[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"37871","attributes":{"class":"media-image alignleft size-thumbnail wp-image-160107","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"150","height":"150","alt":"Beatriz Taleg\u00f3n"}}]]Expresiones como "la clase política" son muestra inequívoca de la lejanía que gran parte de la ciudadanía siente hacia los representantes públicos. Algunos políticos a veces dicen aquello de "hay que estar CON los ciudadanos" (como si ellos no lo fueran). Un círculo vicioso que hace la política parezca lo que no es –o no debería ser- y continúe atrofiándose por dar esa imagen que aleja a personas buenas de ella.

Tropelías inimaginables se llevan –presuntamente- a cabo por nuestros máximos dirigentes, por nuestro Gobierno actual: quienes deberían dar ejemplo, pues gestionan lo que es de todos, actúan de manera incoherente y faltando a todos los principios básicos de una convivencia sana. Nuestro gobierno nos miente incumpliendo su programa electoral, no da la cara cuando le exigimos explicaciones, está acusado de supuestas acciones de fraude (graves), y en definitiva, casi todos tenemos la sensación de que nos toman por tontos y poco o nada les importa lo que podamos pensar. Pero aquí no pasa nada.

Es como si caminasen a diez metros del suelo, tomando decisiones y actuando como si estuvieran por encima del bien y del mal. A cualquier ciudadano medianamente sensato no se le pasaría por la cabeza hacer ni la cuarta parte de lo que a algunos dirigentes del Partido Popular se les está acusando. Y por si fuera poco lo que parece ser que ha estado ocurriendo durante todos estos años (y todavía no sabemos qué ocurrió durante el Gobierno del Sr. Aznar porque estamos a la espera de que esa información salga a la luz) se permiten el lujo de destruir pruebas.

Sorprendernos, enfurecernos, indignarnos, llevarnos las manos a la cabeza, criticar, maldecir es algo que sale prácticamente de manera inconsciente. Pero no es suficiente. Ha llegado la hora de dar el paso, de dejar de ser idiotas. Pero no resulta sencillo porque los actuales partidos políticos no están consiguiendo ser una opción que la ciudadanía considere óptima para su compromiso. Sin embargo, es necesario gritar fuerte para que se nos escuche: "no nos merecemos lo que tenemos".

Quienes militamos en un partido político sabemos que hay mucha tarea que abordar. No nos asusta y nuestro compromiso se manifiesta precisamente también dentro de nuestras organizaciones (asumiendo lo que eso a veces conlleva), donde algunos apostamos por la regeneración ética necesaria en la política. Entendemos primordial adecuar nuestros partidos a la nueva realidad, a la necesidad social de una respuesta que venga, también, de la mano de la política. Y comprendemos que para algunos sea extraño defender la militancia activa dentro de las organizaciones que no han satisfecho sus expectativas.

Hay otras maneras de participar en política sin que necesariamente se deba uno afiliar de entrada a un partido. Hay movimientos, como Foro Ético que buscan a través del debate abierto y participativo la regeneración ética de la democracia. Es un buen paso para quienes no ven del todo claro la afiliación vinculada a unas siglas pero necesitan comprometerse.

Para quienes entendemos la política como vocación, como herramienta necesaria para el cambio social, los partidos son un medio más para movilizar y hacer posible la unión de fuerzas que consigan la transformación necesaria en la sociedad. Pero no son la única alternativa. Se trata en definitiva de remar juntos en la misma dirección y siempre que respetemos unos principios y valores cualquiera que quiera aportar ha de ser respetado, animado y bienvenido.

La necesidad es evidente. No hay tiempo que perder. Hay mucha gente que tiene sed de democracia, de participación, que quiere tomar decisiones y pasar a la acción. Esa energía no puede ni debe desperdiciarse. Nuestro Estado de Bienestar está en grave peligro: si no nos unimos quienes defendemos la ética, la coherencia, la transparencia, el valor de lo público, la igualdad de oportunidades, perderemos todos. Y es una debacle que podemos evitar si nos unimos.

Si dedicásemos la misma energía que empleamos en criticar para algo constructivo, viviríamos en un país totalmente diferente. En nuestras manos está la posibilidad de lograrlo, si nos unimos.