Los tiroteos en las ciudades de El Paso (Texas) y Dayton (Ohio) que han dejado más de una treintena de muertos han vuelto a avivar el debate sobre la prohibición de las armas en los Estados Unidos.

Además el carácter xenófobo de uno de los atentados han puesto el foco en los discursos racistas del presidente Donald Trump. La principal motivación del atacante de El Paso, Patrick Cursius, fue el odio a los latino americanos, está vinculado con un manifiesto en el que alegaba que lo ocurrido "era una respuesta a la invasión hispana de Texas".

El presidente condenó el racismo y el supremacismo blanco, aun así, son muchas las voces que consideran que el multimillonario ha avivado el discurso del odio durante su mandato. Y es que, el mandatario, ha emprendido una feroz lucha en contra de la inmigración. El muro en la frontera con Méjico fue su mayor reclamo durante la campaña, durante su mandato saltaron las alarmas por la separación de familias en la frontera, que dejaron a cientos de niños apartados de sus progenitores. El habitante de la Casa Blanca también atacó y mandó de vuelta “a sus países” a cuatro congresistas de diferentes etnias, críticas con su gobierno.

Donald Trump ha tomado una posición que no compartiría el expresidente, también republicano, Ronald Reagan que en su último discurso quiso poner en valor la inmigración, para ello, mencionó una carta en la que decía: “Cualquier hombre, de cualquier lugar del mundo, puede venir a Estados Unidos y convertirse en estadounidense”. Su reflexión estuvo plagada de agradecimiento a “los recién llegados” por los cuáles son una nación que, “se mantiene joven, siempre llena de energía y de nuevas ideas”. "Si cerraramos la puerta a nuevos estadounidenses, nuestro liderazgo en el mundo pronto estaría perdido", concluía.