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Hasta el jueves pasado, convocar elecciones no estaba encima de la mesa del presidente,Pedro Sánchez. Sin embargo, el que ya puede calificarse como el desahucio más mediático de nuestro país, el de Maricarmen Abascal, perpetrado una semana antes, terminó provocando que el responsable de Moncloa anunciase a principios de esta semana la disolución de las Cortes.
Entremedias han pasado varias cosas que han relegado la crisis de Ceuta a un segundo plano. La situación de la vivienda ha terminado comiéndose a la migratoria, a pesar de que especialmente desde la derecha vaticinaban que la entrada masiva de personas procedentes de Marruecos a finales de julio debía derivar en un nuevo proceso electoral antes de lo que marcaba el calendario.
Sin embargo, fue con el ‘no’ de Junts a los decretos de vivienda cuando, parece ser, la llamada a las urnas empezó a ser una opción, la más plausible de hecho. Así lo recogen medios de comunicación como El País o elDiario.es en sendas crónicas de las últimas horas, decisivas para la decisión que finalmente adoptó el lunes Sánchez tras un fin de semana de reflexión y, en última instancia, cruciales para el devenir del país.
“Hagan lo correcto, porque creo que, si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan”. Esta frase, pronunciada por el secretario general de los socialistas desde la tribuna del Congreso coincidiendo con la votación parlamentaria de los textos, dejaba entrever que de entre las posibilidad del máximo representante del Gobierno se encontraba la de someterse de nuevo a las urnas.
El teléfono se encuentra esa tarde al rojo vivo, con una máxima que se repite entre los dirigentes socialistas, según los medios mencionados: lo mejor es ir a elecciones porque “es una oportunidad”. Y desde la izquierda alternativa, algunos de los ministros que forman parte del Ejecutivo, también abogan por pulsar el botón a partir de un mensaje claro: “Si hay elecciones, nos pillan con la bandera correcta”.
Los decibelios en la calle suben más, si es que tal cosa es posible. En la Puerta del Sol, otra vez epicentro de lucha social, no cabe un acampado más, y las avenidas de todo el Estado reúnen a miles de personas, un millón según el Sindicato de Inquilinas, durante el fin de semana. Y todavía queda el lunes en Barcelona, donde las inclemencias meteorológicas impidieron la marcha prevista horas antes. Un parlamento bloqueado, un problema que va mucho más allá de Maricarmen y una sociedad que pide a gritos una solución. “Con qué cara íbamos a negociar ahora unos presupuestos con Junts. No tenía sentido”, llega a pronunciar una persona muy cercana a Sánchez. No queda otra que convocar elecciones.
Contra las encuestas
De nuevo las encuestas les son desfavorables a la izquierda y al actual Gobierno. Otra vez como en 2023. No obstante, el sentimiento que se extiende entre las fuerzas progresistas es que el escenario actual es el más idóneo para disputar el partido. En el seno de las derechas, tanto PP como Vox ya han activado la maquinaria con la que alientan el fantasma del pucherazo electoral, con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el líder de Vox, Santiago Abascal, como abanderados de esas tesis en España.
Ambos han pedido, por ejemplo, evitar el voto por correo, mientras que el presidente del partido de extrema derecha no se fía de los análisis demoscópicos y apela al ejemplo de 2023 para que su electorado no se confíe. “He aprendido a no ponerme en posiciones inadecuadas y a no vender la piel del oso antes de cazarlo, porque ya ocurrió en 2023, las encuestas decían lo mismo que hoy y Sánchez logró formar una mayoría con todos sus cómplices que nos ha llevado hasta donde estamos”, decía en su primera reacción tras el anuncio de Sánchez.
La izquierda tratará de aprovechar electoralmente la ola de indignación que cada vez se acerca más a una huelga general y, con la vivienda como eje central, centrarse en otros ámbitos como la sanidad o la educación públicas. “Estamos listas y somos más”. Ese mensaje de la izquierda a la izquierda del PSOE, que todavía no tiene candidato para su Frente Amplio -aunque las quinielas apuntan a Mónica García- podría congregar las tres realidades que conviven en este lado del tablero, más allá de las diferencias palpables: la de esta unión de fuerzas progresistas, Podemos y los propios socialistas.



