La tensión en el golfo Pérsico continúa aumentando mientras Estados Unidos refuerza su presencia militar en torno al estrecho de Ormuz, un punto estratégico clave para el comercio energético mundial. Mientras los ataques aéreos se intensifican sobre posiciones iraníes, Washington moviliza miles de marines y varios buques de guerra hacia la zona, lo que abre la puerta a una posible operación terrestre.
Paralelamente, Estados Unidos ha enviado refuerzos significativos a la región -entre 2.200 y 2.500 marines-. Un grupo anfibio liderado por el USS Tripoli, acompañado por la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines, ya se dirige hacia la zona desde el Pacífico. A este contingente se sumará otro grupo encabezado por el USS Boxer, con la 11ª Unidad Expedicionaria, que partirá desde California. Aunque oficialmente no se ha definido su misión, expertos militares consideran que estas fuerzas no han sido desplegadas únicamente como medida disuasoria. Entre las opciones que se barajan están el desembarco en islas estratégicas del estrecho para frenar ataques con misiles o impedir la colocación de minas.
Mientras llegan los refuerzos, la aviación estadounidense ha incrementado los bombardeos sobre infraestructuras militares iraníes en islas y zonas costeras cercanas al estrecho. El objetivo es neutralizar la capacidad de respuesta de Teherán, especialmente sus sistemas de misiles, drones y embarcaciones rápidas. El objetivo es despejar esta ruta estratégica y evitar ataques contra el tráfico marítimo.
El general Dan Caine ha confirmado que aeronaves A-10 están siendo utilizadas para destruir embarcaciones de la Guardia Revolucionaria. Además, el Pentágono ha empleado bombas antibúnker GBU-72 de gran potencia contra instalaciones reforzadas de misiles a lo largo de la costa iraní, en una operación dirigida a neutralizar posibles amenazas antes de un eventual despliegue terrestre. Estas operaciones buscan despejar la ruta marítima, actualmente bloqueada en la práctica por minas y amenazas iraníes, permitiendo solo el paso limitado de buques de países no considerados hostiles.
Un punto clave para la economía global
El estrecho de Ormuz concentra aproximadamente el 20% del tráfico mundial de petróleo y gas, además de un 30% del helio y el 33% de los fertilizantes. Su cierre parcial ya ha provocado una subida de precios energéticos y genera preocupación por una posible desestabilización económica global.
Para Irán, este enclave representa su principal baza estratégica. A pesar de la presión militar, el país mantiene una postura firme y continúa utilizando sus capacidades asimétricas para dificultar el tránsito marítimo.
Escenarios posibles
Mick Mulroy, exsubsecretario adjunto de Defensa para Oriente Próximo, ha considerado que los refuerzos enviados por Estados Unidos tendrán un papel determinante en el desarrollo del conflicto. Según ha explicado, el traslado de estas unidades desde el Pacífico no responde a una simple maniobra disuasoria: “Se van a utilizar. No te los traes desde el Pacífico (dejando esa región más expuesta) solo para enseñarlos. Y para poder utilizarlos, ahora los aviones y barcos están degradando las capacidades iraníes en la zona”. En su opinión, la actual campaña aérea y naval busca debilitar las capacidades militares iraníes en la zona para facilitar su futura utilización.
Entre las posibles misiones de estas tropas se contempla el desembarco en islas iraníes situadas en el estrecho de Ormuz, con el objetivo de impedir el lanzamiento de misiles o evitar que se coloquen minas en las rutas marítimas. Una de las hipótesis más relevantes es la toma de posiciones clave como la isla de Jarg, principal terminal petrolera de Irán y enclave militar relevante. Estados Unidos ya ha atacado numerosos objetivos en esa isla en días recientes.
Mulroy ha advertido, no obstante, de las dificultades de una operación de este tipo. Aunque las fuerzas expedicionarias tienen capacidad para tomar el control de la isla, el éxito no está garantizado. “Las unidades expedicionarias tienen la capacidad de tomarla, pero eso no quiere decir que vaya a ser algo fácil o que vayan a tener éxito”, ha destacado. Incluso en caso de lograrlo, las tropas estadounidenses quedarían expuestas a continuos ataques iraníes: “Pueden tomar la isla y hacerse con el control de la infraestructura allí, el problema es que una vez que las fuerzas estadounidenses se quedan allí, van a ser muy vulnerables”. Además, existe la posibilidad de que, pese a ocupar ese punto estratégico, Irán continúe bloqueando el estrecho. Por ello, el experto ha subrayado que cualquier solución militar en Ormuz implicaría importantes riesgos, tanto operativos como políticos.
Desde el inicio de los bombardeos por parte de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, el sistema de misiles balísticos iraní ha sido uno de los principales objetivos. Su destrucción forma parte de los tres grandes ejes de la campaña israelí, junto con el programa nuclear y la generación de condiciones para un posible cambio de régimen.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha reforzado esta idea al señalar que una victoria no puede lograrse únicamente desde el aire: “No se puede hacer una revolución desde el aire (...) tiene que haber también un componente terrestre”. A su vez, sobre el fin de la guerra ha destacado que durará “lo que resulte necesario” aunque “terminará mucho antes de lo que la gente piensa”.