El Servicio Secreto de Estados Unidos ha abatido a tiros a un joven de 20 años que, presuntamente armado, trató de acceder durante la madrugada a Mar-a-Lago, la residencia del presidente Donald Trump en Florida. El suceso se produjo en torno a la 01.30 hora local (07.30 en la España peninsular), según el comunicado oficial difundido por el propio cuerpo de seguridad.

De acuerdo con la versión preliminar, el individuo fue detectado en la puerta norte del complejo portando lo que “parecía ser una escopeta y un bidón de combustible”. Ante esa situación, agentes del Servicio Secreto y un efectivo de la Oficina del Sheriff del Condado de Palm Beach procedieron a darle el alto. El comunicado añade que, tras el enfrentamiento, los agentes abrieron fuego contra el joven, que falleció en el lugar.

En el momento de los hechos, según han subrayado las autoridades, no había ninguna persona bajo protección directa en el interior de la propiedad. Es decir, el presidente no se encontraba en riesgo inmediato cuando se produjo la intervención armada. Aun así, el dispositivo activó los protocolos de seguridad previstos ante una posible amenaza letal en un entorno considerado de alta sensibilidad.

La identidad del joven fallecido no ha trascendido por ahora. Las autoridades han indicado que se mantiene en reserva hasta que se complete la notificación formal a sus familiares. Tampoco se han detallado, de momento, posibles motivaciones, antecedentes o circunstancias que expliquen su presencia en las inmediaciones del complejo presidencial con un arma de fuego y combustible.

Como es habitual en este tipo de intervenciones, los agentes implicados han sido retirados provisionalmente del servicio mientras se desarrolla la investigación interna. Este procedimiento no implica necesariamente responsabilidad disciplinaria, sino que forma parte del protocolo estándar cuando se produce el uso de fuerza letal por parte de fuerzas de seguridad federales.

La investigación corre ahora a cargo de las autoridades competentes, que deberán esclarecer si el joven realizó algún gesto que los agentes interpretaran como inminente amenaza, si desoyó órdenes verbales o si llegó a apuntar con el arma. También será clave determinar si el arma era operativa y cuál era el alcance real del peligro.

El complejo de Mar-a-Lago, situado en Palm Beach, es uno de los enclaves más vigilados de Estados Unidos cuando el presidente se encuentra allí o tiene previsto acudir. Las medidas de seguridad incluyen controles de acceso, vigilancia permanente y coordinación entre el Servicio Secreto y las fuerzas locales. Cualquier aproximación sospechosa activa protocolos estrictos diseñados para neutralizar riesgos en cuestión de segundos.

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