Los griegos han elegido y el mensaje ha sido claro. Amplia victoria para Syriza, el partido de izquierda pura y dura (literalmente su sigla equivale a “Coalición de Izquierda Radical”). La Unión Europea por su parte debe tomar nota y ser pragmática ante un nuevo escenario.

La impresión generalizada de los analistas internacionales es que difuminadas las primeras sensaciones se deslizará en Bruselas el espíritu negociador en proporción a los mensajes conciliatorios enviados por el ganador de las elecciones griegas.

Las palabras de Tsipras traducen oficio y permiten, con solo un poco de buena voluntad, sopesar varios desenlaces, sin excluir alguna clase de arreglo con formaciones pequeñas que podrían aceptar una investidura temporal (por ejemplo un par de años de legislatura) para ver cómo administra el nuevo gobierno la nueva y compleja situación.

Sí: hay una nueva situación financiera en Europa que ha coincidido, queremos creer que por mera casualidad, con las medidas de estímulo a “la americana” del Banco Central Europeo, aunque hay toda una teoría que relaciona los dos calendarios y califica la operación de chantaje, lo que no es necesariamente absurdo ni calumnioso…

Mirando a Francfort
Y no lo sería porque, en resumen, la crisis griega, por cierto digerida por los medios institucionales disponibles sin estridencias rupturistas o violentas (salvo las excepciones de “Amanecer Dorado”, directamente neo-nazis y minoritarias) no es ni siquiera económica: es… financiera. Lo que da a Bruselas un palo que tocar, una herramienta que utilizar y hasta una ocasión que aprovechar.

Aunque puramente hipotético, el eventual arreglo podría salvar la cara a las dos partes, empezando por la Comisión, del todo conocedora – algo que no debería olvidar jamás – de que la crisis financiera del país fue permitida y facilitada por el latrocinio y la ocultación sistemática de la verdad de las finanzas públicas por gobiernos “de otros”, los de los socialdemócratas del Pasok y los conservadores de Nueva Democracia, con la cooperación de grandes y técnicamente solventes y honorables bancos como Chase Manhattan y JP Morgan.

Tsipras se ha moderado
Syriza, primero prudentemente y después claramente (y con éxito: ha ganado algunos puntos en la campaña) parece excluir la ruptura con la UE y propone una renegociación de su gigantesca deuda que permita, de una parte, culminar el programa total del “rescate” (con una tercera fase más negociada) y, de otra, evite verse abocado a un impago, de éxito retórico inmediato y gravísima crisis al día siguiente. En la memoria griega se alza insistentemente el trato dado a la Alemania de posguerra sumergida en una crisis de deuda inmanejable que resolvieron los que se convertirían en “aliados” con una quita del 62 por ciento del total.

La victoria de Alexis Tsipras, el hábil y pertinaz líder de “Syriza” y su estrategia, es del todo solvente y su derecho a ser llamado por el presidente Karolos Papulias a formar gobierno, absoluto. Otra cosa es que para constituir un ejecutivo estable se busque alguna clase de cooperación parlamentaria con partidos de segundo nivel.

En Atenas circulan toda clase de hipótesis al respecto, incluida la de un gobierno Syriza-otros con dos años por delante para ver cómo funciona todo. Una condición oficiosa para su investidura sería, incluso tácitamente expresado, alguna clase de aval de Bruselas acerca de cómo reestructurar la deuda (es decir situar el reembolso en un calendario blando y considerar alguna clase de quita).
Esta versión constructiva de los acontecimientos se basa, por lo demás, en la evidente reducción del rigor radical anunciado por Tsipras poco a poco, como suelen hacer los políticos profesionales. No hace mucho sorprendió al pedir la reestructuración de los pagos, y no la mera cancelación… que llevaría a la salida del euro y una crisis histórica en el país.

Una lección multiuso
Sea como fuere y pase lo que pase, lo sucedido es una lección de gran calado y de una dimensión didáctica extraordinaria a nivel de toda Europa, incluidos socios de la UE del peso de España o Francia, donde los partidos socialistas convencionales conocen serias dificultades y terceras fuerzas emergentes y variopintas suben y se afianzan con un programa que, en el fondo, es una profunda ruptura del statu quo socio-económico europeo de posguerra que, de tan exitoso, parecía inmortal.

Esa es la gran lección griega, destinada a un intenso consumo extra-nacional y, por ejemplo en España, a un análisis y un seguimiento obligados. De todos modos, Syriza” no es necesariamente “Podemos”. Syriza tiene una trayectoria más larga y experimentada pero sus raíces y su impulso son semejantes y están en la “indignación” frente a la austeridad homicida que se ha abatido sobre los ciudadanos. Es tiempo de negociar porque renegociar la deuda griega es mas barato para todos que la salida de Atenas del euro.

Elena Martí es periodista y analista política