Desde Ginebra, donde se ha celebrado este lunes la 79ª Asamblea Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por primera vez en la historia de España, un presidente del Gobierno, en este caso, Pedro Sánchez, ha tomado la palabra. Y lo ha hecho apostando por el liderazgo mundial y en común por salvaguardar la salud global, por cargar contra las "prioridades nacionales" que distinguen a ciudadanos por su procedencia y por hacer frente a las adversidades futuras de la mano de la ciencia.
"Ninguna sociedad merece llamarse civilizada cuando abandona a los suyos cuando caen. Frente a los que invocan hoy prioridades nacionales para excluir, muchos entendimos hace tiempo que la verdadera prioridad de un país es proteger la salud de sus conciudadanos, sin excepciones. Quien divide a ciudadanos de primera y de segunda, no está fortaleciendo a su país, sino lo está debilitando", ha defendido.
En estos términos, ha retrocedido 40 años atrás, cuando nuestro país vivió su Transición Democrática y momento en el que se apostó "por la sanidad universal y gratuita" y, gracias a ella, entre otros avances, Sánchez ha destacado el aumento de la esperanza de vida que, actualmente, se sitúa en los 84 años y ha elevado a España en el puesto número uno de Europa. "Ese proceso nunca ocurre por inercia, requiere voluntad política, de recursos económicos, exige de una ciudadanía comprometida y exigente que no permita retrocesos, extraordinaria que demuestre humanidad. El pasado 24 de marzo, España batió el récord de donación de órganos en 48 horas, 39 personas, 34 fallecidos, cuyas familias dieron el consentimiento para salvar a 75 seres humanos", ha celebrado a su vez.
Al tiempo, desde que arrancó su mandato, Sánchez ha enumerado que su Gobierno ha aumentado el presupuesto en Sanidad en un 43%, mientras que en 2024 se superaron los 100.000 millones de euros, aunque ha reiterado que, pese a los avances logrados, aún no es suficiente: "Pese a la solidez del sistema, es la presión de quienes quieren convertir la salud en un negocio. Dirigentes que llegan al poder para desviar millones de dinero público a grandes empresas privadas, debilitando lo común para enriquecer a unos pocos. Rompen el contrato social más básico de todo sistema democrático. Las consecuencias son devastadoras: en 2022, 1.600 millones de personas se arruinaron haciendo frente a los gastos sanitarios. Una de cada cuatro personas en el mundo, obligadas a elegir entre curarse o comer", ha condenado.
Los riesgos de la desinformación y la lección de la pandemia
Sánchez ha proseguido su discurso desde la OMS siendo consciente de los desafíos actuales en un mundo en constante cambio y, por este motivo, ha aludido a los peligros que conlleva la desinformación tembién en el ámbito sanitario, porque llega a "erosionar la confianza en la ciencia". "La pandemia de la covid-19 dejó una lección imposible de ignorar y olvidar: no podemos proteger la salud dentro de nuestras fronteras si no somos capaces de protegerlas fuera, porque los virus no entienden de fronteras ni banderas. Ningún país se salva solo, proteger a los demás es la mejor manera de proteger a nuestro país. Lo vivimos hace pocos años con la pandemia de la covid-19, ese mismo temor volvió a surgir hace unos días con el brote de hantavirus", ha enfatizado.
Ha apostado así por invertir en salud global porque es sinónimo de "seguridad y justicia" mundial. Frente a las adversidades actuales, teniendo en cuenta que la OMS ha calificado el brote de ébola en el Congo como emergencia sanitaria internacional o la vuelta de los contagios de sarampión, Sánchez ha señalado que son situaciones "que no son inevitables" puesto que "son resultado de decisiones políticas tomadas por unos pocos". "En los últimos dos años, la financiación internacional a la salud global se ha reducido en torno a un 30% y las consecuencias ya están aquí. (...) El mayor riesgo para la salud global es la falta de conciencia, en apenas unos meses, el país que ha recortado 18.000 millones de dólares en salud glibal ha gastado más de 29.000 millones en una guerra devastadora", ha evidenciado, en clara alusión a Estados Unidos.
Frente a esta realidad, ha situado a España como defensora del "sentido común", que se aplica a la negativa de unirse a la guerra, "a los que imponen el unilateralismo frente al multilateralismo" y la defensa de la paz. "En estos tiempos, defender el sentido común se ha vuelto una forma de rebeldía porque hay una pandemia que nadie quiere frenar: la del egoísmo, la que afecta a nuestras sociedades y que se contagia. Mi país ha decidido dar un paso al frente", ha apostado.
Tres pilares para salvaguardar la salud global
Entrando al siguiente punto, sobre cómo proteger la salud global y qué actuaciones se han de poner en marcha, Sánchez ha dado tres puntos a modo de propuesta. El primero de ellos pasa por hacerlo colectivo invirtiendo en "las capacidades globales frente a futuras crisis sanitarias", como reforzando las cadenas de producción de medicamentos o garantizando que nunca más el acceso a vacunas dependa del poder económico o de nacimiento.
En segundo lugar, ha abogado por "reforzar la arquitectura financiera de la salud global" con más recursos y nuevos mecanismos. Mientras que, el tercer pilar, en "democratizar la gobernanza de la salud global haciéndola más efectiva y eficiente", situando en el centro los sistemas nacionales de salud de todos los países. "No olvidemos la mayor lección de la pandemia: no hay seguridad nacional posible en un mundo sanitariamente inseguro. Demostremos que hemos aprendido la lección", ha enfatizado.
De este modo, ha rememorado la reciente crisis sanitaria que se desencadenó en el MV Hondius por un brote de hantavirus, el cual acogió y gestionó España en colaboración con entidades sanitarias y europeas. "En mi país hubo quien se preguntó si debíamos ayudar o abandonarlas a su suerte, cuando recibimos la llamada de la OMS, desde luego, no dudamos. Hay quienes creen que el Derecho Internacional es como un menú a la carta, que la solidaridad depende de la conveniencia. Hubo una segunda consecuencia: cuando un país actúa con responsabilidad, otros responden de la misma manera, es un contagio de la solidaridad. (...) Cuando el Derecho Internacional se respeta, ganamos todos", ha secundado.
En la recta final de su discurso, el presidente del Gobierno ha hecho el inciso en la idea de que la reforma de la salud global ha de acometerse, pero puede estar en manos de "quienes la recortan o de quienes la defienden; quienes creen en la imposición o quienes creemos en el liderazgo compartido, quienes levantan muros o quienes entienden que nadie se salva solo": "El liderazgo internacional no consiste en más poder, sino cuando un país decide actuar cuando otros retroceden. La historia nos va a juzgar a todos, dirá si fuimos capaces de cuidar la vida cuando fuimos capaces, incluso allí donde la guerra la pone en riesgo. O luchamos juntos o caeremos por separado", ha zanjado.
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