Hace ocho años, sin imaginar ni por un segundo que iba a contribuir a crear todo un fenómeno, Chari Manso introdujo en España una práctica que iba a dar una oportunidad a miles de personas. En 2007 los cierres de las botellas eran solo tapones. Hoy, tienen nombre, rostro, y, casi siempre, una gran historia detrás.


Trabajaba y trabaja en Toro (Zamora), en la Asociación de Discapacitados Físicos y Psíquicos (ADFYS), hoy integrada en la Fundación Personas, y aunque sólo los suyos y la gente a la que ayuda cada día sabe su nombre, la idea que tuvo una primavera de hace algo más de ocho años, ha permitido a muchas personas seguir luchando contra su enfermedad e, incluso, superarla.






Una idea francesa
Todo comenzó cuando escuchó comentar a alguien que estaba de prácticas que en el Sur de Francia se habían recolectado tapones de plástico con el fin de recaudar dinero para un taller ocupacional. “Así que nos pusimos manos a la obra”, recuerda. “Lo hicimos enfocado al tema del medio ambiente, para concienciar a las personas con discapacidad y a sus familias”.

Al principio Chari reconoce que no lo veía muy viable. Calculó que eran necesarios cerca de 600 tapones para lograr un kilo.

Sin embargo, en pocos meses, era tal el cantidad con la que contaban que decidieron dar un paso más. “Necesitábamos un gestor y tenía que estar cerca. No teníamos medios para trasladarlos”.



No llegamos a la tonelada”
Así fue como contactaron con Plásticos Magonsa, una empresa de Palencia, que aceptó recibir el material. “Para llevarlo nos prestaron un pequeño camión de transporte de animales vivos. Allí nos fuimos dos compañeras y yo. Pensábamos que llegábamos a la tonelada, pero nos quedamos en 890 kilos”.

Con el dinero recaudado la asociación adquirió tres estufas y dio lugar a todo un fenómeno que se convirtió en auténtica obsesión. “Llegamos a utilizarlos, incluso, como terapia, haciendo clasificación por colores”. Cada vez había más tapones. El siguiente paso fue contactar con un transportista “que nos los llevaba hasta la empresa, y que nos cobraba muy poquito”.

Pero con el tiempo ADFYS consiguió que Magonsa le pusiese un contenedor. “No se podía poner en la vía pública y no teníamos espacio, así que otra persona nos cedió su finca privada. Tenía un tractor con pala, lo que permitía volcar los tapones”.

Hoy en un contenedor
Con el tiempo y después de que el tractor se estropease la asociación trasladó el contenedor a Morales del Vino, donde a día de hoy, la empresa sigue recogiendo periódicamente las toneladas que la agrupación recoge en distintos puntos de la zona.

En los últimos años cientos de operaciones, tratamientos, aparatos y prótesis se han sufragado, en buena parte, con el dinero obtenido gracias a la entrega de tapones. De forma individual o a través de asociaciones y fundaciones se recogen millones de toneladas de plástico.



En cada litro de agua, de leche, en el detergente o en los refrescos están Aroa, María Dolores o Adriana. Ellos han logrado ya el dinero que necesitaban.

Esperando la solidaridad



Nayra se recupera hoy en su domicilio de Valencia de la operación que se le ha practicado en Estados Unidos. Su vida valía 700.000 euros. La afirmación es muy dura pero esa era la cantidad necesaria para que un cirujano de americano la operase de la cardiopatía congénita con la que nació y de la que puede lograr una recuperación total, gracias a la perseverancia de sus seres queridos y a los benditos tapones de plástico.

Otros todavía esperan su oportunidad. Adriana da título a este reportaje. Tiene tan sólo 15 meses y padece síndrome de Angelman, una enfermedad rara para la que de momento no hay curación. Sus padres esperan poder sufragar las terapias que le proporcionen mejor calidad de vida gracias. Como ella Sara, Pablo, Celia, Nacho… todos esperan y cuentan con el gesto de miles de ciudadanos anónimos a los que nunca olvidarán.