Refugiados se manifiestan contra el cierre de la frontera con Hungría en Horgos, Serbia, hoy 15 de septiembre de 2015. EFE Refugiados se manifiestan contra el cierre de la frontera con Hungría en Horgos, Serbia, hoy 15 de septiembre de 2015. EFE



Las fronteras no pueden parar la desesperación, esa es la primera enseñanza que podemos sacar de la gravísima crisis de refugiados que está vivendo Europa. Desde que el gobierno de extrema derecha de Hungría cerrase su frontera con Serbia y atacase a familias enteras con gases lacrimógenos, el deseo de una vida mejor y la convicción de que atrás solo se deja guerra han llevado a los cientos de miles de refugiados a cambiar de ruta para llegar al corazón de Europa. Esta vez por Croacia.

Cambio de ruta
El último país en incorporarse a la Unión Europea ya ha anunciado que, en poco más de dos días, se ha visto desbordado por la llegada de casi 11.000 personas que ya han cruzado su frontera. "En este momento hemos agotado nuestras capacidades y en las conversaciones con dirigentes de ACNUR (agencia de refugiados de la ONU) y de la Unión Europea (UE) hemos dicho que Croacia está ya llena", declaró hoy el ministro croata del Interior, Ranko Ostojic. "No somos un país que en un momento dado no pueda ser solidario, pero en este momento pedimos que paren la afluencia", dijo el ministro en referencia a Grecia, Serbia y Macedonia, desde donde llegan los inmigrantes.



Campos de minas
Croacia ha decidido cerrar su frontera por la avalancha pero los refugiados no dejan de entrar en el país por campos y sendas fuera de los puestos oficiales y esto tiene un peligro que ya se había olvidado en Europa: los campos de minas. No podemos olvidar que hace poco más de dos décadas que el territorio de Croacia, Servia y Bosnia se hundió en una durísima guerra y las consecuencias que de ella aún persisten. Según datos de @Minefreeworld, persisten sobre 500 kilómetros cuadrados de campos de minas en Croacia, muchos de ellos cerca de la frontera con Serbia y la tragedia de los refugiados puede verse incrementada en un instante.

 

Los Gobiernos europeos no actuan
Y mientras la desesperación continúa y los problemas no hacen más que aumentar, la Unión Europea sigue parada, concretamente sus gobiernos. Pese a que muchos presidentes y primeros ministros se han vanagloriado de ser muy solidarios, lo cierto es que aún el Consejo Europeo que los agrupa no se ha reunido para afrontar de verdad la crísis y frena, con Hungría y sus vecinos del este a la cabeza, todas las intenciones de la Comisión de aprobar cuotas obligatorias de refugiados.

Peticiones de asilo
El problema para estos gobiernos el que el problema no va a desaparecer de la noche a la mañana. Solo hace falta conocer los últimos datos sobre peticiones de asilos revelados por la agencia Eurostat. Según ésta, la Unión Europea (UE) registró 210.000 solicitudes de asilo nuevas en el segundo trimestre de 2015, un 85 % más que en el mismo periodo del año pasado, y un 15 % más que en los tres meses precedentes, informó hoy la oficina comunitaria de estadística, Eurostat.



Por países, Alemania fue el Estado miembro que más solicitudes de asilo nuevas recibió (80.900, el 38 % del total de la UE), seguida de Hungría (32.700, un 15 %) y Austria (17.400, un 8 %), pero los ascensos más marcados en comparación con el primer trimestre se registraron en Holanda (un incremento del 159 %), Letonia (123 %), Austria (79 %), Finlandia (67 %) y Dinamarca (66 %).

España, por su parte, registró 3.675 peticiones de asilo, un 1,7 % del total de la UE, y un 26 % más que en los primeros tres meses del año, cuando recibió 2.910 demandas.

Estamos inmersos en un problema que podrán, y está poniendo, a prueba la propia concepción de Europa y si de verdad podemos llegar un día a ser una verdadera unión política. El tiempo lo dirá pero esperemos que por el camino no tengan que sufrir más refugiados que solo buscan huir de la guerra, esa misma tragedia de la humanidad por la que se creó la Unión Europea.