La desclasificación de documentos del 23F ha traído a la mesa la posibilidad del regreso a España del rey emérito Juan Carlos I. Muchos, especialmente desde sectores conservadores, hacen una lectura de estos papeles en la que el exmonarca queda dibujado como uno de los responsables de detener el golpe de Estado, y él mismo se siente de tal manera: "Al final van a tener que reconocer lo que hice. Voy a acabar ganando", le decía en exclusiva al diario El Mundo. No obstante, su vuelta no depende tanto de su deseo, que exterioriza cada vez que es preguntado por ello, sino del encaje de múltiples piezas entre él mismo, la Casa Real y el Gobierno de España.

La primera condición que pone el ex jefe de Estado es regresar a su casa. Es decir, al palacio de La Zarzuela, donde vivió durante 57 años. El problema es que el palacio de La Zarzuela no es solo el hogar de la Familia Real, sino también la sede de la Jefatura del Estado, institución de la que fue desdeñado por la Casa Real para evitar que los escándalos que lo rodeaban dañasen su reputación. El Gobierno y la Casa Real pactaron que el rey emérito no durmiera en La Zarzuela ni en otras instalaciones del Estado cuando viniese de visita a España para evitar esta vinculación, una condición que fue aceptada por el propio Juan Carlos.

Por otro lado, el 7 de marzo de 2022 se libró de las investigaciones relacionadas con su fortuna en el extranjero, despejando su horizonte penal y quitándose una importante piedra en el camino. Entonces, el emérito mandó una carta a su hijo en la que le comunicaba que tenía intención de seguir viviendo en Abu Dabi, pero viajar con frecuencia a España. "En este sentido, tanto en mis visitas como si en el futuro volviera a residir en España, es mi propósito organizar mi vida personal y mi lugar de residencia en ámbitos de carácter privado", argumentaba. Siempre que ha venido a España desde su marcha a la capital emiratí ha vuelto a dormir allí, sin quedarse en España, a pesar de que la medida que tomaron desde Casa Real solamente afectaba a las instalaciones del Estado.

En segundo lugar, la Casa Real tiene sus propias exigencias. La más importante de todas es que el emérito deberá tributar en España si quiere vivir aquí. Actualmente lo hace en Abu Dabi, donde es tratado con honores de ex rey y tiene todas las facilidades del mundo a su disposición, y seguirá haciéndolo mientras pase menos de 183 días al año en nuestro país. Quienes están en contacto con él explican que el rey emérito ve el regreso a La Zarzuela como una cuestión de principios y que no está dispuesto a dar su brazo a torcer. Siente que el país está en deuda con él, tal como ha dicho en el citado medio, y quiere regresar a un hogar del que se fue sin siquiera llevarse sus enseres personales. "Para salvaguardar su imagen y reputación de especulaciones y posibles críticas, y por consiguiente salvaguardar la de la Corona como institución, don Juan Carlos debería recuperar la residencia fiscal en España", apuntan desde la Casa Real, que no se oponen a su regreso, pero sí exigen que con él vaya aparejada su residencia fiscal.

Encaje de bolillos: Rey emérito, Casa Real, Gobierno

Para los sectores conservadores, la liberación de los documentos desclasificados ofrece argumentos que fortalecen la percepción del exmonarca como alguien que contribuyó a frenar un golpe de Estado, y por tanto, como merecedor de regresar a España para pasar sus últimos años con dignidad y tranquilidad. Líderes del principal partido de la derecha, el PP, han señalado que la desclasificación debería "reconciliar a los españoles con quien paró el golpe", subrayando el significado histórico de su intervención en la defensa del sistema democrático.

Sin embargo, este enfoque no es compartido por todas las fuerzas políticas ni por todos los sectores de la sociedad. Para muchos en la izquierda y en partidos nacionalistas, la discusión sobre el regreso de Juan Carlos I no puede desvincularse de los escándalos financieros, fiscales y de conducta que han marcado sus últimos años en la vida pública y que, recuerdan, fueron parte de las razones por las que decidió establecer su residencia fuera de España en 2020. Algunos de estos sectores han llegado incluso a calificar la propia desclasificación de los documentos del 23-F como una maniobra con tintes de "blanqueo" político, poniendo en duda las motivaciones detrás de la publicación y cuestionando que la exhibición de archivos históricos de por sí pueda redefinir la valoración de la figura del rey emérito.

Y es que aunque no existe ahora mismo ningún impedimento legal para que Juan Carlos I regrese a España si así lo decide, la decisión última pertenece exclusivamente al propio interesado. El Gobierno, por su parte, ha evitado imponer criterios sobre si su vuelta sería conveniente o no, haciendo hincapié en que la monarquía y sus miembros deben manejar estos asuntos con la debida autonomía respecto a la política partidista. El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, ya aseguró que a Juan Carlos I nunca se le ha impedido regresar y que nunca se le ha denegado la entrada a España. "La única línea roja está en ser residente fiscal en España", argumentaba, replicando la exigencia de la propia Casa Real.

Cuestión de patrimonio

Millones. Es justo en lo que piensa el emérito: está obsesionado en amasar un patrimonio suficiente para garantizar el bienestar de sus hijas y de sus nietos. Por eso, la condición que pone Zarzuela para dejarle residir en España complica su vuelta. Juan Carlos lamenta, en sus memorias, que es "el único español sin pensión ni un sueldo por los 38 años prestados de servicio público", en una suerte de tropo victimista de quien ha vivido a toda velocidad y a todo lujo toda su vida. El monarca no gana dinero público desde que en marzo de 2020 su hijo le retirara la asignación. Tras su exilio voluntario, lo primero que hizo fue levantar la fundación Sumer (acrónimo de Su Majestad El Rey), en la que depositaba su dinero. El primer ingreso fue la amable y escasa cantidad de 200.000 euros.

Es ahí donde, en principio, habría depositado también el dinero de sus memorias- Reconciliación, editadas por Planeta- y lo percibido por vender los derechos para llevar esos recuerdos a un documental. "Como no tengo dinero, necesito monetizar mi legado", argumentaba. Dicha monetización le habría llevado a ganar entre 4 y 5 millones de euros por sus memorias.

El exmonarca Juan Carlos I tiene intención de pasar temporadas en España, pero no contempla ser residente fiscal y afrontar la consecuencia principal de hacerlo: presentar una declaración de la renta cada año. "Cuando rellenas el Modelo 100, también debes dar cuenta de lo que tienes fuera de España, por más ventajas fiscales que haya en otro país. Tú pagas por tu patrimonio mundial en el lugar en el que eres residente fiscal, por eso hay países como Abu Dabi, donde es un 'chollo' y otros como España, donde no", argumentaban expertos fiscales al diario El Mundo. Abu Dabi tiene una de las políticas fiscales más laxas del mundo, con un IRPF del 0%, un IVA del 5% y el Impuesto de Sociedades del 9% para beneficios superiores a 80.784,79 euros, ventajas económicas a las que el monarca renunciaría si regresa a su país de origen.

Así están las cosas: la Casa Real y el Gobierno coinciden en que si el rey emérito quiere regresar, ha de hacerlo tributando aquí, y el exmonarca exige volver a vivir en el Palacio de La Zarzuela, del cual fue vetado para proteger la imagen de las instituciones estatales. Ninguna de estas condiciones es incompatible, pero el orgullo y la persistencia en estas posiciones por todas las partes pueden complicar su vuelta.

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