El Gobierno ha recibido con alivio el anuncio del alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, aunque evita dar por encarrilado el final de la guerra. El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha descrito la jornada como “un día de esperanza”, pero ha enfriado cualquier lectura triunfalista: la pausa abre una vía diplomática, sí, pero el conflicto sigue lejos de darse por cerrado y ya aparecen las primeras grietas en la negociación.
Albares ha sostenido este miércoles que la escalada “inaceptable” de violencia en Irán “se aleja”, después de que, en sus palabras, se haya “rozado la catástrofe”. El jefe de la diplomacia española ha insistido en que el riesgo de una espiral bélica de alcance mayor se ha contenido por ahora, aunque ha dejado claro que la tregua acordada entre Washington y Teherán es demasiado corta y demasiado frágil como para hablar ya de final de la guerra.
“Todos vamos a estar de acuerdo en que es un día de esperanza, porque después de 40 días de guerra por fin ha llegado algo parecido a una luz”, ha señalado en una entrevista en RNE. Aun así, ha matizado enseguida que ese respiro no permite anticipar cómo terminará la negociación abierta entre las partes. “Hemos rozado la catástrofe, parece que la hemos salvado y aún es pronto para decir que la guerra termina”, ha resumido.
ENTREVISTA | @jmalbares, ministro de Asuntos Exteriores (@MAECgob): "Hoy se abre una vía para la esperanza [...] El riesgo de una escalada inaceptable se aleja"
— Las Mañanas de RNE (@LasMananas_rne) April 8, 2026
"Nosotros no vamos a escatimar esfuerzos por apoyar esos esfuerzos de mediación paquistaní"https://t.co/l4vEROsScQ pic.twitter.com/W5b6qRGm1v
El ministro ha dado además pleno crédito a las amenazas lanzadas por Donald Trump durante los últimos días. Preguntado por la advertencia del presidente estadounidense sobre la posibilidad de aniquilar a “toda una civilización”, Albares ha sido claro: “Por supuesto que lo tomo en serio”. Esa frase resume bien el nivel de alarma con el que el Ejecutivo español ha seguido una crisis que amenazaba con desbordar el marco regional y disparar sus consecuencias políticas, militares y económicas mucho más allá de Oriente Próximo.
Líbano, la primera grieta del acuerdo
La prudencia del Gobierno no responde solo a la corta duración de la tregua. También al contenido de las propuestas que ya están sobre la mesa. Albares explicó que, tras analizar esta misma mañana los planes de negociación planteados por las partes, uno de 15 puntos y otro de 10, ya ha detectado la “primera divergencia” de fondo. Irán considera que Líbano debe formar parte del acuerdo. Israel, en cambio, ha dejado claro que no quiere incluir ese frente dentro de la tregua.
Para el Ejecutivo español, ese punto no es menor. Más bien al contrario. Albares ha defendido que Líbano debe estar dentro de la negociación y ha sostenido que esa posición es la “correcta”. España considera que la comunidad internacional tiene que empujar para que el acuerdo no se limite al choque directo entre Washington y Teherán, sino que abarque también otros frentes que siguen activos y que pueden echar abajo cualquier intento de desescalada en cuestión de horas.
Por eso el ministro ha reclamado que cesen tanto los bombardeos sobre Irán como el “lanzamiento injustificado de misiles y drones” desde territorio iraní sobre el conjunto de Oriente Próximo. En el mismo plano situó la necesidad de que el estrecho de Ormuz permanezca abierto de forma segura para cualquier buque que quiera atravesarlo. El Gobierno interpreta que la crisis no puede darse por contenida si persisten focos de conflicto alrededor del Golfo y del Mediterráneo oriental.
La posición española sobre Líbano volvió a ser especialmente dura. Albares ha calificado de “inaceptable” la invasión israelí de un “país soberano” y ha lamentado que los ataques hayan echado por tierra los esfuerzos del Gobierno libanés para desplegar su Ejército en el sur del país y avanzar en el desarme de Hezbolá con apoyo internacional. En su lectura, la ofensiva israelí ha arruinado una vía que trataba de estabilizar el terreno con medios estatales y no mediante una nueva escalada militar.
El ministro ha señalado además que las tropas españolas desplegadas en Líbano no se encuentran en estos momentos en “riesgo directo”, aunque ha condenado los ataques sufridos por fuerzas indonesias en la zona, que se han saldado con muertos. El mensaje de fondo es claro: el Gobierno no ve el frente libanés como un conflicto secundario ni como un apéndice ajeno a la crisis central, sino como una pieza que puede contaminar toda la negociación.
España respalda la mediación, pero rechaza una posición de fuerza
En este contexto, Albares ha querido subrayar el papel de la diplomacia y ha defendido los esfuerzos de mediación impulsados por Pakistán y por otros países, entre ellos España. Aseguró que el Gobierno no va a “escatimar esfuerzos” para respaldar la iniciativa pakistaní y para abrir paso a una salida negociada. A su juicio, esa es la única vía viable tras unas semanas en las que el lenguaje militar ha ido empujando la crisis hacia un punto de no retorno.
El ministro ha explicado también por qué declinó asistir a las reuniones celebradas en Londres la semana pasada para estudiar cómo reabrir el estrecho de Ormuz. Según ha dicho, España fue invitada, pero optó por no participar porque, mientras sigan las hostilidades, no piensa sumarse a ninguna posición de fuerza. El matiz no es pequeño. El Ejecutivo quiere marcar distancia con cualquier movimiento que pueda interpretarse como cobertura política de una escalada militar o como aval a una lógica de presión armada en la zona.
Eso no significa, precisó Albares, que España renuncie a implicarse en la seguridad de Ormuz. Lo que defiende es que cualquier misión debe estar organizada por Naciones Unidas. El Gobierno pide a la ONU que se involucre en la reapertura del estrecho y en las garantías para su navegación, no solo por el peso geopolítico del corredor, sino también por sus efectos directos sobre los precios de la energía y sobre la economía europea.
Albares ha evitado entrar en el pulso de propaganda entre Washington y Teherán, ambos empeñados en presentarse como vencedores de esta pausa. Pero sí apuntó a quién beneficia de inmediato el alto el fuego: a los ciudadanos iraníes, a la población del Golfo y también a los españoles y europeos que notan el repunte de los combustibles cada vez que se agrava la tensión en la zona. El Gobierno enlaza así la crisis internacional con su impacto directo en el bolsillo y en el suministro energético.
También se ha referido a la posible participación de China en los contactos de última hora. Sin darle un protagonismo central, reconoció que Pekín puede haber estado involucrado “a algún nivel”, igual que otros países, y recalcó que su postura pública ha sido clara: volver al derecho internacional y a la mesa de negociación.
El Gobierno reclama una condena expresa del PP
La reacción del Ejecutivo no se quedó en el plano internacional. Albares ha aprovechado la tregua para redoblar la presión política sobre el PP. El ministro ha reclamado a Alberto Núñez Feijóo que condene “por fin” la guerra en Irán, que considera una violación del derecho internacional, y también la invasión israelí de Líbano. Lo hizo después de que el líder popular publicara un mensaje genérico en redes sociales sobre la necesidad de “sensatez” frente a la “brutalidad”, sin citar de forma expresa ni el conflicto ni a sus responsables.
Albares ha ironizado con ese mensaje y ha sostenido que “no se sabe muy bien de qué habla”. A partir de ahí, ha cargado con más dureza contra la posición del PP en política internacional. Le ha reprochado haberse quedado fuera del reconocimiento del Estado palestino y de las denuncias sobre la situación en Gaza, y ha llegado a afirmar que esa actitud demuestra que está “absolutamente incapacitado para gobernar España”.
El ministro fue más allá y planteó una comparación de alto voltaje político. Ha sugerido que, con un Gobierno del PP, España estaría hoy “en el rincón de la historia más vergonzosa”, igual que, a su juicio, ocurrió con José María Aznar en la guerra de Irak. También criticó expresamente a Cayetana Álvarez de Toledo por sus mensajes de apoyo al Gobierno de Benjamin Netanyahu y a la guerra contra Irán.
En paralelo, Albares ha aprovechado para sacar pecho del papel de España dentro de la UE. Ha subrayado que no tiene “la menor duda” de que Europa saludará de forma unánime este “rayo de esperanza”, aunque ha lamentado que la respuesta comunitaria frente a la guerra no haya sido más rápida ni más firme. En esa línea, ha reivindicado que España fue el primer país de la Unión en posicionarse contra una guerra que considera “contraria al derecho internacional” y ha defendido que otros Gobiernos europeos se han ido sumando después a una línea que ha liderado el Ejecutivo de Pedro Sánchez.