Corría marzo de 2022. No había pasado ni un mes desde que las hostilidades entre Rusia y Ucrania empezaron a escalar cuando Kiev y Moldavia presentaron una solicitud formal para engrosar la lista de países de la Unión Europea. Tras cuatro años de idas y venidas, de guerra y de mucha tensión e incertidumbre, este lunes comenzarán oficialmente las negociaciones con ambos candidatos; algo que aunque Vladimir Putin aseguraba no percibir directamente como una amenaza, remaba en contra de los intereses moscovitas. Así, el Viejo Continente pretende encaminarse hacia una estructura más integrada y sólida, pero sin olvidarse de que tiene pendiente afrontar reformas internas si quiere incorporar a nuevos miembros.
El ingreso a la Unión Europea está basado en la meritocracia prolongada en el tiempo. El proceso de ampliación es largo y está basado en lo que consigan los países solicitantes: existen 35 capítulos, agrupados en seis áreas temáticas llamadas clústeres, que deben abrirse, cerrarse por unanimidad y que incluso pueden quedar congelados indefinidamente. La última palabra corresponde siempre a los Estados miembros y, en menor medida, al Parlamento Europeo. Además, la Unión no afrontaba una ampliación desde 2013, cuando se incorporó Croacia. Previo al ingreso de Zagreb fueron los de Bulgaria y Rumanía en 2007, mientras que en 2004 se produjo una gran ampliación con diez nuevos miembros, una operación con errores y carencias que todavía tienen consecuencias, como la situación de Hungría como agente completamente desalineado dentro del bloque.
Ucrania y Moldavia seguirían una senda similar a la expuesta. Según la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, el primer examen estará relacionado con el Estado de derecho y con leyes fundamentales, como las relativas a las minorías étnicas. "El Estado de derecho es uno de los pasos más importantes. Es donde todo comienza y termina", señaló Kos, quien argumentó también que superar esta primera y básica fase demostraría que el país candidato afronta con seriedad su aspiración a unirse al bloque. La situación ucraniana, no obstante, no va a ser un camino de rosas. Los recelos sobre Kiev continúan, especialmente por la guerra y por asuntos como la lucha contra la corrupción, pero cierto es que el camino se ha despejado tras desaparecer el bloqueo constante de la Hungría de Viktor Orbán a cualquier avance.
Un proceso muy acelerado
Surge una pregunta casi de inmediato al analizar esta situación. ¿Está Ucrania preparada para entrar en la UE? En pocas palabras, no. Volodimir Zelenski pretende que Kiev se integre en el bloque en apenas un año, en 2027, cuando la historia dice que las anteriores adhesiones han necesitado aproximadamente una década para cumplir con todas las particularidades de la Unión, tales como acuerdos comerciales, normativas y otras obligaciones. Desde Ucrania, no obstante, sacan pecho y defienden que la UE necesita a Ucrania tanto como Ucrania necesita a la Unión.
Moldavia, por su parte, ha unido su futuro al de Kiev, algo que no tienen tan claro en Bruselas, desde donde valoran que lo más probable es que sus caminos se separen. A su favor juega que nunca antes dos países habían sido tan rápidos en solicitar la adhesión y conseguir la aprobación para negociar, pero en contra hay factores económicos importantes: la entrada de Ucrania podría tener un impacto enorme en el presupuesto comunitario hasta 2027, con una parte significativa de los fondos destinada al país y los retos de la propia Unión Europea. Ucrania, por población y territorio, entraría en el grupo de los cinco países más grandes de la Unión, por delante de Polonia, y absorbería una cantidad relevante de fondos agrícolas y de cohesión, además de las ayudas recibidas durante la guerra. Una Unión más amplia exigiría, además, acelerar la toma de decisiones, incluyendo posibles cambios en la regla de unanimidad en áreas como la defensa. De momento Bruselas no plantea reformar los Tratados, aunque algunos expertos consideran que será inevitable a medio plazo, un escenario ante el que Alemania y Francia ya han empezado a pensar.
Por un lado, Berlín propuso inicialmente que Ucrania fuera un "miembro asociado", con acceso a fondos y presencia institucional pero sin voto en el Consejo. Ahora, Merz y Macron defienden una integración progresiva, aplicable no solo a Kiev, que permitiría entrar en la UE por fases hasta completar la adhesión. Algunos países, entre ellos España, ven con buenos ojos esa propuesta, mientras que otros creen que podría retrasar indefinidamente la entrada definitiva y oficial de los candidatos si se encuentra comodidad mutua en esa posición intermedia. En Bruselas y Kiev la propuesta genera dudas y requiere muchos matices.
Otros en la lista con prioridad
Mientras la situación de Ucrania y Moldavia está pendiente de resolución, Montenegro y Albania son los países en proceso de trámite en fase más avanzada y esperan que no exista ningún trato desigual. Podgorica aspira a entrar en la UE en 2028, mientras que Tirana tiene el 2030 en su punto de mira. Otros candidatos, como Macedonia del Norte o Bosnia y Herzegovina, avanzan con más lentitud, de igual forma que Serbia y Turquía. En el caso de Ankara, las negociaciones permanecen congeladas desde 2018.
Desde una perspectiva política y territorial, Ucrania representa un elemento estratégico para la UE, al igual que Moldavia y los Balcanes. El inicio de las negociaciones con Kiev supone otro momento histórico, aunque el camino será largo. En cualquier caso, Bruselas y los 27 han conseguido algo que buscaban desde hace tiempo: enviar un mensaje a Putin demostrando que la guerra no ha debilitado a Europa, sino que ha reforzado el interés por formar parte de un bloque que todavía intenta aprender a moverse en el nuevo escenario mundial, donde las claves de la geopolítica han cambiado radicalmente.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.