Cristóbal Montoro no está de suerte. En medio de la atención de los medios por la empresa de lobby que creó mientras era eurodiputado, Montoro Asesores Asociados, luego transformada en Equipo Económico, le ha tocado dar la cara tras el Consejo de Ministros. Y lo ha pasado mal. Muy mal. De hecho, un hombre tan dicharachero y dado a las risitas como él, ha tendido a hablar sin decir nada y a reírse muy poco.

Y es que a la primera ocasión que han tenido, los periodistas han tirado a dar y le han hablado de honorabilidad y de los contratos que han caído desde el Estado y organismos públicos a la empresa que él fundó: ¿les había favorecido?, le insinuaron. Y el ministro, que ya de por sí suele a menudo perderse por las ramas, después de hacer la proclama de que "el término honorabilidad es un gran término", habló mucho, quizás como estrategia, para no hacer otra cosa con una voz medio quebrada que enlazar escusas".



"Cuando pasé a ocupar un escaño dejé esa empresa porque entendí que mi dedicación tenía que ser completa", fue su reflexión, olvidando quizás que era entonces eurodiputado, dedicación que a lo que se ve el ministro considera que es posible dedicarse en los ratos libres.

Y después, ya claramente a la defensiva, regañó a los periodistas: "Cada uno que haga lo que tenga que hacer, pero les quiero pedir que no titulen con 'la empresa de Montoro', que titulen con precisión". Y recordó que él vendió su participación en la empresa en 2008, cuando volvió a ser diputado nacional, cargo que, éste sí, ya le pareció incompatible con trabajar haciendo lobby e informes para empresas a las que afectaban las leyes que él había ayudado a redactar.

Y sobre su anunciada comparecencia el próximo miércoles en el Congreso, interpelado por el PSOE, el ministro ya ha advertido que contestó una pregunta sobre el tema en 2013 y que va a repetirse. De hecho, ha advertido, "le voy a pedir a los periodistas que me pregunten, que se lean esa interpelación". El va a repetirse sin pudor, utilizando como gran argumento que  él no puede explicar lo que pasa "en una empresa donde no estoy".

Más allá de que ignore que por lo que se le pregunta es por su papel no en la empresa, sino por el hecho de que esa empresa recibiera contratos con diferentes administraciones y organismos públicos mientras él ocupaba cargos igualmente públicos, Montoro también ha eludido hablar de la filtración que se produjo el pasado martes desde la Agencia Tributaria, dependiente de su ministerio, a algunos medios sobre el informe pedido por el juez Pablo Ruz.

"No me consta que se haya dado nunca una instrucción política a la Agencia Tributaria", ha dicho, y después se ha perdido en las obviedades: "Los informes han ido al Juzgado en su momento y firmados por los funcionarios. A quien pretende buscar no sé cuántos pies al gato, no existe práctica anómala, sino funcionarios respetables que deben ser respetados".

Por último, sobre 'las puertas giratorias' por las que él y los demás asesores de aquella empresa que se llamó Montoro Asesores Asociados y luego Equipo Económico entran y salen, ha dicho que le parecía "positivo" ese ir y venir de lo público a lo privado. "El día que eso no ocurra se empobrecerá el Gobierno". Desde luego, lo que parece, es que se empobrecerán quienes lo hacen.