La Administración de Donald Trump ha abierto una convocatoria pública para financiar en Europa proyectos relacionados con la soberanía nacional, la inmigración, la libertad de expresión, la denuncia de la censura y la defensa de una identidad occidental compartida. Las organizaciones seleccionadas podrán recibir entre uno y tres millones de dólares por proyecto.

La convocatoria fue publicada el pasado 13 de julio por el Departamento de Estado de Estados Unidos bajo el título Developing Civilizational Bonds, Democratic Resilience, and Rule of Law in Europe. El programa está gestionado por la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo y permanecerá abierto hasta el 12 de agosto de 2026.

Aunque los documentos oficiales no utilizan la palabra MAGA ni exigen que los solicitantes declaren su apoyo político a Trump, las materias que deben abordar los proyectos reproducen buena parte del discurso del presidente estadounidense y de sus aliados europeos. La convocatoria menciona expresamente la soberanía, la migración, la censura, la libertad de prensa, el Estado de derecho y la existencia de una “herencia civilizatoria occidental” compartida.

El lenguaje empleado permite a Washington orientar los fondos hacia organizaciones, universidades, fundaciones y centros de estudio que compartan los principales marcos de la derecha nacionalista. En lugar de entregar dinero directamente a partidos políticos, el programa puede financiar la producción de informes, la celebración de congresos, las campañas públicas, las investigaciones y la creación de redes internacionales.

La iniciativa supone así un nuevo paso en la estrategia exterior de Trump. La agenda MAGA deja de ser solamente un movimiento político estadounidense o una referencia para dirigentes europeos y pasa a contar con una vía institucional de financiación pública para extender sus ideas en Europa.

Soberanía, migración y “censura”: las claves para acceder al dinero

La convocatoria permite presentar proyectos destinados a fortalecer la “resiliencia democrática”, el Estado de derecho, la libertad de expresión y la libertad de prensa. Sin embargo, esos objetivos generales se concretan mediante conceptos que ocupan un lugar central en la batalla cultural impulsada por el trumpismo.

Entre ellos aparecen la defensa de la soberanía nacional, el debate sobre la inmigración, la denuncia de la censura y la reivindicación de los vínculos históricos y culturales entre Estados Unidos y Europa. Los proyectos deberán partir de una filosofía política compartida y de una visión común sobre la civilización occidental.

El programa no establece formalmente que los beneficiarios tengan que ser conservadores, nacionalistas o de extrema derecha. Tampoco autoriza la financiación directa de partidos políticos. Sin embargo, los criterios de selección pueden favorecer a fundaciones y organizaciones civiles que trabajan en el entorno ideológico de esas formaciones.

Esta fórmula permite intervenir en el debate político sin sufragar directamente una campaña electoral. Un centro de estudios puede elaborar documentos sobre inmigración, organizar actos contra las normas europeas, formar portavoces o presentar como expertos a personas vinculadas con partidos nacionalistas. Una organización jurídica puede promover litigios o denunciar supuestas vulneraciones de la libertad de expresión. Una fundación puede organizar encuentros internacionales y consolidar relaciones entre dirigentes de distintos países.

La influencia no depende, por tanto, de que el dinero llegue a la cuenta bancaria de un partido. La construcción de marcos ideológicos, redes de expertos y estructuras de comunicación también tiene consecuencias políticas y electorales.

La convocatoria admite solicitudes de organizaciones estadounidenses y extranjeras sin ánimo de lucro, instituciones educativas, universidades y determinadas empresas. El presupuesto disponible ronda los cinco millones de dólares, por lo que el número final de proyectos financiados podría ser reducido. Sin embargo, cada beneficiario podrá recibir una cantidad suficiente para crear una estructura estable o desarrollar una campaña de alcance europeo.

Una internacional ultra financiada desde Washington

La apertura de esta línea de ayudas coincide con un acercamiento creciente entre la Administración Trump y los movimientos de derecha radical europeos. Durante los últimos años, dirigentes y organizaciones vinculados a Vox, la Alternativa para Alemania, el Gobierno de Viktor Orbán o el partido británico Reform UK han compartido actos, discursos y espacios políticos con representantes del movimiento MAGA.

La novedad es que ese acercamiento puede traducirse ahora en financiación procedente del Gobierno estadounidense.

El Financial Times ha informado de una reorientación más amplia de la ayuda exterior de Estados Unidos hacia proyectos compatibles con las prioridades ideológicas de Trump. Entre las propuestas figura también una partida de dos millones de dólares para combatir lo que Washington considera censura derivada de las normas digitales de la Unión Europea, incluidas la Ley de Servicios Digitales y la Ley de Mercados Digitales. Reuters recogió esa información, aunque señaló que no había verificado de manera independiente todos los proyectos citados.

La batalla contra la regulación tecnológica europea combina intereses políticos y económicos. Trump y sus aliados presentan las obligaciones impuestas a las grandes plataformas como una amenaza contra la libertad de expresión. Al mismo tiempo, las compañías estadounidenses cuestionan unas normas que aumentan sus responsabilidades ante los contenidos ilegales, la desinformación y el funcionamiento de sus algoritmos.

Bajo la defensa de la libertad de expresión, la Administración estadounidense puede terminar financiando a organizaciones que presionen contra la capacidad reguladora de la Unión Europea.

La iniciativa también plantea una contradicción en el discurso soberanista. Las formaciones de extrema derecha suelen denunciar la intervención de gobiernos, organizaciones no gubernamentales o fundaciones extranjeras en los asuntos nacionales. Sin embargo, algunas de las entidades de su entorno podrían beneficiarse ahora de fondos procedentes directamente de Washington.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ya ha advertido contra cualquier intento de interferencia estadounidense en los procesos electorales de su país. La polémica se centra en la posibilidad de que las ayudas terminen beneficiando indirectamente a organizaciones próximas a la extrema derecha alemana. El Departamento de Estado sostiene que el programa no financiará partidos, pero sus críticos consideran que las fundaciones y asociaciones afines pueden actuar como instrumentos de influencia política.

El posible impacto en España

En España, la convocatoria puede resultar atractiva para organizaciones que utilizan conceptos similares a los incluidos por el Departamento de Estado. El discurso sobre la soberanía, la inmigración, la censura, el lawfare, la defensa de Occidente o la oposición al “globalismo” aparece de forma recurrente en Vox y en entidades vinculadas a su espacio político.

La Fundación Disenso, presidida por Santiago Abascal, desarrolla actividades internacionales, publica informes, organiza encuentros y mantiene relaciones con organizaciones conservadoras de Europa y América. Sus líneas de actuación podrían encajar en varias de las categorías recogidas en la convocatoria estadounidense.

Esto no significa que Disenso haya solicitado la ayuda ni que vaya a recibirla. Hasta que se conozca la identidad de los aspirantes y de los beneficiarios, no puede atribuirse la participación a ninguna organización española concreta.

La cuestión relevante es que la convocatoria crea una oportunidad de financiación para fundaciones y centros de pensamiento que comparten los marcos ideológicos del trumpismo. Entre las entidades potencialmente interesadas también podrían encontrarse asociaciones contrarias a las políticas migratorias europeas, organizaciones que denuncian censura en las redes sociales o colectivos que presentan los procesos judiciales contra dirigentes de derechas como casos de persecución política.

La Administración Trump ha construido, por tanto, un mecanismo que permite exportar la agenda MAGA sin financiar directamente a partidos europeos. El dinero puede llegar a las estructuras que elaboran sus argumentos, forman a sus cuadros, organizan sus actos y trasladan sus mensajes a la opinión pública.

La convocatoria se presenta oficialmente como una defensa de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho. Sus prioridades, sin embargo, muestran una selección ideológica concreta. Washington no financiará cualquier debate sobre el futuro de Europa, sino aquellos proyectos centrados en los asuntos que el trumpismo considera fundamentales: fronteras, soberanía, censura y civilización occidental.

La batalla política de Trump en Europa ya no se limita a declaraciones de apoyo, reuniones internacionales o intervenciones en actos conservadores. Ahora cuenta también con fondos públicos.

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