Horas antes de que el eldiario.es hiciera público el Caso Máster, en la mañana del 20 de marzo, Artemi Rallo, portavoz socialista en la Comisión de Investigación del Congreso relativa a la presunta investigación ilegal del Partido Popular preguntó nada más comenzar su intervención la compareciente Cristina Cifuentes si conocía a Dionisio Martínez Ramos. La cara de desconcierto no exenta de desagrado que puso Cifuentes al oír su nombre ponía de relieve que no esperaba la pregunta. Su respuesta fue calculadamente ambigua limitándose a precisar que “ (….) al señor Dionisio Ramos le conozco bastante, es compañero mío de la Universidad Complutense”.

Y aunque a sabiendas se quedó corta no le faltaba razón cuando afirmó que se conocían bastante, probablemente mucho más de lo que con el paso del tiempo le hubiera gustado. Y es que a pesar de que han pasado más de 30 años desde el inicio de su amistad, sus relaciones van asociadas a episodios que al menos Cifuentes le gustaría pasar página. Y como se verá no es para menos.

El PP y la Complutense

Pero para que nuestros lectores puedan entender el alcance de sus relaciones y sus derivadas de todo tipo y condición, es necesario que retrocedamos en el tiempo hasta situarnos a comienzos de la década de los 80. Por aquella epoca Cifuentes (1964) llevaba afiliada desde los 16 años a las Nuevas Generaciones de Alianza Popular y Dionisio (1959) había optado, según algunas crónicas, por las Juventudes de la UCD de Castilla y León.

A los 18 años Cristina, tras finalizar sus estudios de secundaria en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de Madrid, comienza la carrera de Derecho en la Complutense (UCM). Cuando se incorpora a esta universidad pública acababa de ser elegido por mayoría absoluta presidente del Gobierno Felipe González.

En este ambiente político, Cifuentes convertida ya en una hiperactiva militante genovesa junto a un reducido grupo de colegas conservadores, a través de minoritarias asociaciones culturales, se cruza en el camino con Gustavo Villapalos, catedrático ultraconservador que imparte clases de “Historia del Derecho y de las Instituciones”. Cifuentes y su grupo le apoyan primero en 1984 a su candidatura a decano de la Facultad de Derecho cargo que obtiene y que mantiene hasta 1987 para tres años después, coincidiendo con los años finales de carrera de la estudiante Cifuentes, apoyarle para Rector de la UCM (1987-1995) que finalmente logra sustituyendo al saliente Amador Schüller.

Unos años antes Dionisio Ramos se había trasladado desde Astorga a Madrid para comenzar sus estudios de Derecho, los primeros cursos en la Universidad Autónoma (UAM) y los últimos en la Universidad Complutense (UCM). En un primer momento se aloja en el Colegio Mayor “Antonio de Nebrija”. El caso es que una vez en Madrid el estudiante Ramos acaba a mediados de los 80 cruzándose en el camino con la también estudiante Cifuentes en torno a grupos universitarios vinculados a Alianza Popular que, entre otras cosas, además de oponerse a la política educativa de los primeros Gobiernos de Felipe González, unieron sus fuerzas para promocionar al anteriormente mencionado profesor Villapalos. En sus respectivos CV, con la dudas razonables que sobre los mismos puedan ahora existir, una se atribuye haber formado parte del Claustro Constituyente y del primer Claustro ordinario constituido de la UCM, de su Comisión y Ponencia redactoras de sus Estatutos, así como de su Junta de Gobierno, mientras que Dionisio, mucho más escueto, se limita a mencionar su participación en la Junta de Facultad, Claustro y Consejo de Gobierno.

El caso es que su amistad académica y política va a más. Tanto que años después, en mayo de 1993, con motivo de la boda de Dionisio con la farmacéutica Marta García Solano, hija de un conocido constructor de Guadalajara y amiga de Rafael Hernando, actual Portavoz del GPP en el Congreso, Cristina firma como testigo del evento junto al ya rector Gustavo Villapalos.

Pero volvamos unos años atrás. Cifuentes, tras finalizar sus estudios en 1987, entra a trabajar en el GPP de la Asamblea de Madrid. Allí apenas está dos años y en 1990 logra una plaza de funcionaria de la Escala de Gestión (Grupo B) en la propia UCM de la que desde hacía tres años era rector Villapalos. Un años después es elegida diputada en la Asamblea de Madrid y en 1995 es nombrada también por Villapalos, directora del Colegio Mayor “Miguel Antonio Caro” (1995-1999).

Por su parte, Dionisio Ramos también continúa su camino paralelo con Cifuentes y como quien no quiere la cosa en 1991 es nombrado director del colegio mayor “Antonio Nebrija”. Un año después en 1992, al igual que Cifuentes, había decidido opositar a funcionario de la UCM. Logra la plaza de Técnico de Gestión (Grupo A) en unas oposiciones celebradas bajo el mandato del Rector Villapalos.

Villapalos asciende a Dionisio y a Cifuentes

Pero mientras ambos consolidan sus trayectorias profesionales, en 1995 la Comunidad de Madrid pasa a ser gobernada por Alberto Ruiz Gallardón y un año después José María Aznar es elegido presidente del Gobierno. Y es en este marco incomparable de omnipresencia genovesa en las instituciones cuando sus carreras profesionales y políticas reciben un nuevo empujón. Dionisio es nombrado en 1995 secretario general Técnico de la Consejería de Educación y Cultura cuyo titular es, casualmente o no, Gustavo Villapalos que acababa de ser nombrado por Ruiz Gallardón. Años después, para ser exactos en diciembre de 1998, la tómbola genovesa de nombramientos de Villapalos se hace extensible al arquitecto Francisco Javier Aguilar Viyuela que desde hacía unos años era el marido de Cifuentes, por entonces  portavoz del PP en la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea de Madrid. Todo de lo más casero y familiar.

Pero no solo a Dionisio le van bien las cosas, también a Cifuentes le sonríe la fortuna ascendiendo en el escalafón genovés tras ser designada Portavoz Adjunta del Grupo Parlamentario Popular en la legislatura del año 1995 a 1999 puesto que hace compatible con la dirección del Colegio Mayor “Miguel Antonio Caro”. Todo iba como estaba previsto mientras que su amistad se va reforzando.

Pero la historia de éxito tras éxito continúa su curso y Dionisio que apenas está un año en la Consejería, pasa en 1996 a ser nombrado gerente general de la UCM con un nuevo rector al frente y además antiguo alumno del Colegio Mayor “Antonio Nebrija”: Rafael Pujol Antolín. Su mandato que, duró mas de siete años, hizo que su leyenda creciera por momentos. No se movía nada en la UCM sin que su gerente se enterara. Tenía tiempo para todo, incluso para presidir en el año 2002 el Tribunal que en nombre del rector ascendió a su amiga Cifuentes por promoción interna pasando de la Escala de Gestión (Grupo B) a la Escala de Técnico de Gestión (Grupo A).

Pero en honor a la verdad no todo fueron alegrías tras verse envuelto en dos de los asuntos más turbios que se produjeron en aquellos años en la Comunidad de Madrid y en la Complutense, respectivamente. El primero es el Tamayazo y el segundo, la existencia de una denominada Caja B que se gestionaba durante la época en que Ramos fue gerente de la Computense. De su papel en el primero os sugerimos que pinchéis en este enlace y allí encontraréis toda la información sobre su papel que obviamente niega. Sobre la Caja B también os sugerimos este vínculo donde se resume bien lo que sucedió entonces en torno a unos dineros públicos que tuvieron destinos multiusos.

Una, presidenta de Madrid y otro, empresario de éxito

En el año 2003, tras varios años en el cargo de gerente, Dionisio cierra su etapa como alto funcionario de la Complutense. En su decisión no es ajena una circunstancia que piensa con razón que no favorece a sus intereses: acababa de ser elegidorector el progresista Carlos Berzosa. A partir de entonces pide la excedencia voluntaria para convertirse en un empresario de éxito que está presente en varias sociedades, entre las que destaca, R & A (RyA) ligada, entre otras actividades a la Gestión Inmobiliaria y a la Dirección de Colegios Mayores. Una vuelta por su pagina web os ayudará a situaros sobre su cartera de clientes. No son ajenos en la expansión de sus empresas sus conocimientos acumulados como gestor de centros universitarios, tanto en su etapa como director de un Colegio Mayor, como la de vicegerente de Obras y/o gerente del la UCM.

Por su parte, la entonces diputada Cifuentes y funcionaria en servicios especiales espera su oportunidad para continuar con su carrera ascendente tanto en el Partido como en la Asamblea de Madrid. Dicho y hecho. La primera oportunidad se concreta en el 2003 cuando la todopoderosa Esperanza Aguirre la nombra Secretaria de Política Territorial de la Ejecutiva del PP regional. La segunda se presenta dos años después y tampoco la deja pasar. Es  designada vicepresidenta 1ª de la Asamblea de Madrid. Viento en popa a toda vela.

Y en esas estaban cuando unos años más para tarde, allá por el otoño del 2011, el empresario Dionisio y la genovesa Cristina vuelven a cruzar sus destinos. Esta vez en la URJC donde se matriculan en un por entonces pacifico y desconocido máster. Para Dionisio esta Universidad le era familiar ya que su empresa acababa de ser adjudicataria de la residencia universitaria del Campus de Vicálvaro

Pero tras matricularse en el citado máster, al parecer tarde y mal, a Cifuentes le llega la gran oportunidad que estaba desde hace años buscando. Mariano Rajoy, recién elegido presidente del Gobierno, decide en enero del 2012 nombrarla delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid. Cristina tira la casa por la ventana. Desde ese instante su ritmo para auto promocionarse, saltando de plató en plató, le acaba situando en posición para competir por ser la número uno del PP de Madrid. Para ello solo tenían que caer Esperanza Aguirre e Ignacio González. Y así fue. La primera dimite por partes. En septiembre del 2012 deja la Presidencia de la Comunidad de Madrid; en febrero del 2016 la Presidencia del PP de Madrid y en abril del 2017 en su puesto de concejal en el Ayuntamiento de Madrid. El segundo, tras perder la confianza de la dirección nacional, queda fuera de la listas electorales para las autonómicas del 2015. Y es entonces cuando, despejado el camino, ahí estaba de cuerpo presente la delegada Cifuentes que no duda en aceptar ser doblemente candidata. En una primera entrega a la Presidencia de la Comunidad de Madrid y en una segunda a la Presidencia del PP.

Y hasta aquí el relato resumido de dos vidas paralelas que se conocieron un día cualquiera de un año cualquiera por la década de los 80 y que tras 32 años de altibajos son estos días noticia gracias a un desconocido y fatídico máster.