Joaquin, nacido en 1974, también vino al mundo con ese apellido. La familia llevó durante años una vida itinerante, marcada por el idealismo contracultural de la época. Los padres se desencantaron de Children of God, el grupo religioso al que se habían unido, y lo abandonaron antes de instalarse en Florida. En 1979 adoptaron el apellido Phoenix, en referencia al ave que renace de sus cenizas.

Children of God, posteriormente conocido como The Family International, fue fundado en 1968 por David Berg y ha estado durante décadas rodeado de denuncias y acusaciones de abusos, especialmente contra menores. El grupo atrajo la atención pública por presuntos abusos sexuales y abusos infantiles, así como por el uso del sexo en sus prácticas de captación. La propia historia de los Phoenix debe contarse con precisión. Joaquin ha señalado en entrevistas que sus padres se marcharon al ver que algo no cuadraba en el funcionamiento del grupo y que la permanencia de la familia allí fue limitada.

Tras esa ruptura, la familia intentó reconstruirse. El apellido Phoenix no era solo una marca artística. Funcionaba como una declaración de intenciones. Querían dejar atrás el pasado y abrir una nueva etapa. Los hijos comenzaron a trabajar en el mundo del espectáculo, primero en música y después en televisión y cine. River, el mayor, fue quien antes llamó la atención de la industria. Su rostro, su sensibilidad y una forma de actuar poco habitual para un intérprete tan joven hicieron que Hollywood lo abrazara rápidamente.

Su gran salto llegó con Cuenta conmigo, la película de Rob Reiner basada en un relato de Stephen King. Allí River interpretó a Chris Chambers, el chico herido por su entorno que parecía cargar con demasiada vida encima. Después llegarían títulos como La costa de los mosquitos y, sobre todo, Un lugar en ninguna parte, que le valió nominaciones al Oscar y al Globo de Oro como actor de reparto. Con apenas veinte años, River ya no era solo un ídolo adolescente. Era un actor tomado en serio por la crítica.

El punto de inflexión artístico llegó con Mi Idaho privado, de Gus Van Sant, donde compartió pantalla con Keanu Reeves. Su interpretación de Mike Waters, un joven vulnerable y perdido, consolidó la imagen de River como un actor capaz de convertir la fragilidad en una forma de magnetismo. Por ese papel ganó la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia y un Independent Spirit Award.

Pero la misma industria que lo celebraba también lo devoraba. River había construido una imagen pública asociada a la vida sana, el veganismo y el activismo por los derechos de los animales. Esa imagen hizo aún más impactante su muerte. La madrugada de Halloween de 1993, Phoenix se encontraba en The Viper Room, uno de los locales más famosos de Sunset Strip. El actor fue sacado del club tras comportarse de forma extraña y se desplomó en la calle. Las autoridades esperaban entonces el informe forense para determinar la causa de la muerte.

El informe posterior confirmó que River Phoenix murió por una intoxicación aguda por múltiples drogas. Tenía 23 años. La tragedia se convirtió de inmediato en un símbolo de la cara más oscura de Hollywood. El talento precoz, la fama, la presión, la noche angelina y una promesa truncada antes de alcanzar su madurez artística. El informe forense halló cantidades letales de cocaína y morfina, probablemente derivada de heroína, además de otras sustancias.

En esa escena estaba Joaquin, su hermano pequeño. Tenía 19 años. La llamada que hizo a emergencias quedó grabada en la memoria pública como una de las imágenes sonoras más dolorosas de la cultura pop de los noventa. Durante años, Joaquin evitó convertir aquella tragedia en material de exposición personal. Sin embargo, la sombra de River siempre ha estado presente en su carrera. En sus silencios, en su incomodidad ante la fama, en su manera de elegir personajes rotos, marginales o al borde del colapso.

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