Los bandazos de la dirección ultraderechista, enfrascada en una sucesión de purgas y guerras internas, complica en demasía adivinar en momento argumental se encuentra Vox. Los de Santiago Abascal, cambiantes a conveniencias, amanecen criticando al Partido Popular (PP) y se acuestan diseminando “buena sintonía” y relaciones fructíferas con Génova 13. Mientras tanto, varios millones de personas esperan a que se cierren los tres Gobiernos autonómicos en el aire (Extremadura, Aragón y Extremadura) y otros tantos contemplan como ambas formaciones intercambian reproches ante la pugna de un cuarto Ejecutivo (Andalucía).
Vox gustaría de estar dentro de los Ejecutivos autonómicos, extendiendo su discurso de odio desde acolchados sillones; y, a la par, mostrarse diferencial desde posturas ajenas a la responsabilidad, no sufriendo los efectos de tocar poder, pero condicionando las políticas y arañando apoyos al PP. Pero como no se puede estar en misa y repicando, ni siquiera en el caso de los más capillitas, la extrema derecha está demorando al máximo los acuerdos regionales para que estos no afecten a las elecciones que siguen sucediéndose.
Hay más sintonía en las reuniones de las manifestaciones que se hacen fuera
Abascal calificaba hace escasas horas a Juan Manuel Moreno Bonilla, candidato del PP en Andalucía, de islamista por reivindicar a Blas Infante. "Mientras Juanma 'Moruno' está reivindicando a Blas Infante y diciendo que tiene un corazón así de grande para que venga todo el mundo, tenemos a la mafia socialista que avanza", aseveraba. A la par, las fuentes internas de Vox difundían que las negociaciones territoriales evolucionaban de forma muy positiva, estando cerca de cerrarse varios acuerdos. Es más, la euforia orienta la mirada de los extremistas a la mismísima Moncloa.
El “partido a partido” no existe en la sede ‘voxera’ de la calle Bambú, donde ya planean qué exigirán a Alberto Núñez Feijóo para hacerle presidente, si es que finalmente les dan los números con su solitaria suma. La extrema derecha no diferencia apenas entre territorio, muestra de ello es que exigen en sus pactos autonómicos que se persigan horizontes alejados de sus competencias. Lo territorial es visto en Vox como un tránsito al fin último que representa el Gobierno nacional, del que ya están sentando las bases.
Feijóo debería ir tomando nota sobre cómo está negociando Vox en los territorios, atendiendo a las exigencias que está trasladando y, sobre todo, reservando los sillones que están pidiendo. Así lo desliza Vox, aunque para conseguir esta posición negociadora necesita mantener la fuerza que se vio ligeramente mermada en los últimos comicios, más por el deshinchamiento de las expectativas que por el resultado. Sea como fuere, los ultras advierten ya a Feijóo de cómo sería una hipotética negociación sin ambos partidos sumasen para hacerse con el Gobierno.
El PP se impacienta
Mientras tanto, el PP se desespera ante los tiempos de Vox. Los conservadores han salido vencedores de los tres comicios autonómicos celebrados, pero en todos los territorios es más dependiente de Vox, lo que está pagando con creces. La portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Ester Muñoz, ha garantizado este jueves que su partido no va a "parar" hasta que se llegue a un acuerdo con Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León, y se ha mostrado convencida de que "habrá gobiernos" en esas autonomías porque "no hay otra alternativa".
Pero no tiene ni idea de cuándo sucederá. "Lo que sí le puedo asegurar es que va a haber gobiernos. Y no sé si será antes el de Extremadura o será después el de Aragón, pero lo que sí es que habrá gobiernos de derechas", ha trasladado, quitando peso a los “tiras y aflojas” que considera normales en las negociaciones. "Yo estoy convencida que habrá gobiernos estables porque es lo que han pedido los ciudadanos y estoy convencida que va a ser así", ha garantizado.
A la par, el vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras del PP, Juan Bravo, ha asegurado que hay más sintonía con Vox en las negociaciones para formar los gobiernos autonómicos que en las declaraciones públicas que hacen los integrantes de la formación y ha defendido la guía de puntos que Feijóo presentó para negociar con la ultraderecha, y que básicamente establecía no cometer ilegalidades. "Lo que sí le puedo asegurar es que hay mucho más sintonía en las reuniones de las manifestaciones que se hacen fuera, con lo cual las cosas van adecuadamente", ha defendido Bravo.
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