Internacional

De las ciudades futuristas a los bombardeos en Yemen: la realidad golpea los planes de Arabia Saudí

Riad intensifica su ofensiva contra los hutíes mientras aplaza megaproyectos y afronta nuevas amenazas sobre sus infraestructuras y su economía

Saná, Yemen: Reclutas recién reclutados portan armas durante un desfile en apoyo al pueblo de Gaza. EP.
Saná, Yemen: Reclutas recién reclutados portan armas durante un desfile en apoyo al pueblo de Gaza. EP.

Mohamed bin Salmán lleva una década intentando transformar la imagen de Arabia Saudí. El príncipe heredero ha invertido miles de millones en ciudades futuristas, grandes acontecimientos deportivos, destinos turísticos y espectáculos internacionales con los que pretende reducir la dependencia económica del petróleo y situar al reino entre las principales potencias del siglo XXI. Sin embargo, el regreso de Arabia Saudí a la guerra de Yemen ha vuelto a colocar la seguridad regional en el centro de sus preocupaciones. Los bombardeos sobre posiciones hutíes, los ataques contra aeropuertos saudíes y las amenazas a las rutas comerciales se cruzan ahora con los problemas financieros de algunos de los proyectos más ambiciosos del país.

La última escalada se ha producido esta misma semana. La coalición encabezada por Riad ha intensificado su ofensiva aérea contra los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, después de que estos consiguieran avanzar sobre posiciones estratégicas próximas al estrecho de Bab el Mandeb. La respuesta ha incluido operaciones militares en la costa del mar Rojo y ataques contra instalaciones utilizadas por los insurgentes. Al mismo tiempo, la violencia ha alcanzado directamente territorio saudí: las autoridades del país han confirmado tres fallecidos y decenas de heridos en ataques contra los aeropuertos de Riad y Abha. 

El deterioro de la seguridad coincide con un momento delicado para Visión 2030, el programa económico con el que Mohamed bin Salmán pretende modernizar el país. El pasado 4 de octubre, Reuters reveló que Arabia Saudí había dejado en suspenso los planes para construir el estadio de NEOM, una de las sedes inicialmente proyectadas para el Mundial de fútbol de 2034. El recinto, valorado en unos 2.500 millones de dólares, debía levantarse dentro de The Line, la gigantesca ciudad lineal concebida como uno de los principales símbolos de la transformación saudí. Su futuro ha quedado ahora indefinido.

La ciudad del futuro que ha tenido que revisar sus planes

NEOM es probablemente la expresión más ambiciosa del modelo que el príncipe heredero quiere construir. Anunciado en 2017, el proyecto fue concebido como una región de innovación tecnológica, turismo y desarrollo urbano en el noroeste del país, con una inversión inicialmente presentada en torno a los 500.000 millones de dólares. Su propuesta más conocida, The Line, contempla una ciudad de 170 kilómetros de longitud, organizada en una estrecha estructura de gran altura y diseñada para funcionar con energías renovables.

La realidad económica ha obligado a revisar buena parte de aquellas expectativas. Los retrasos acumulados, las dificultades técnicas y las necesidades de financiación han llevado a las autoridades saudíes a reconsiderar las prioridades de inversión. La paralización del estadio de NEOM es uno de los ejemplos más visibles de ese reajuste, aunque el Gobierno mantiene otros desarrollos urbanos, turísticos e industriales vinculados al proyecto.

Las restricciones también han llegado al sector del entretenimiento. Arabia Saudí ha decidido cancelar la próxima edición de los Joy Awards, uno de los principales acontecimientos culturales de Riad, en medio de recortes presupuestarios agravados por la guerra regional. Otros eventos y festivales también han sufrido modificaciones en sus calendarios. Se trata de actividades que el reino había utilizado durante los últimos años para ampliar su proyección internacional y desarrollar una industria turística y de ocio prácticamente inexistente bajo el modelo anterior.

Estos ajustes no significan el abandono de Visión 2030. El programa ha impulsado inversiones en infraestructuras, tecnología y nuevos sectores económicos, pero la distancia entre los proyectos anunciados y su ejecución se ha convertido en una cuestión central para las autoridades saudíes. El país necesita atraer capital, desarrollar actividades rentables y gestionar unos compromisos financieros que compiten por los mismos recursos públicos.

Yemen vuelve a llamar a la puerta de Riad

La guerra de Yemen constituye una de las principales dificultades estratégicas para Arabia Saudí desde mucho antes del lanzamiento de Visión 2030. En 2015, una coalición encabezada por Riad intervino militarmente para apoyar al Gobierno yemení reconocido internacionalmente frente a los hutíes, que habían tomado el control de Saná. La campaña, concebida inicialmente para recuperar el territorio perdido por las autoridades yemeníes, acabó convirtiéndose en un conflicto prolongado, con miles de víctimas y una grave crisis humanitaria.

La tregua iniciada en 2022 permitió reducir significativamente los combates, aunque nunca resolvió las causas de fondo de la guerra. La reanudación de las hostilidades durante este verano y la expansión de las operaciones militares en octubre han devuelto a Arabia Saudí a un escenario que llevaba años intentando gestionar mediante negociaciones y acuerdos de seguridad.

El estrecho de Bab el Mandeb es uno de los principales motivos de preocupación. Situado entre Yemen y el Cuerno de África, conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una ruta fundamental para los buques que atraviesan el canal de Suez. Su importancia ha aumentado debido a las dificultades del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, afectado por la guerra entre Estados Unidos e Irán.

Los hutíes han intensificado sus ataques con misiles y drones contra territorio saudí, incluyendo aeropuertos e instalaciones relacionadas con el transporte. También han amenazado a las compañías aéreas internacionales que operan en el país, provocando cancelaciones y suspensiones de vuelos. La ofensiva se produce mientras las fuerzas yemeníes respaldadas por Riad intentan recuperar posiciones en la costa occidental. Associated Press ha documentado el aumento de los ataques y el desplazamiento de unas 200.000 personas desde la reanudación de los combates.

La intervención presenta además dificultades políticas y militares. Las fuerzas enfrentadas a los hutíes no constituyen un bloque completamente homogéneo y mantienen diferencias sobre el futuro territorial de Yemen. Arabia Saudí comparte determinados objetivos de seguridad con Emiratos Árabes Unidos, pero ambos países han respaldado a actores yemeníes con intereses no siempre coincidentes. La capacidad de los insurgentes para golpear instalaciones a gran distancia también complica cualquier intento de resolver el conflicto exclusivamente mediante una campaña aérea.

El petróleo sigue financiando el futuro sin petróleo

La contradicción económica es especialmente significativa. Arabia Saudí pretende reducir su dependencia del crudo, pero continúa necesitando los ingresos petroleros para financiar buena parte de esa transformación. La construcción de infraestructuras, los proyectos turísticos y las inversiones tecnológicas requieren enormes cantidades de capital, mientras el gasto militar y la inestabilidad regional añaden presión sobre las cuentas públicas.

El Fondo de Inversión Pública saudí, conocido por sus siglas en inglés PIF, es uno de los principales instrumentos de esta estrategia. En abril, su dirección aprobó un nuevo plan para el periodo 2026-2030 que prioriza las inversiones dentro del país. Según Reuters, el objetivo es dedicar aproximadamente el 80% de las inversiones a la economía nacional, prestando mayor atención a proyectos con capacidad para generar actividad económica y rentabilidad.

La revisión responde a necesidades que ya existían antes de la última escalada militar. Arabia Saudí afrontaba un déficit presupuestario creciente y dificultades para mantener simultáneamente todos sus megaproyectos. Durante el primer trimestre de 2026, el desequilibrio de las cuentas públicas alcanzó los 33.500 millones de dólares, según los datos recogidos por Reuters. Aunque los elevados precios del petróleo pueden incrementar los ingresos del Estado, los ataques contra infraestructuras y las alteraciones del transporte energético introducen nuevas incertidumbres.

No todos los indicadores de la transformación económica son negativos. El turismo, la actividad industrial y determinados servicios han registrado avances durante los últimos años. El propio Gobierno saudí sostiene que el crecimiento de los sectores no petroleros demuestra que la diversificación está dando resultados. Sin embargo, la guerra ha obligado a revisar previsiones económicas y a reorganizar prioridades presupuestarias, lo que plantea dudas sobre los plazos y el alcance de algunas iniciativas.

El Mundial de 2034, otra pieza del proyecto saudí

La dimensión deportiva permite comprender hasta qué punto Visión 2030 va más allá de la construcción de ciudades. Arabia Saudí ha destinado grandes inversiones al fútbol, el automovilismo, el boxeo y otras competiciones internacionales para atraer visitantes, desarrollar nuevos negocios y ampliar su presencia en los grandes acontecimientos globales.

El Mundial de 2034 es uno de los principales compromisos internacionales del reino. La designación de Arabia Saudí como anfitriona del torneo obliga a completar infraestructuras deportivas, conexiones de transporte y alojamientos en distintas ciudades. El aplazamiento indefinido del estadio previsto en NEOM plantea ahora la necesidad de revisar algunos elementos de la planificación inicial.

La política deportiva saudí también ha recibido críticas de organizaciones de derechos humanos, que denuncian que estas inversiones contribuyen a mejorar la imagen internacional de un Estado sometido a cuestionamientos por la represión de la disidencia, las restricciones a las libertades y las condiciones de los trabajadores migrantes. Las autoridades saudíes defienden, por su parte, que el deporte forma parte de una transformación económica y social más amplia.

En cualquier caso, la continuidad de estas inversiones depende de la capacidad del país para sostener un elevado gasto público y garantizar condiciones de seguridad que permitan atraer visitantes, empresas y acontecimientos internacionales. La escalada regional introduce dificultades adicionales en ambos terrenos.

A menos de cuatro años del horizonte fijado para Visión 2030, Mohamed bin Salmán se enfrenta a la tarea de compatibilizar sus ambiciones económicas con una guerra que vuelve a consumir recursos y a amenazar las principales infraestructuras del país. Los megaproyectos no han desaparecido y la diversificación económica continúa, pero la revisión de las inversiones y el retorno de las operaciones militares en Yemen muestran hasta qué punto la transformación saudí sigue condicionada por los conflictos de Oriente Próximo.

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