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Internacional

Meloni reescribe las reglas electorales y pone a prueba su propia mayoría

Italia aprueba una reforma que premia las grandes coaliciones mientras una nueva fuerza de extrema derecha complica los planes de la primera ministra

La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. EP/Archivo.

La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. EP/Archivo.

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Giorgia Meloni ha conseguido cambiar las reglas electorales de Italia, pero todavía está por ver quién acabará beneficiándose de ellas. La primera ministra ha sacado adelante una de las reformas más importantes de su legislatura, concebida para favorecer la estabilidad de los gobiernos mediante un sistema que premia a las grandes coaliciones. Sin embargo, la nueva ley también puede ofrecer una oportunidad a una oposición de centroizquierda que busca reorganizarse de cara a las elecciones de 2027. Una circunstancia que introduce una paradoja en la iniciativa del Ejecutivo italiano, al que sus adversarios acusan de haber diseñado la norma para facilitar su continuidad en el poder.

La Cámara de Diputados aprobó definitivamente el texto este jueves, 8 de octubre, con 227 votos a favor y 164 en contra, después de siete meses de tramitación parlamentaria y un enfrentamiento sostenido entre Gobierno y oposición. La reforma, bautizada como Stabilicum por sus defensores y conocida como Melonellum entre sus críticos, sustituye el anterior sistema electoral mixto por uno proporcional que concede escaños adicionales a las coaliciones que superen el 42% de los sufragios. Según informó Reuters, el objetivo declarado del Ejecutivo es facilitar mayorías parlamentarias capaces de completar la legislatura sin depender de constantes negociaciones entre partidos.

La aprobación supone una victoria política para Meloni, cuyo Gobierno se convirtió el pasado septiembre en el más duradero de Italia desde la Segunda Guerra Mundial. La primera ministra ha defendido que el nuevo modelo permitirá dotar de mayor estabilidad a un país acostumbrado a los cambios de Ejecutivo. Sin embargo, los partidos de la oposición denuncian que la reforma altera las condiciones de la competición electoral poco antes de los próximos comicios. Durante la votación, varios diputados exhibieron pancartas contra lo que consideran una ley diseñada para favorecer a quienes actualmente gobiernan.

El premio de los 105 escaños que cambia las reglas

La principal novedad de la reforma está en la manera de traducir los votos en representación parlamentaria. Hasta ahora, Italia utilizaba un sistema mixto en el que aproximadamente dos tercios de los escaños se adjudicaban mediante representación proporcional y el tercio restante a través de circunscripciones uninominales. La nueva legislación elimina esta última fórmula y establece un modelo proporcional con un premio de mayoría para las alianzas electorales que alcancen el porcentaje exigido.

En concreto, la coalición más votada que supere el 42% de los sufragios recibirá hasta 70 escaños adicionales en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado. El mecanismo contempla límites para evitar mayorías excesivamente amplias: el bloque beneficiado no podrá superar los 220 diputados de los 400 que integran la Cámara Baja ni los 113 senadores de los 200 electos. Si ninguna alianza alcanza el umbral establecido, los escaños se repartirán proporcionalmente, sin aplicar ese premio.

La reforma introduce otras modificaciones que también afectan a la organización de los partidos. Las coaliciones deberán identificar antes de las elecciones a su candidato a primer ministro, aunque la designación formal del jefe del Gobierno seguirá correspondiendo al presidente de la República, tal y como establece la Constitución italiana. Además, se fijan barreras electorales del 10% para las coaliciones y del 3% para las listas individuales, al tiempo que se endurecen los requisitos de presentación para las fuerzas que no cuentan con representación parlamentaria.

Estas últimas deberán reunir 6.000 firmas por circunscripción, frente a las 1.500 exigidas anteriormente, una modificación que ha despertado críticas por las dificultades añadidas que supone para los partidos pequeños y las organizaciones emergentes. El sistema también recupera el voto preferencial, aunque mantiene cabezas de lista bloqueados, lo que ha abierto otra discusión sobre el control de las candidaturas por las direcciones de los partidos y sus consecuencias para la representación femenina.

La extrema derecha abre una grieta en los planes de Meloni

La reforma llega en un momento en el que la coalición conservadora afronta una dificultad que no figuraba de la misma manera en sus cálculos iniciales. La aparición de Futuro Nazionale, el partido impulsado por el antiguo general Roberto Vannacci, ha introducido un nuevo competidor en el espacio situado a la derecha del Gobierno. Vannacci, que rompió con la Liga de Matteo Salvini, busca atraer a votantes descontentos con las formaciones que actualmente sostienen al Ejecutivo.

El movimiento resulta especialmente relevante por el funcionamiento de la nueva ley. Si Futuro Nazionale concurre por separado y consigue retener una parte significativa del electorado conservador, podría dificultar que la coalición encabezada por Meloni alcance el 42% necesario para obtener los escaños adicionales. Según explicó Reuters en su análisis de la reforma, el crecimiento de esta nueva formación ha reducido la ventaja demoscópica que mantenían los partidos del Gobierno frente al conjunto de la oposición.

La incertidumbre se refleja también en los estudios electorales. Un análisis de YouTrend recogido por la agencia italiana ANSA plantea que, con las estimaciones actuales y bajo las nuevas reglas, la coalición conservadora necesitaría incorporar a Futuro Nazionale para asegurarse el premio de mayoría. En ausencia de ese acuerdo, una alianza amplia de centroizquierda podría beneficiarse del mecanismo. Se trata de una simulación basada en sondeos, no de una previsión cerrada sobre el resultado electoral.

Pese a estas dificultades, Hermanos de Italia, la Liga y Forza Italia consiguieron mantener la unidad durante la votación parlamentaria. Meloni celebró la aprobación como una demostración de cohesión de sus socios, después de las tensiones que habían acompañado la negociación del texto. La primera ministra sostiene que la reforma permitirá a los ciudadanos identificar con mayor claridad las alternativas de Gobierno antes de acudir a las urnas.

La izquierda tiene una oportunidad y un problema de liderazgo

La nueva legislación también ha obligado a los partidos de centroizquierda a acelerar sus conversaciones. El Partido Democrático (PD), encabezado por Elly Schlein, y el Movimiento 5 Estrellas, dirigido por Giuseppe Conte, afrontan el reto de articular una candidatura compartida capaz de superar sus diferencias políticas y organizativas. A su alrededor aparecen otras fuerzas, como la Alianza Verdes e Izquierda e Italia Viva, que podrían formar parte de una coalición más amplia.

El principal obstáculo sigue siendo el liderazgo. Schlein defiende que la formación con mayor respaldo electoral debe encabezar el proyecto, mientras que Conte apuesta por unas primarias para elegir al candidato común. La exigencia de presentar un aspirante a primer ministro antes de las elecciones convierte esta discrepancia en una cuestión especialmente importante. A ella se añaden diferencias programáticas, entre ellas las relativas al apoyo militar a Ucrania, que han dificultado los acuerdos entre ambas organizaciones.

La oposición conserva además el precedente de las elecciones generales de 2022, cuando el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas concurrieron por separado, mientras el bloque conservador encabezado por Meloni presentó una coalición conjunta. Aquella división del espacio progresista es uno de los argumentos que ahora utilizan quienes defienden una candidatura amplia. El exprimer ministro Matteo Renzi también ha reclamado primarias como mecanismo para facilitar el acuerdo y movilizar a los votantes.

El debate adquiere otra dimensión con las encuestas. Un estudio de Ipsos Doxa publicado en agosto examinó dos escenarios hipotéticos de segunda vuelta entre bloques. Con Schlein como candidata, el centroderecha obtenía el 51% frente al 49% del centroizquierda. Con Conte al frente, el resultado se invertía: 51,2% para el centroizquierda y 48,8% para los conservadores. Las diferencias se situaban dentro del margen de error y el ejercicio no reproducía el funcionamiento definitivo de la nueva ley, pero ilustraba la importancia que los partidos conceden a la elección del candidato.

Una reforma que también puede acabar en los tribunales

La aprobación parlamentaria no ha cerrado la controversia. Los partidos de la oposición estudian impugnar la ley ante el Tribunal Constitucional, al considerar que algunos de sus mecanismos pueden vulnerar los principios de representación política establecidos en la Constitución. Las principales objeciones se dirigen al premio de mayoría, las restricciones para las pequeñas formaciones y la obligación de señalar previamente al aspirante a la jefatura del Gobierno.

Una de las cuestiones más discutidas afecta al Senado, cuyos integrantes deben elegirse sobre una base regional según el artículo 57 de la Constitución italiana. Los críticos de la reforma cuestionan cómo encaja ese principio con un mecanismo de bonificación calculado a escala nacional. También discuten que una coalición pueda acceder a una mayoría reforzada a partir del 42% de los votos, aunque el sistema establece límites al número de escaños adicionales.

El debate tiene antecedentes. El Constitucional italiano ya anuló elementos de anteriores leyes electorales, entre ellos determinados mecanismos de premio de mayoría que consideró incompatibles con las garantías constitucionales. Sin embargo, esos precedentes no implican que la nueva norma vaya a ser invalidada automáticamente. Una eventual decisión dependerá del examen de sus disposiciones y de los argumentos jurídicos planteados.

El enfrentamiento se produce, además, después del revés sufrido por Meloni en el referéndum sobre su reforma judicial. La primera ministra ha conseguido ahora una victoria parlamentaria relevante, pero el debate sobre el sistema electoral podría prolongarse hasta las próximas elecciones, previstas para 2027, en un contexto en el que también se especula con un posible adelanto.

La reforma introduce un cambio importante en la política italiana: las alianzas previas a las elecciones adquieren todavía más peso en el reparto de escaños. Para Meloni, supone la posibilidad de convertir una victoria electoral en una mayoría parlamentaria estable. Para sus adversarios, abre un incentivo para superar las divisiones internas. El efecto final dependerá de cómo se organicen ambos bloques y de las decisiones que adopten los votantes cuando llegue el momento de acudir a las urnas.

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