Algunos se acercan a la verja en cuanto escuchan pasos y otros permanecen a distancia, tratando de decidir si pueden confiar en la persona que tienen delante. Porque, cuando se trata de perros que proceden de situaciones difíciles y necesitan ayuda, cada uno reacciona de una manera diferente. Hay perros que buscan una caricia desde el primer momento y otros que necesitan días, semanas o incluso meses para permitir que alguien vuelva a aproximarse. Todos han llegado hasta el Centro Provincial de Recogida de Perros de Albacete después de ser encontrados solos, perdidos o abandonados en alguno de los municipios atendidos por Emperrados.
Detrás de cada animal existe una historia que casi nunca se conoce por completo. Algunos han vivido en una casa y no comprenden por qué, de repente, se encuentran dentro de un chenil. Otros apenas han mantenido contacto con personas y reaccionan huyendo ante cualquier intento de acercamiento. También llegan perros ancianos, camadas de cachorros, animales heridos y perros de gran tamaño para los que encontrar una familia resulta especialmente complicado.
El programa, impulsado por la Diputación de Albacete, presta el servicio de recogida a 67 municipios de la provincia, principalmente localidades pequeñas que no cuentan con medios propios para atender este tipo de situaciones. Cuando un ayuntamiento comunica la presencia de un perro abandonado o extraviado, el animal es recogido y trasladado al centro, donde comienza un proceso que combina identificación, observación, cuidados veterinarios y búsqueda del posible propietario.
Si nadie lo reclama, empieza una segunda etapa en la que el refugio hace todo lo posible para prepararlo para la adopción y encontrar un hogar que no sea simplemente una salida provisional, sino una familia adecuada para poder pasar toda su vida.
Yolanda García, veterinaria de Emperrados desde antes de la apertura del centro en 2009, ha visto llegar animales en circunstancias muy distintas. Los problemas más habituales son los parásitos internos y externos, la desnutrición, las heridas infectadas y diferentes enfermedades de la piel. En los casos más graves aparecen fracturas, lesiones provocadas por atropellos o heridas cuyo origen resulta muy complicado de determinar.
Pero no todas las heridas son visibles. Algunos perros llegan con un gran miedo a las personas, especialmente aquellos que han vivido en zonas aisladas y apenas han tenido contacto humano. “Hay perros que se nota que es que te huyen”, explica la veterinaria. Por eso, “aparte del trabajo sanitario con ellos”, también es necesario “trabajar mucho la socialización, sobre todo con personas”.
Durante el verano cobran especial importancia las pulgas, las garrapatas y los mosquitos por las enfermedades que pueden transmitir. “Golpes de calor como tal no hemos tenido”, señala García, que explica que un perro que lleva tiempo sobreviviendo en el campo “sabe buscarse sus sombras y resguardarse”.
Cuando los problemas sanitarios son leves, la recuperación puede ser relativamente rápida. “Por regla general, en unos 15 días la mayoría de perros suelen estar listos para el siguiente paso”, explica. Sin embargo, determinadas enfermedades transmitidas por vectores pueden alargar considerablemente el tratamiento.
Durante este periodo no solo se trabaja sobre su estado físico. También comienza la tarea de conocer al animal y recuperar su confianza. “Hay perros a los que les cuesta mucho adaptarse”, reconoce Yolanda. Recuperar esa confianza exige paciencia. “Se necesita mucha presencia nuestra, respetando sus espacios para que el perro no se asuste”, explica. El acercamiento se produce poco a poco: “Le vamos llevando comida rica para que vea que puede confiar en nosotros”.
La respuesta de muchos animales termina llegando antes de lo esperado. “Son muy agradecidos”, asegura. “Ellos también van buscando contacto y protección poco a poco”.
María Calabuig Sanchís llegó al centro de una manera completamente diferente. “Vine de visita con una persona que quería adoptar y vi que había muchos perros en el refugio. En ese momento teníamos 189”, recuerda. La situación del albergue le impresionó: “Estaba un poquito masificado y en ese momento decidí empezar a ayudar como voluntaria”.
Desde entonces colabora principalmente buscando adopciones y acogidas y ayudando en los desplazamientos de los animales cuando necesitan acudir a algún transporte o reunirse con sus adoptantes. Lo que necesitan no son únicamente personas dispuestas a adoptar. “Necesitamos muchos voluntarios que vengan y que paseen a los animales”, explica.
María ha aprendido también a reconocer las diferencias entre los animales que han vivido siempre en la calle y aquellos que alguna vez tuvieron una familia. “Ellos, si vienen de un hogar, no pierden la esperanza”, asegura. “Esperan volver a tener lo que tenían”.
Ese comportamiento puede observarse al recorrer el centro. “Cuando te acercas a una valla, ellos intentan llamar tu atención”, explica María. Y aunque en el albergue reciban cuidados y atención, “lo que quieren es volver a lo que tenían”. Algunos terminan acostumbrándose después de pasar mucho tiempo en el refugio, pero otros continúan esperando.
El tamaño y la edad condicionan enormemente las posibilidades de encontrar una familia. Yolanda ha comprobado que los cachorros suelen tener una salida mucho más sencilla, pero también que esa ventaja puede desaparecer rápidamente.
“Los cachorros son los que más facilidad de salida tienen”, explica. Sin embargo, cuando se trata de animales que van a ser grandes, “como te pases los cuatro o cinco meses”, encontrar una familia puede resultar mucho más complicado. Lo sabe bien por una camada que llegó al centro con apenas dos meses. Eran ocho perros. Tres años después, cinco siguen allí. “Tengo cinco perros aún desde hace tres años”, relata.
También ha cambiado parcialmente el perfil de quienes acuden a adoptar. Antes era habitual que una persona llegara buscando una raza o un cachorro concreto. Ahora, según su experiencia, hay adoptantes que valoran otras posibilidades.
En Emperrados, encontrar una familia no significa entregar al perro a la primera persona interesada. El proceso comienza con un cuestionario en el que se pregunta por la vivienda, las personas que forman el hogar, sus rutinas, su experiencia con perros y la existencia de otros animales.
Después llega una parte que para el equipo es imprescindible: conocerse en persona. “Un perro no se ve a través de una valla”, afirma Yolanda. Cuando alguien visita el centro, los animales pueden ladrar, saltar o mostrarse alterados.
Ese contacto permite descubrir si la elección inicial es realmente adecuada. Una persona puede sentirse atraída por un perro concreto y comprobar después que su nivel de actividad no encaja con su forma de vida. Pero también puede suceder lo contrario: que durante la visita conozca a un animal en el que inicialmente no se había fijado y descubra que es precisamente el que mejor encaja con su familia.
En ocasiones, el problema está relacionado con la vivienda. El centro ha recibido perros devueltos después de que personas que vivían de alquiler aseguraran que podían tener animales cuando realmente no contaban con la autorización necesaria. Por eso, ahora intentan comprobar previamente que el nuevo hogar sea adecuado y que la adopción pueda mantenerse en el tiempo.
Algunas familias están dispuestas incluso a recorrer cientos de kilómetros para encontrar al perro que quieren incorporar a sus vidas. María recuerda especialmente la historia de Enda, una perra que había llegado al centro con mucho miedo.
“Era una perra que estaba bastante bloqueada”, recuerda. Una familia decidió desplazarse desde Irún para adoptarla y comenzó entonces un proceso que no terminó cuando Enda cruzó las puertas del centro.
“Han trabajado mucho con ella y aunque no ha perdido todos los miedos, es una perra que ahora mismo ya empieza a ser feliz”, cuenta María. Y existe un momento especialmente esperado después de cada despedida: “Lo mejor es cuando recibes las fotos y los vídeos, que es absolutamente maravilloso”.
Ver cómo evolucionan los animales en sus nuevos hogares es también lo que mantiene la motivación de quienes colaboran con Emperrados. “Eso es lo que nos llena y lo que nos impulsa a seguir trabajando por ellos”, explica María.
ElPlural.com pudo conocer en primera persona otra de esas historias que todavía se está escribiendo. Fermín, un perro de apenas un año y medio, se recuperaba de las graves lesiones sufridas tras un atropello. Una protectora lo había recogido y trasladado inicialmente a una clínica veterinaria y, al comprobar que no tenía microchip, el municipio derivó posteriormente el caso a Emperrados.
Las pruebas mostraron que Fermín tenía una fractura en la cabeza del fémur y necesitaba una intervención quirúrgica. Cuando ElPlural.com visitó el centro, la cicatriz evolucionaba bien, pero todavía quedaba por delante una recuperación lenta para fortalecer una musculatura que había quedado atrofiada y conseguir que volviera a caminar con mayor normalidad.
“Es un perro joven”, explicaba Yolanda mientras Fermín reclamaba la atención de quienes se acercaban. Su recuperación permite entender también la importancia que pueden tener las familias de acogida en determinados casos. “Hubiera sido genial tener una casa de acogida para la recuperación”, reconoce Yolanda. Para un perro recién operado, disponer temporalmente de un hogar puede facilitar el reposo y la atención para una rehabilitación más tranquila. Sin embargo, encontrarlo no siempre es sencillo, especialmente en pleno verano.
Fermín había pasado los primeros días en reposo prácticamente absoluto y empezaba entonces a moverse poco a poco. Pero durante la visita lo que realmente reclamaba era estar acompañado. “Ahora tiene una ansiedad, no para de llorar”, explicaba Yolanda. “Yo me siento a su lado y él es el más feliz”.
Si la evolución continúa favorablemente, la previsión es que pueda incorporarse a una familia capaz de ofrecerle una vida tranquila, con sus paseos diarios pero sin someterlo a una actividad física excesiva. Con apenas un año y medio, Fermín todavía tiene por delante la posibilidad de que su historia, como la de Enda, termine lejos del refugio y en un buen hogar.
No todas las historias terminan igual. Chanse era una perra mestiza de gran tamaño que llegó al centro a principios de año después de ser recogida en un municipio de la provincia. “No andaba. Arrastraba las patas traseras”, recuerda María.
Recibió cuidados y tratamiento veterinario y fue trasladada a un centro especializado, donde le realizaron una resonancia. “Hicimos todo lo que pudimos por ella”, explica María. Durante un tiempo incluso consiguieron que volviera a ponerse en pie: “En el centro llegó a levantarse”.
Pero su estado era demasiado grave y terminó falleciendo. “Tenía los órganos ya muy tocados”, recuerda. Para quienes habían pasado meses cuidándola fue especialmente difícil. “Esa perra es que era con las personas dulce, buena, maravillosa”, explica María. “Estos finales tan tristes nos tocan muchísimo el corazón”.
Son, sin embargo, los mínimos. Y María insiste en ello: “Tenemos historias que la mayor parte terminan siendo historias felices”.
El crecimiento del programa y el número de animales atendidos han obligado también a adaptar y ampliar las instalaciones. José Antonio Gómez, diputado de Medio Ambiente y responsable de Emperrados, recuerda que llegó a producirse una situación en la que el espacio disponible resultaba insuficiente. “Hubo un momento en que la capacidad se tensionó muchísimo”, explica.
La respuesta ha pasado por aumentar progresivamente los recursos destinados al centro. Una de las primeras actuaciones acometidas durante la actual legislatura supuso una inversión cercana a los 200.000 euros, a la que se sumará un nuevo proyecto para continuar ampliando y adaptando las instalaciones. “En torno a 600.000 o 650.000 euros es lo que vamos a gastar en esta legislatura”, señala Gómez.
Las actuaciones buscan disponer de espacios adecuados para las diferentes necesidades de los animales, incluidos aquellos que deben permanecer durante más tiempo en el centro. El objetivo, resume el diputado, es que puedan estar “en perfectas condiciones” durante su estancia en Emperrados.
La mejora de las instalaciones se complementa con el incremento de los recursos destinados a la atención de los animales. Como explica Yolanda García, en los últimos años se han ampliado las partidas para poder asumir gastos veterinarios extraordinarios, desde determinados tratamientos hasta cirugías que resultan difíciles de prever cuando un perro llega al centro.
Sin embargo, existe una dificultad que amenaza con complicar una de las vías para encontrar una familia fuera de España. Según explica María, la colaboración con asociaciones extranjeras permite que numerosos animales encuentren un hogar en otros países europeos.
Esta posibilidad afronta ahora nuevas dificultades. Los cambios en las condiciones para el transporte profesional de animales están complicando la organización de los largos desplazamientos por carretera. Entre otras cuestiones, María señala la necesidad de introducir paradas y planes de contingencia en determinados viajes de larga duración, lo que ha provocado que algunas empresas hayan dejado de prestar este tipo de servicios.
El efecto ya empieza a notarse entre las protectoras con las que mantienen contacto. Algunas asociaciones extranjeras también han trasladado al centro las dificultades para organizar los traslados, una situación que puede terminar reduciendo las posibilidades de que algunos de estos perros encuentren una familia fuera de España.
La preocupación es especialmente relevante para determinados perfiles, como los perros grandes o de difícil adopción, que pueden encontrar en otros países europeos una oportunidad que resulta más complicada aquí. Por tanto, se trata de un escenario complicado que puede obligar a protectoras y asociaciones a buscar nuevas fórmulas para mantener abierta esta vía hacia una segunda oportunidad.
La labor de Emperrados no termina con la recogida y el cuidado de los animales. Una parte importante del programa consiste precisamente en intentar que cada vez menos perros tengan que llegar al centro. “Hemos realizados campañas tanto de no al abandono como fomentando la adopción”, explica José Antonio Gómez. La Diputación desarrolla acciones de sensibilización y participa en diferentes ferias para acercar este mensaje a la ciudadanía, reforzándolo especialmente en momentos delicados como el inicio del verano, cuando, según señala Gómez, aumentan los abandonos.
El voluntariado constituye otra pieza necesaria. Actualmente María Calabuig es la única voluntaria habitual de Emperrados y tanto ella como los responsables del programa reconocen que hacen falta más personas dispuestas a colaborar en un centro que tiene las puertas abiertas para recibir a cualquier persona interesada. Pero Gómez insiste en que no basta con acercarse puntualmente, sino que se necesita un cierto compromiso. Pasear a los perros, pasar tiempo con ellos y ayudar en su socialización puede ser especialmente importante para aquellos que permanecen durante meses o años esperando una familia.
Y aunque el abandono continúa siendo una realidad, desde el programa perciben señales que invitan al optimismo. “Vamos viendo resultados tanto en el aumento de las adopciones como también en la reducción del abandono”, asegura Gómez.