Las elecciones celebradas este domingo en Castilla y León han dejado muchos análisis pendientes, especialmente en el espectro de partidos ubicados a la izquierda del PSOE. Los socialistas han revertido la tendencia a la baja sufrida en los dos anteriores comicios (Extremadura y Aragón) y lo han hecho hurtando y concentrando casi la totalidad de los votos de Podemos, Izquierda Unida y Sumar, que desaparecen en toda sus formas de la Cortes regionales. Los primeros análisis llegaban ya a última hora, unos más interesados que otros, pero, en esta ocasión, las excusas clásicas de este espectro son insuficientes.
Podemos, que disfrutó de un sillón la pasada legislatura, ha vuelto a ser casi doblado en votos por Se Acabó la Fiesta (SALF) y se ha quedado en un pírrico 0,74%. “Nuestro resultado es muy malo, toca reflexionar”, ha reaccionado Pablo Fernández, secretario de Organización y portavoz de Podemos y quien ostentaba el escaño por Valladolid. Nuestro resultado ha sido muy negativo y vamos a analizar lo ocurrido para mejorar. En Podemos hay gente joven empujando y volveremos más fuertes”, ha añadido el candidato de los morados, a Miguel Ángel Llamas.
“Tenemos que hacer una reflexión colectiva y personal para analizar qué ha pasado. Es necesario hacer balance, autocrítica y una análisis riguroso y sólido”, ha ahondado Llamas. Desde la otra trinchera, la que reunía a Izquierda Unida (IU) y Sumar, el análisis es similar. "El resultado en Castilla y León no es el que queríamos y lamentamos no haber logrado representación en las Cortes […] Estos resultados tienen consecuencias y daño social para la gente trabajadora”, ha trasladado el coordinador federal de IU, Antonio Maillo, cuya alianza con Sumar se ha quedado en el 2,23%.
“Obliga a una reflexión y a intensificar el trabajo desde el territorio y lo social, vinculado a la defensa de los servicios públicos y los derechos sociales. Queda mucho trabajo”, ha añadido. A las reacciones se ha unido también Sumar, primera de las tres formaciones en poner sobre la mesa un punto de conflicto habitual para el espacio. "La gente que quiere votarnos nos está exigiendo acuerdos y nosotras vamos a seguir empujando para que este espacio sea lo más amplio y diverso posible", han espetado los magentas.
Lo cierto es que, sobre el papel, la unidad no habría conseguido llevar a la candidatura ni al 3%. Si bien es cierto que, en lo que a intangibles se refiere, no es lo mismo postularse en bloque, con fuerza y generando ilusión. Aunque no es menos cierto que las dinámicas electorales están castigando fuertemente a un espectro que paga el doble su presencia dentro de un Gobierno en el que ni siquiera tiene una voz prominente y que ha renunciado a abordar con contundencia determinados debates, ya manidos por la extrema derecha.
La hecatombe tampoco es tal si se recuerda que no es la primera vez que la izquierda más allá del PSOE se queda fuera de las Cortes de Castilla y León, territorio histórica y electoralmente de derechas. En momentos pasados, la unidad tampoco garantizó nada, pero varios perfiles han querido aprovechar el resultado para defender sus tesis. Gabril Rufián, diputado de ERC y patrocinador de un nuevo proyecto para el espacio político, ha sido el primero en hacerlo. “Cero escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia”, ha afeado.
A la par, su compañero de viaje en la primera aventura, Emilio Delgado, ha apuntado en la misma dirección. “Por enésima vez, el problema no es la abstención, ni la unidad, ni gaitas… El problema es de alcance. Cada una de las propuestas de la derecha tiene más alcance que la de la izquierda, muy especialmente en el espacio de la autodenominada izquierda alternativa”, ha compartido el portavoz adjunto de Más Madrid, quien ha garantizado que el problema “no es la formula con la que se concurre”, sino “el contenido” de las propuestas que se emiten desde el espacio.
Tampoco cree Delgado ya en el mantra de que una mayor participación es beneficiosa para la izquierda, desmontando en las últimas citas con las urnas. “Hay un conjunto de elementos que cuidar: implantación territorial, liderazgos, discurso, imagen…todo esto no se improvisa la tarde antes del examen”, ha abroncado a sus compañeros. “Si siempre se hacen las mismas cosas, se repetirán los mismos resultados. Vale ya de echarle la culpa al electorado, a la ola reaccionaria o al empedrado”, ha zanjado.
Análisis, a uno y otro lado, todos ellos interesados, que no ocultan que la izquierda más allá del PSOE ni siquiera ha conseguido un 3% en Castilla y León, celebró un escaño Aragón y alucinó con la rara avis de los 7 escaños de Irene de Miguel (Podemos) en Extremadura. El arraigo y trabajo en el territorio pueden estar detrás del caso extremeño, igual que le ha sucedido al candidato soriano del PSOE, cambiando la estrategia del ministro paracaidista. No obstante, más allá de estos detalles, parece que el espacio muere de agotamiento, arrastrando con ello a sus votantes.
El miedo a la extrema derecha y un paquete de propuestas poco ambicioso, en algunos puntos muy similar al del PSOE, guiados por liderazgos cuestionados antes de dar el paso no parecen estar funcionando. El votante desconfía de las formaciones que han gobernado en coalición durante las dos últimas legislaturas y, con el cielo sin asaltar, muchos vuelven al PSOE. La gestión de las expectativas y tener claro dónde te ubicas ideológicamente son claves para que cualquier proyecto eche a andar o se mantenga una vez superada la ola beneficiosa y caducado el populismo.
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