Cuando el 21 de enero del 2013 el PP en una nota de prensa anunciaba a bombo y platillo que Agustín Conde, por entonces diputado por Toledo, acababa de ser elegido Vicepresidente del Comité de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos del Consejo de Europa no se podían ni imaginar que con el tiempo su paso por esta Institución le iba a arrastrar al fango de la corrupción.

Pero antes de entrar en la cuestión y para los que no estéis muy familiarizados con este genovés bronco y ciertamente altivo os sugerimos que os deis una vuelta por su biografía no oficial y así comprobar como su trayectoria está salpicada de incidentes. Lo hay de todo tipo y condición. Desde sus problemas con Hacienda hasta sus manifiestas incompatibilidades durante su etapa como diputado pasando por sus polémicas palabras de felicitación a Aquilino Apolonio un psiquiatra conocido por sus reaccionarias teorías sobre la homosexualidad y la adopción por parejas del mismo sexo.

Pero Agustín Conde donde va le acompaña la polémica y es que tras dejar involuntariamente su escaño, de una día para otro, se encuentra que su nombre está dentro del bombo de nombramientos que a modo de tómbola genovesa el gobierno de Rajoy va regularmente perpetrando. Y  es así, como quien no quiere la cosa, cuando un día cualquiera del mes de febrero del 2016, fue nombrado Consejero de Red Eléctrica Española, lo que básicamente se traducía en incrementar el saldo de sus cuentas corrientes.

El caso es que semejante mamandurria, como diría Esperanza Aguirre, apenas pudo disfrutarla ya que 10 meses después en noviembre del 2016, fue nombrado por la Ministra de Defensa y Secretaria General del PP, María Dolores Cospedal, Secretario de Estado de Defensa.

Y en esas está Conde cuando, como decíamos, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa puede situarle a pie de los caballos. Y es que, si todo va como está previsto, el próximo jueves 26 el Pleno de esta Asamblea deberá aprobar una resolución, tomando como base el informe elaborado por una Comisión independiente que investiga supuestos casos de corrupción en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE)) y que se puede consultar en este enlace.

Según los investigadores, en el caso concreto de Azerbaiyán, Agustín Conde en su calidad de observador de las elecciones celebradas en esta republica en el 2015, entre el 25 de junio y el 9 de diciembre de 2015, actuó claramente como un lobista favorable a los intereses del gobierno de este país caucásico. El nombre y apellidos del actual Secretario de Estado de Defensa aparecen en reiteradas ocasiones y en todas ellas para mal. Se le acusa, entre otras cosas, de haber violado tres artículos del Código de Conducta al que deben someterse los relatores de la Asamblea Parlamentaria incumpliendo de este modo  el “compromiso de no buscar ni aceptar instrucciones de gobiernos, organizaciones no gubernamentales, grupos de presión o individuos”; la obligación de “abstenerse de cualquier acto que pueda generar dudas sobre su neutralidad” en el ejercicio de sus funciones, y el encargo de mantener “discreción o reserva”, así como de “no hacer un uso personal de la información adquirida en el desempeño de sus deberes”. Dicho de otro modo se  posicionó sistemáticamente a favor de los intereses del gobierno de Azerbaiyán.

También le recuerdan su negativa a comparecer a una audiencia que le fue solicitada el 28 de noviembre de 2017, limitándose a enviar una breve declaración escrita sobre sus actividades en PACE que no aportaba ninguna luz a las graves acusaciones de las que le acusan.

Como buen aprendiz de brujo que ha sido y es de sus mayores y de sus superiores, Conde ya ha salido a la palestra para negar todo, calificando de "falsas" las acusaciones de irregularidades que se incluyen en el citado informe del Consejo de Europa del que dice que ni siquiera sabía que existiera.

En realidad, el ex alcalde de Toledo, se limita hacer lo que ha visto que ha hecho y continúa haciendo su tutora Cospedal cuando ha tenido y tiene que dar explicaciones sobre los numerosos casos de corrupción que se dan cita en el PP. Es decir, negar lo obvio y marear la perdiz. Nada nuevo bajo el sol genovés.