La salida de Bashar al-Ásad después de 24 años como presidente de la República Árabe Siria marca el inicio de un nuevo tiempo en el país. Si a ese tiempo se le añaden los 29 años que fue presidente su padre, Háfez al-Ásad, tiene sentido de afirmar que Siria se encuentra en el año 1 de un nuevo tiempo, después de cinco décadas de gobierno de la familia Assad. Esta realidad, ha llegado después de 13 años de una terrible guerra que hizo huir a siete millones de sirios fuera del país de los que 2,5 millones son menores de edad. Otros siete millones de sirios tuvieron que desplazarse forzosamente dentro de Siria para poder sobrevivir y hoy residen en lugar distinto al que estaban cuando comenzó la guerra.

Un elemento que ha acompañado a esta guerra es la opacidad y la falta de datos fiables sobre el número de civiles que han muerto en esta guerra. La última cifra que puede ser considerada oficial señalaba que, en 2022, 306.887 civiles habían resultado muertos desde que comenzara el conflicto armado en el país. Conviene no olvidar que la violencia, aún sigue dentro de Siria, en menor escala, pero en este primer año, en torno a 1.000 personas han muerto por las hostilidades y la violencia que aún perdura.

Mirar al futuro dentro y fuera de Siria exige incorporar en cualquier planteamiento que en torno al 75% de los 10,5 millones de niños que nacieron en Siria durante los 13 años de guerra vivieron su infancia y adolescencia bajo el desplazamiento forzoso, la violencia y la pobreza.

En este contexto Plan International presentó en Casa Árabe un estudio que bajo el título; Juventud Siria, soluciones​ sostenibles, desarrollo ​de habilidades y ​perspectivas de futuro. Este estudio se basa en encuestas y conversaciones para comprender mejor las necesidades, aspiraciones y prioridades de jóvenes sirios tanto en campos de refugiados como en comunidades de acogida. En este caso el escenario principal es el campamento de refugiados de Azraq situado en el este de Jordania. Un dato relevante, es que este campamento, a punto de cumplir dos décadas desde su creación, se ha convertido en el principal entorno vital para miles de niñas, niños y adolescentes sirios. Algunos nacieron, otros han crecido y otros se han convertido en adultos viviendo en este campamento.

Al leer este informe de Plan International conviene dimensionar esta realidad. En 2015 durante una visita de trabajo que realicé a Zaatari, el primero de los campos de refugiados sirios abierto en los meses siguientes al inicio de la guerra y que dependiendo los años tiene el “récord” de ser el campamento de refugiados más grande del mundo, parte de las conversaciones con niños y adolescentes coincidían con lo que dice ahora el informe presentado en Casa Árabe. Esta visita tuvo lugar unos meses antes de la foto de Aylan Kurdi muerto en la orilla de una playa de Turquía. Muchas de las conclusiones de este informe son perfectamente compatibles con la realidad que vivían y percibían los refugiados sirios que estaban en Jordania y los que huían hacia Europa, como la familia de Aylan Kurdi hace 10 años.

Quizá sea eso la lección aprendida más importante de los trece años de conflicto. La infancia, la adolescencia y la juventud siria se define sobre su resiliencia y adaptación al conflicto, la guerra y la violencia. Por eso el futuro debe basarse en una ecuación consistente en oportunidades y seguridad. Ambas cuestiones están estrechamente conectadas, una no será posible sin la otra, y viceversa. Por eso esta ecuación, es trascendental, en todos los procesos que tenga que ver con la reconstrucción y la paz en Siria.

Hay que tener en cuenta que los y las refugiados sirios están al final de la cola de las prioridades y la atención de la comunidad internacional. Un conflicto larguísimo, rodeado de conflictos, violencia e inestabilidad regional hacen que los planteamientos de cooperación internacional para avanzar en la reconstrucción y la paz en Siria sean una tarea muy ardua que exige determinación, pero sobre todo principios y convicciones muy firmes.

Encima de la mesa hay dos generaciones completas de sirios que tienen menos de 25 años cuyo futuro depende en parte muy importante, casi exclusivamente, de los esfuerzos y recursos de la cooperación internacional. No sopla el viento a favor de los millones de refugiados sirios que huyeron a países vecinos como Jordania, Líbano, Egipto o Turquía ya que su “causa” ya no forma parte del “streaming” de la actualidad internacional lo que hace que los bloques regionales que influyen en Siria no tienen a la población refugiada siria en sus puntos prioritarios de conversación. Lo mismo pasa en Europa y España donde la acción exterior, el asunto Siria, apenas se menciona en ningún escenario político.

Y el mandato humanitario en la mayoría de las ocasiones es hacer llegar ayuda que permita salvar y proteger vidas, y en otras en incidencia política, para que el olvido internacional no sea la consecuencia del final de conflicto en Siria. Y eso quizá sea lo más importante en este momento sobre la situación que vive Siria en su año 1.

David del Campo,
autor del libro sobre la guerra de Siria 'Infancia sin patria en una guerra mundial'

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