Tan impopular como Vietnam. Es el titular que puede sacarse ya de la guerra de Irán, que tras sus sesenta días de actividad, las encuestas determinan que tiene el mismo grado de desaprobación entre los estadounidenses que el conflicto que ocurrió en pleno marco de la Guerra Fría.

Tras dos meses de conflicto bélico, la legislación estadounidense determina que la Administración tiene que contar con la aprobación del Capitolio para que la guerra continúe, y de no ser así, hacerla acabar. Trump, en una de sus habituales pulsiones autoritarias, ha dejado claro que ni una cosa ni la otra: ni cesarán las hostilidades, ni pedirán permiso para continuarlas, y considera que el alto el fuego que lleva en vigor desde el 8 de abril con sus más y sus menos les exime de que los plazos sean los habituales. Actualmente, Irán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz desde el principio del conflicto, y Estados Unidos ha impuesto durante el alto el fuego su propio bloqueo a las salidas marítimas y puertos iraníes. Las primeras conversaciones de paz en Islamabad (Pakistán) no fueron fructíferas, y las segundas fueron canceladas, y tras ello, Teherán presentó este viernes su tercera propuesta de paz, que ha recibido la negativa de Washington ante un conflicto que ya goza de la misma horrenda reputación que la guerra de Vietnam.

Mientras los horizontes bélicos son cada vez más inciertos y el conflicto se alarga, The Washington Post y la cadena de televisión ABC han publicado un sondeo que desvela que el 61% de los ciudadanos estadounidenses encuestados piensa que haber recurrido a la fuerza militar contra Irán ha sido un error, una cifra similar al 59% que en mayo de 2006 valoraba la guerra de Irak como una equivocación o al 60% de encuestados que opinaba, en 1971, que la guerra de Vietnam tampoco debería haberse librado.

No obstante, aunque el rechazo al conflicto sea la opinión mayoritaria, la visión cambia mucho en función del partido al que votan los encuestados o la visión política que ostenten. Por ejemplo, un 79% de los que se identifican como republicanos considera la guerra una buena idea, pero nueve de cada diez demócratas valora la incursión en Teherán (bautizada como Operación Furia Épica y en colaboración con Israel) como una decisión muy equivocada, una postura compartida por el 71% de los no adscritos a ninguna formación y el 19% de los republicanos. Reuters puso en marcha una consulta similar la pasada semana y arrojó resultados similares: solo el 34% de los votantes apoya el conflicto.

El fantasma de Vietnam

El conflicto en Irán no debería sorprender a nadie. Se trata, simplemente, de una superpotencia haciendo cosas de superpotencia, intentando expandir su hegemonía, manipular a su antojo los mercados mundiales para sacar rédito económico e impulsar su modelo económico y político. El escenario hace seis décadas era algo distinto: tras la segunda guerra mundial y con la formación de la OTAN y el crecimiento de la Unión Soviética, el mundo no estaba preparado para otro conflicto a gran escala entre las dos potencias hegemónicas, pero los conflictos regionales, con apoyo interesado de ambos bloques, no cesaron. Uno de los más trágicos fue, sin duda, la guerra de Vietnam.

La derrota de los Estados Unidos en este país, además de los métodos utilizados sobre la población civil, que dejaron escalofriantes imágenes que 50 años después siguen siendo herencia, significó un enorme deterioro de su presunta imagen como líder del mundo occidental. Tras diez años de permanencia y combates, el 29 de marzo de 1973, Estados Unidos finalizó su estancia en la zona con la retirada de los últimos 4.300 soldados norteamericanos que combatieron en Vietnam. En esa fecha, Saigón celebraba la ceremonia de retirada de la bandera norteamericana después de que Washington derramara millones de litros de sangre en su territorio. Al comienzo de la guerra, la población estadounidense se mostraba partidaria de la participación de su ejército en el conflicto bélico, pero los fracasos militares, el tiempo que se transcurría sin avances, la llegada de ataúdes con soldados norteamericanos y la brutal deshumanización a la que fue sometida la población vietnamita provocaron que la opinión pública virase hacia la oposición que recogía el citado sondeo, de más del 60%.

La guerra se resolvió con la retirada de Estados Unidos, incapaz de hacer frente al avance de las tropas comunistas. Estados Unidos perdió esa guerra tanto en lo bélico como en la opinión pública y en la crispación de su propia población. no solo perdió la guerra bélicamente, sino también por la crispación social en su propio territorio. Una situación similar parece estar acercándose en Irán, con un conflicto que ya supera los niveles de desaprobación de Vietnam y que comparte ciertos rasgos aunque el tablero de juego sea completamente diferente: la incertidumbre, el estancamiento de las negociaciones, la ausencia de avances y la motivación imperialista son comunes entre ambos sucesos.

El plazo legal para los combates, en el limbo

Estos sondeos han sido publicados el mismo día que se cumplen dos meses (o 60 días) desde que el Gobierno dio parte al Congreso de que había comenzado la guerra. La legislación estadounidense establece que la Casa Blanca debe solicitar al Legislativo permiso para continuar los ataques una vez se llegue a tal fecha, o a finiquitar el conflicto. Pero ni una ni la otra: alegan que la guerra ya acabó cuando se aprobó el alto el fuego del 8 de abril, por lo que no se ciñen a tales plazos.

Un alto cargo de la Administración de Trump, que ha hablado bajo la condición del anonimato, sostenía este viernes que "las hostilidades que comenzaron el sábado 28 de febrero han acabado", por lo que respecta a esa ley. También destacaba que desde la entrada en vigor de la tregua pactada in extremis, cuando expiraba el plazo que el presidente estadounidense se había dado para bombardear instalaciones civiles en Irán, no se ha producido ningún incidente en el que los dos adversarios hayan intercambiado fuego, por lo que toda la tensión es administrativa y calculada con movimientos de presión.

Por su parte, la oposición demócrata se opone, valga la redundancia, a la interpretación del Gobierno. También lo hace la senadora republicana Susan Collins, que el jueves se sumó a la bancada del partido rival para votar a favor de una resolución para impedir que Trump pudiera continuar la guerra en Irán, que fue vetada en el Senado. "El plazo no es una sugerencia, es un requisito. La continuación de las acciones militares contra Irán tiene que tener una misión clara, objetivos obtenibles y una estrategia definida para poner fin al conflicto", sostenía Collins, en contra de su propio partido.

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