Las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán siguen sin prosperar, volviendo a hallar una escalada de tensión entre ambos países seis meses después de que la Administración Trump iniciara este conflicto bélico de la mano de Israel. Aquel planteamiento que se hacía desde EEUU, donde afirmaban que esta guerra sería breve, no solo queda ya lejano, sino que apunta a seguir viendo cómo las hostilidades seguirán extendiéndose en el calendario. Un futuro este que parece tener altas posibilidades de consolidarse después de que las tropas de Washington atacaron este domingo dos lanzaderas iraníes en la isla de Larak, situada en el Estrecho de Ormuz.
El ataque supone el primer golpe directo de Estados Unidos contra territorio iraní desde finales de julio y vuelve a situar el Estrecho de Ormuz en el centro de la escalada. Según un alto cargo estadounidense citado por Reuters, las fuerzas de Washington actuaron después de detectar a miembros de la Guardia Revolucionaria preparando dos lanzaderas para disparar cohetes con minas navales hacia el estrecho. Estados Unidos aseguró posteriormente haber completado el desminado de las rutas destinadas al tráfico mercante internacional.
La respuesta iraní no se ha hecho esperar. La Guardia Revolucionaria, según la televisión estatal IRIB, aseguró que el ataque provocó varios muertos y heridos entre combatientes y civiles, mientras que la agencia Tasnim, vinculada al organismo, situó las bajas en dos fallecidos y dos heridos. El cuerpo militar advirtió además de que habrá represalias contra Estados Unidos.
“La desesperación ante sus problemas domésticos y la caída de su credibilidad entre los países de la región” es, según la Guardia Revolucionaria, lo que habría llevado a Washington a atacar Larak. El organismo calificó la operación de agresión y aseguró que “habrá un castigo para el agresor”.
El episodio vuelve a poner de relieve la importancia estratégica de Ormuz. Por este paso marítimo circulaba antes de la guerra aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, pero el estrecho permanece cerrado desde el inicio del conflicto, con consecuencias para los mercados energéticos y para la economía internacional. Una situación especialmente delicada para la Administración Trump cuando faltan dos meses para unas elecciones parlamentarias decisivas para la segunda mitad de su mandato.
Seis meses después del comienzo de la ofensiva, además, los objetivos iniciales de Washington parecen cada vez más difíciles de alcanzar. Aunque la muerte del líder supremo Ali Jameneí supuso un golpe de enorme relevancia para la República Islámica, el régimen ha mantenido su capacidad de resistencia y Mojtaba Jameneí se encuentra ahora al frente del país. El cambio de régimen que Trump llegó a plantear como posibilidad parece hoy más lejano.
A esta situación se suma el creciente malestar dentro del propio aparato militar estadounidense. Según The Washington Post, altos mandos de las Fuerzas Armadas han advertido al secretario de Defensa, Pete Hegseth, de que prolongar las operaciones a gran escala en Irán podría resultar insostenible y limitar la capacidad de Estados Unidos para responder a amenazas en otras regiones o incluso en su propio territorio. Las advertencias proceden de responsables del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, además de varios comandantes de cuatro estrellas.
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