Internacional

De Bernie Sanders a Ocasio-Cortez: el relevo de la izquierda demócrata toma forma con 2028 en el horizonte

El avance de candidatos progresistas refuerza el protagonismo de Ocasio-Cortez y reabre el debate sobre el futuro del partido tras los midterms

Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. EP/Archivo.
Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. EP/Archivo.

Durante años, Bernie Sanders representó una corriente de la política estadounidense que parecía condenada a disputar las primarias demócratas sin conseguir transformar el partido desde dentro. Su defensa de la sanidad universal, los impuestos a las grandes fortunas y la lucha contra el poder de las corporaciones movilizó a millones de estadounidenses en las campañas presidenciales de 2016 y 2020, pero no le permitió conquistar la candidatura a la Casa Blanca. Una década después de su primera irrupción nacional, la izquierda que ayudó a organizar empieza a encontrar nuevos espacios de poder. Y hay un nombre que sobresale en esa transformación: Alexandria Ocasio-Cortez.

Las elecciones legislativas del 3 de noviembre han abierto un escenario distinto para el Partido Demócrata. La formación ha recuperado el control de la Cámara de Representantes y del Senado, después de dos años de mayorías republicanas que facilitaron buena parte de la agenda de Donald Trump. El vuelco electoral permite a la oposición bloquear iniciativas del presidente, fiscalizar a su Administración y condicionar los nombramientos federales. Pero también devuelve al primer plano una discusión que los demócratas arrastran desde hace años: qué proyecto político debe representar el partido y quién está en condiciones de liderarlo.

La victoria no pertenece exclusivamente a su sector progresista. Los demócratas han conquistado escaños con candidatos de distintas sensibilidades, incluidos perfiles moderados capaces de atraer apoyos en territorios tradicionalmente republicanos. Sin embargo, los avances de algunas candidaturas situadas a la izquierda del aparato tradicional ofrecen nuevos argumentos a quienes consideran que el partido necesita una agenda económica y social más ambiciosa.

Ocasio-Cortez llega a ese debate con 37 años, una considerable capacidad de movilización y una trayectoria que ha evolucionado desde su sorprendente victoria en unas primarias de Nueva York hasta convertirse en una de las dirigentes más reconocibles de Estados Unidos. Su creciente protagonismo, unido a las incógnitas sobre las presidenciales de 2028, plantea la posibilidad de un relevo generacional en el espacio político que Sanders lleva años representando.

De las campañas de Sanders a una nueva generación progresista

La historia de la actual izquierda demócrata no comienza con Ocasio-Cortez. Bernie Sanders, senador independiente por Vermont y autodefinido socialista democrático, consiguió introducir en el centro del debate nacional propuestas que durante décadas habían ocupado posiciones secundarias dentro de la política estadounidense. Sus campañas presidenciales cuestionaron la influencia de los grandes donantes, defendieron la ampliación de los servicios públicos y situaron la desigualdad económica entre los principales asuntos de la discusión política.

Sanders perdió las primarias frente a Hillary Clinton en 2016 y Joe Biden en 2020, pero su legado no puede medirse únicamente por aquellas derrotas. Las campañas contribuyeron a consolidar redes de activistas, organizaciones y candidatos que encontraron en el Partido Demócrata una plataforma para competir con sus estructuras tradicionales.

Una de las expresiones más visibles de ese fenómeno llegó en 2018. Alexandria Ocasio-Cortez, entonces una joven activista de 28 años que había trabajado como camarera y participado en la campaña de Sanders, derrotó en las primarias demócratas al veterano congresista Joe Crowley, una figura destacada del aparato del partido en Nueva York. Su victoria la convirtió en símbolo de una generación que cuestionaba el liderazgo tradicional y reclamaba mayor protagonismo para las demandas sociales de los trabajadores.

Desde entonces, Ocasio-Cortez ha defendido iniciativas como el Green New Deal, la ampliación de la cobertura sanitaria pública y una fiscalidad más exigente para las grandes fortunas. También ha desarrollado una intensa presencia en las redes sociales, utilizadas tanto para explicar su actividad parlamentaria como para movilizar apoyos fuera de los canales políticos convencionales.

Sin embargo, su evolución no puede explicarse únicamente por esa popularidad. La congresista ha pasado de desafiar al aparato demócrata a intervenir directamente en las disputas sobre su orientación política, respaldando candidatos, participando en campañas nacionales y estableciendo alianzas con otros dirigentes progresistas.

La relación con Sanders ha sido fundamental en ese recorrido. Ambos protagonizaron durante 2025 la gira Fighting Oligarchy, con multitudinarios actos contra la influencia de las grandes fortunas en la política estadounidense y las decisiones de la Administración Trump. Según Associated Press, los encuentros lograron reunir a miles de asistentes incluso en estados tradicionalmente conservadores como Utah e Idaho.

La imagen de Sanders y Ocasio-Cortez compartiendo escenario resumía la convivencia de dos generaciones del progresismo estadounidense. El primero aportaba décadas de trayectoria y dos campañas presidenciales; la segunda, una presencia política nacional construida a partir de su actividad en el Congreso y de su capacidad para conectar con públicos más jóvenes. Una relación que, más que anunciar una sucesión formal, muestra la continuidad de un proyecto político que busca ampliar su influencia.

Michigan, la victoria que refuerza al ala izquierda de los demócratas

El avance de los progresistas ha encontrado en las elecciones de este martes un ejemplo especialmente significativo. Abdul El-Sayed, respaldado por Sanders y Ocasio-Cortez, ha ganado el escaño del Senado por Michigan después de derrotar al republicano Mike Rogers. El resultado adquiere relevancia porque se produce en uno de los estados más disputados electoralmente y después de unas primarias que enfrentaron dos visiones distintas del futuro del Partido Demócrata.

El-Sayed, médico y antiguo responsable de salud pública, derrotó en agosto a Haley Stevens, una candidata moderada respaldada por dirigentes destacados del partido. La disputa enfrentó dos estrategias políticas: la de quienes defendían un perfil más centrista para competir en un estado decisivo y la de quienes apostaban por un programa de reformas económicas y sociales más amplio.

La campaña del candidato progresista estuvo centrada en la sanidad universal, el coste de la atención médica, la fiscalidad de las grandes fortunas y la reducción de la influencia del dinero privado en las elecciones. También defendió un cambio en la política estadounidense hacia Israel, una cuestión que ha provocado importantes divisiones internas entre los demócratas. El resultado de las primarias, seguido ahora por su victoria en las legislativas, ofrece al sector progresista un argumento para cuestionar la idea de que sus candidatos solo pueden triunfar en distritos urbanos claramente demócratas. 

Ocasio-Cortez no se limitó a ofrecerle un respaldo simbólico. Participó activamente en su campaña y recorrió distintas localidades de Michigan, incluidas zonas rurales, para pedir el voto. El objetivo era demostrar que las propuestas económicas progresistas podían encontrar audiencia más allá de las grandes ciudades de mayoría demócrata.

El triunfo de El-Sayed tampoco constituye un fenómeno aislado. Peggy Flanagan ha conseguido un escaño en el Senado por Minnesota, mientras otros candidatos vinculados a organizaciones progresistas han logrado representación en la Cámara de Representantes. Estas victorias amplían la presencia de dirigentes que defienden políticas redistributivas y reformas sociales de mayor alcance.

No obstante, atribuir el resultado nacional exclusivamente al avance de la izquierda sería simplificarlo. Los demócratas también han ganado con candidatos moderados, y el rechazo a Trump, el encarecimiento de la vida y la guerra con Irán han condicionado las elecciones. El debate interno estará precisamente en determinar qué parte de esos resultados responde a las características de cada candidato y qué parte al contexto político nacional.

La disputa por el rumbo de un Partido Demócrata que vuelve a tener poder

La recuperación del Congreso sitúa al Partido Demócrata ante una responsabilidad diferente. Durante los dos primeros años del segundo mandato de Trump, su margen institucional para frenar la agenda republicana fue limitado. A partir de enero de 2027, cuando se constituyan las nuevas cámaras, tendrá capacidad para bloquear determinadas iniciativas, dirigir investigaciones parlamentarias y exigir negociaciones presupuestarias a la Casa Blanca.

Ese cambio también obligará a las distintas corrientes demócratas a tomar decisiones conjuntas. El sector progresista podrá intentar trasladar sus prioridades a la agenda parlamentaria, mientras los dirigentes moderados buscarán mantener los acuerdos necesarios para sostener la mayoría.

El debate no se reduce a cuánto enfrentamiento debe haber con Trump, sino a qué alternativa quieren construir los demócratas. Las diferencias abarcan desde el alcance de las políticas sanitarias y fiscales hasta la relación con las grandes empresas, la financiación electoral y la posición de Estados Unidos ante conflictos internacionales.

Ocasio-Cortez forma parte de un espacio progresista mucho más amplio, en el que también destacan figuras como Greg Casar, Pramila Jayapal, Ilhan Omar o Ro Khanna. Tampoco todos estos dirigentes comparten una estrategia idéntica. Algunos defienden posiciones más próximas al socialismo democrático, mientras otros apuestan por acuerdos con los sectores centristas para impulsar reformas parciales.

Esta diversidad impide hablar de un bloque completamente homogéneo. El propio Sanders, que mantiene su condición de independiente aunque participa en el grupo parlamentario demócrata del Senado, ha defendido la necesidad de construir un movimiento político y social que vaya más allá de las estructuras tradicionales del partido.

La trayectoria de Ocasio-Cortez muestra una tensión parecida. Su origen político está ligado al cuestionamiento del aparato demócrata, pero su creciente influencia la obliga también a participar en negociaciones, respaldar candidaturas y asumir compromisos institucionales. Su capacidad para conservar el apoyo de las bases progresistas mientras amplía su influencia dentro del partido será uno de los elementos que definan esta etapa.

La nueva mayoría no resuelve esas diferencias. Al contrario, las sitúa en un escenario en el que las decisiones parlamentarias tendrán consecuencias inmediatas y podrán condicionar la acción del Gobierno.

La incógnita de 2028 y el futuro político de Ocasio-Cortez

Con las elecciones legislativas prácticamente resueltas, el calendario estadounidense empieza a mirar hacia noviembre de 2028. La próxima carrera presidencial abrirá una competición por el liderazgo demócrata en la que todavía no existe un candidato definido.

Ocasio-Cortez aparece desde hace tiempo entre los nombres mencionados en las conversaciones sobre el futuro del partido. Su edad, su popularidad entre sectores progresistas y su capacidad para movilizar apoyos la han situado en el centro de las especulaciones sobre una eventual candidatura a la Casa Blanca. También se ha planteado la posibilidad de que aspire a un escaño en el Senado.

La congresista no ha anunciado una candidatura presidencial, aunque tampoco ha descartado públicamente esa opción. Según una información de Reuters sobre los posibles aspirantes demócratas a 2028, Ocasio-Cortez figura entre los dirigentes progresistas cuya proyección nacional despierta mayor atención.

El respaldo de Sanders añade otra dimensión a esas expectativas. En una entrevista publicada por Axios en octubre de 2025, el senador elogió sus cualidades políticas y consideró que podía ser una candidata presidencial relevante, aunque insistió en que cualquier decisión sobre su futuro le correspondía exclusivamente a ella.

Tampoco será una carrera despejada. Entre los nombres que aparecen en el debate demócrata figuran gobernadores y dirigentes de perfiles distintos, como Gavin Newsom, Gretchen Whitmer, Josh Shapiro o Pete Buttigieg. La competición enfrentará trayectorias, programas y estrategias electorales que todavía están lejos de definirse.

Para Ocasio-Cortez, los próximos dos años ofrecen una oportunidad para consolidar su actividad política nacional y comprobar cuánto apoyo pueden reunir las propuestas del sector progresista dentro de un partido que acaba de recuperar el control legislativo. La victoria de aliados como Abdul El-Sayed proporciona un antecedente relevante, aunque no permite anticipar cómo respondería el electorado de unas primarias presidenciales.

El relevo entre Sanders y Ocasio-Cortez, si finalmente llega a producirse, será algo más que un cambio de nombres. Pondrá a prueba la capacidad de una corriente que durante años ha cuestionado las prioridades del Partido Demócrata para influir en su dirección y en su programa de gobierno. Las elecciones de 2026 le han proporcionado nuevos representantes y argumentos para defender su proyecto. La incógnita es hasta dónde llegará esa influencia cuando comience la disputa por 2028.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora