Si alguna vez has visto un bombín inclinado, unas rodillas giradas hacia dentro, hombros encorvados, dedos extendidos, movimientos de cadera imposibles y unas buenas jazz hands, probablemente ya conoces a Bob Fosse aunque nunca hayas escuchado su nombre. El coreógrafo y director estadounidense convirtió unas características físicas que le provocaban inseguridad en una estética propia hasta hacer que Broadway entero terminara hablando su idioma.
Fosse exageró aquello que otros bailarines habrían intentado corregir. Sus rodillas hacia dentro se convirtieron en coreografía. Su postura encorvada pasó a ser sensualidad. Los sombreros ocultaban parcialmente una calvicie que le incomodaba y los guantes ayudaban a esconder unas manos que tampoco le gustaban. Así nació un vocabulario basado en movimientos aislados, hombros que ruedan, dedos que chasquean y una sexualidad contenida que parecía estar siempre a punto de desbordarse.
De Cabaret y Chicago a una estética que cambió Broadway
Antes de convertirse en uno de los nombres esenciales del musical estadounidense, Fosse había conocido muy pronto el mundo del espectáculo. Nacido en Chicago en 1927, empezó a trabajar siendo adolescente en números de vodevil y locales de burlesque. Aquella combinación de erotismo, humor oscuro y espectáculo nocturno terminó dejando una huella evidente en sus coreografías posteriores.
Su carrera acabaría ligada a títulos fundamentales como The Pajama Game, Damn Yankees, Sweet Charity, Pippin, Chicago o Dancin'. En cine dirigió Sweet Charity, Cabaret, Lenny, All That Jazz y Star 80. En 1973 consiguió además una proeza extraordinaria al ganar en la misma temporada un Oscar por la dirección de Cabaret, premios Tony por Pippiny premios Emmy por el especial televisivo Liza with a Z.
Fosse era un perfeccionista obsesivo, fumaba de manera compulsiva y consumía estimulantes que le permitían alargar unas jornadas de trabajo prácticamente interminables. Su vida sentimental tampoco fue precisamente sencilla. En su biografía, además, aparecen episodios de depresión, ansiedad, infidelidades y una relación profundamente autodestructiva con el trabajo.
All That Jazz: cuando Bob Fosse decidió rodar su propia autopsia
La historia dio un giro decisivo en 1975. Mientras trabajaba en el estreno de Chicago en Broadway, Fosse sufrió un grave ataque al corazón y tuvo que someterse a una operación de bypass. Para la mayoría de personas aquello habría sido una advertencia para descansar.
Para Bob Fosse fue material cinematográfico.
Cuatro años después estrenó All That Jazz -Empieza el espectáculo en España-, una película tan autobiográfica que apenas intenta disimularlo. Su protagonista, Joe Gideon, interpretado por Roy Scheider, es un brillante director y coreógrafo mujeriego, fumador, adicto al trabajo y dependiente de las pastillas que intenta montar un musical mientras termina una película.
Es decir: Bob Fosse. Pero con otro nombre.
De Bob Fosse a Michael Jackson: una influencia que salta a la vista
La sombra de Fosse tampoco terminó en Broadway. Su lenguaje corporal atravesó generaciones y dejó huellas visibles incluso en la cultura pop. Uno de los ejemplos más fascinantes es Michael Jackson.
Jackson construyó su estilo a partir de numerosas influencias -entre ellas Fred Astaire, James Brown, el jazz y diferentes formas de danza urbana-, pero también bebió del universo de Bob Fosse. La conexión resulta especialmente evidente al observar una escena de la película El Principito, estrenada en 1974.
En ella, Fosse interpreta a la Serpiente vestido de negro, con bombín, pantalones cortos que dejan los calcetines a la vista y una coreografía basada en pequeños desplazamientos laterales, piernas angulares, golpes de cadera, hombros aislados y poses congeladas.
No significa que Michael Jackson copiara simplemente a Fosse. El rey del pop mezcló referencias muy diferentes hasta crear un lenguaje propio. Pero observar a Fosse como la Serpiente en El Principito permite entender hasta qué punto el coreógrafo había anticipado gestos que décadas después asociaríamos automáticamente con una estrella del pop.
Bob Fosse y el inquietante final que ya había filmado
Y entonces llegó la última ironía.
En All That Jazz, Joe Gideon lleva su cuerpo al límite hasta sufrir graves problemas cardíacos. La película convierte incluso su posible muerte en un gigantesco número musical.
Bob Fosse murió el 23 de septiembre de 1987. De un ataque al corazón. Tenía 60 años.
Había pasado aquel mismo día trabajando en una reposición de Sweet Charity en Washington. Poco antes de que se levantara el telón, mientras caminaba acompañado por Gwen Verdon hacia el teatro, se desplomó. Fue trasladado al George Washington University Hospital, donde murió esa misma tarde.
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