María Corina Machado veía este fin de semana como la Puerta de Sol de Madrid se abarrotaba de venezolanos que allí acudían para mostrarle su apoyo. La líder opositora venezolana se daba un baño de masas en el que encontró, también, el apoyo de Isabel Díaz Ayuso, quien la acompañó en este acto que se celebró en la capital española. Machado se encontraba, de esta manera, con sus compatriotas tras haber mantenido una ronda de encuentros con líderes de la derecha en España y haber viajado por Europa para reunirse con Enmanuel Macron, Giorgia Meloni o Rob Jetten.

La política venezolana viene siendo incisiva en su mensaje, reclamando enérgicamente la apertura de urnas y cargando contra Delcy Rodríguez, asegurando que no está habiendo, por el momento, un cambio real en el Gobierno del país. Si bien, a pesar de estas críticas que realiza, María Corina Machado sigue poniendo en valor a Donald Trump y ensalzando la intervención estadounidense en Venezuela, a pesar de que son los propios norteamericanos los que están manteniendo el Gobierno de transición con Delcy Rodríguez al frente que tanto está denunciando. 

En una entrevista concedida a El Mundo tras el acto celebrado en Madrid, la líder opositora venezolana no solo ha analizado los diferentes retos a los que se enfrenta el país y la situación actual que atraviesa, sino que también ha vuelto a mostrarse disconforme con el modelo de mando que se está impulsando después de la captura de Maduro. Así, Machado aseguraba que "hay un sector que lo que está tratando o intentando es darle oxígeno, postergar una tiranía que va de salida".  De esta manera, volvía a ser severa en su petición de apertura de las urnas en Venezuela y lo hacía cargando, nuevamente, contra Delcy Rodríguez, de la que aseguraba que representa el caos, la violencia y el pasado.

A lo largo de la entrevista, María Corina Machado profundiza en la legitimidad que, a su juicio, le otorga el proceso de primarias celebrado en octubre de 2023, insistiendo en que ese mandato sigue plenamente vigente tanto dentro como fuera de Venezuela. La dirigente subraya que la movilización vivida en Madrid no es un hecho aislado, sino una muestra más del respaldo masivo que asegura tener entre la ciudadanía venezolana, y que interpreta como una señal de que el proceso político abierto es “irreversible”.

En este sentido, Machado evita concretar plazos cerrados sobre su regreso a Caracas, aunque deja claro que su intención es volver una vez culmine la agenda internacional que se ha marcado. Aun así, reconoce implícitamente las dificultades que entrañaría ese retorno en un contexto donde, según denuncia, todas las instituciones continúan controladas por el aparato chavista. Por ello, sitúa como prioridad inmediata la renovación del Consejo Nacional Electoral, al que considera una pieza clave para garantizar unos comicios libres y creíbles.

La líder opositora también reivindica la victoria obtenida junto a Edmundo González en las elecciones del 28 de julio de 2024, señalando que ese resultado refuerza su legitimidad para liderar una eventual transición. En paralelo, describe con crudeza la situación social y económica del país, marcada, según afirma, por una inflación desbordada, salarios mínimos y una crisis humanitaria que, en sus palabras, convierte la urgencia política en una cuestión de vidas.

Otro de los ejes centrales de su discurso es la denuncia de la persistencia de la represión. Machado asegura que, pese a la salida de Nicolás Maduro del poder, todavía quedan centenares de presos políticos en las cárceles venezolanas y critica la aplicación “discrecional” de la ley de amnistía. A su juicio, la liberación total de estos detenidos debería ser uno de los primeros pasos de cualquier proceso de cambio real.

En el plano internacional, la opositora defiende el papel de Estados Unidos como actor determinante en el escenario venezolano, aunque reconoce que el mantenimiento del actual esquema de poder también depende en gran medida de Washington. En este contexto, justifica su cercanía con Donald Trump, al que atribuye haber asumido riesgos en favor de la causa venezolana, y sostiene que una transición ordenada es también beneficiosa para los intereses estadounidenses en materia migratoria, energética y de seguridad.

Finalmente, Machado dibuja las líneas maestras de un hipotético futuro gobierno, centrado en la reconstrucción institucional “desde cero”, el fortalecimiento del Estado de derecho y la apuesta por un modelo de democracia liberal. Rechaza, además, cualquier planteamiento de revancha en una eventual transición, apostando por una combinación de justicia y reconciliación que permita cerrar las heridas del país.

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