Asciende el número de fallecidos a causa de la riada entre Nepal y Tíbet, que en un primer momento se situó en 157 personas, y que deja también miles de desaparecidos, según los datos actualizados de las últimas horas. Las autoridades nepalíes mantienen también que hay dos españoles sin localizar.
Las principales listas provisionales de personas que no se han encontrado reúne a más de mil nombres a ambos lados de la frontera de Nepal, país del Himalaya situado entre la India y China. En ese registro aparecen nombres de personas extranjeras, miembros de las fuerzas de seguridad, funcionarios de aduanas y trabajadores de varios proyectos hidroeléctricos.
En medio del caos, los equipos de rescate intentan abrirse paso por carreteras destruidas en un escenario que, además de mantener al mundo con el corazón en un puño, tratan de dar explicaciones a un escenario para el que, por el momento, no las encuentran.
Pueden aportarse datos más concretos, atendiendo a los registros, que están en constante actualización, y a diferentes agencias y medios de comunicación, pero la cifra tanto de muertos como de desaparecidos se teme que siga al alza, posiblemente de una forma consideable. Además, los recuentos continúan en proceso de comprobación y pueden incluir a personas que se encuentren a salvo pero permanezcan incomunicadas debido a los cortes de carretera, electricidad y telefonía.
La policía nepalí informó a las cinco de la madrugada hora local (las 3.45 en España) de que los cadáveres habían aparecido ya en ocho distritos y que, en algunos casos, habían sido arrastrados decenas de kilómetros río abajo. En las operaciones de rescate participan diferentes equipos de rescate, entre ellos helicópteros militares y privados.
Puestos médicos instalados en Dhunche y Bidur son los destinos a los que están llegando los heridos, mientras que en Katmandú se tratarán los casos más graves. El territorio está desplegando también tiendas de campaña y dotando de alimentos y otros suministros de emergencia proporcionados por la India a las zonas más castigadas, según el ejército nepalí.
Origen de la catástrofe
El origen del desastre se sitúa a las 8.37 horas de la mañana, hora local (4.52 en España). En ese momento, los sismógrafos detectaron en el Himalaya, la cordillera más alta del planeta y hogar del Everest, una fuerte señal. En un primer instante, fue identificada como un terremoto de magnitud 4,4 pero el Servicio Geólogo de Estados Unidos lo reclasificó más tarde como el rastro sísmico de un gran deslizamiento. Apenas unos minutos más tarde, una brutal masa de agua, barro y rocas alcanzó el paso tibetano de Gyirong, según muestra el sello horario de las grabaciones.
Especialistas que han analizado imágenes de satélite de Planet sitúan la base de la fortísima riada en la vertiente nepalí de la frontera. A tenor de esta instantánea, una parte considerable del glaciar se desprendió a unos 5.200 metros de altitud y cayó alrededor de 1.200 metros hasta el fondo del valle. Dicha masa entró en el río Lhende y lanzó corriente abajo una enorme masa de agua, barro y sedimentos que primero arrasó el paso fronterizo tibetano de Gyirong y descendió asimismo por Nepal. Ya aquí tumbó numerosas localidades e infraestructuras.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.