Alberto Fabra empieza a parecer un 'apestado'. La ciudadanía le rechaza allá donde va. Con motivo de las fiestas de Sant Antoni Abat, en Canals se celebra una 'Foguera' espectacular. Según el libro de records Guinnes es la más alta del mundo. Los vecinos tardan todo el año en montarla; de hecho comienzan la tarea prácticamente al día siguiente de la cremá.



"Fabra a la foguera"
Este año, sabiendo los problemas de rechazo que produce allá donde va el President, los festeros temían su presencia. Y así fue. Tan pronto se conoció su presencia los vecinos comenzaron a agruparse en torno del ayuntamiento, donde comenzaron los gritos y abucheos, entre los que se incluían "Fabra dimisió" y se improvisaron carteles, como puede verse en las fotos que acompañan a esta información y que ha logrado ELPLURAL.COM, en los que se lee "Fabra a la Foguera". Junto a los vecinos se encontraban también algunos de los extrabajadores de Canal Nou que siguen al presidente allá donde va para expresar su repulsa al cierre de la cadena autonómica.



La situación fue caldeándose, y el número de vecinos que protestaban creciendo, hasta el punto de que Alberto Fabra tuvo que acabar protegido por la policía municipal y la policía nacional, asediado en la Iglesia de Canals. La crispación creció tanto que el presidente valenciano tuvo que renunciar a la que era su intención inicial, ser él quien prendiera ´la foguera'. En realidad tuvo que ver el espectáculo sin poder salir, como se ve, del templo.



No sólo no estaba invitado, se le dijo que no viniera
En las horas siguientes los ciudadanos acudieron a protestar al alcalde, Ricardo Cardona, del PP, por haber invitado al President a las fiestas. Y para su sorpresa se encontraron con que el alcalde les comunicó que no sólo no le había invitado, sino que expresamente había llamado para pedirle que no viniera, pero no le había hecho caso.

La vida de Fabra, en realidad, empieza a ser la de un asediado, en un proceso que se repite continuamente desde el cierre de Canal Nou. Sus apariciones públicas obligan a fuertes medidas de seguridad, lo que provoca que los actos, en especial si tienen un aspecto popular, acaben estropeándose.