España

Maricarmen, el símbolo que encendió el clamor social por la vivienda que provocó el anticipo electoral y huelga general

La anciana madrileña fue desahuciada de la vivienda en la que residió durante siete décadas hace 14 días atrás, lo que motivó las movilizaciones sociales por medidas urgentes

Maricarmen celebrando el aplazamiento de su desahucio a 29 de octubre de 2025, en Madrid. EP.
Maricarmen celebrando el aplazamiento de su desahucio a 29 de octubre de 2025, en Madrid. EP.

Maricarmen fue un símbolo, el rostro de una lucha, una mujer que se convirtió en punto de inflexión que encendió la mecha de una situación que estaba a punto de estallar. La anciana y vecina madrileña fue desahuciada a finales de septiembre de la vivienda en la que residió durante siete décadas y que compró un fondo de inversión, se convirtió de la noche a la mañana en el rostro visible de una realidad que llevaba tiempo en la sombra y, tristemente, falleció este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón, sin oportunidad de regresar al que fue su hogar. 

El anuncio del Sindicato de Inquilinas de Madrid confirmando el fallecimiento de Maricarmen Abascal este miércoles se vertió como una noticia completamente triste en el plano social, especialmente por aquellos que levantaron la acampada en la Puerta del Sol de Madrid y en otros puntos del país por solidaridad con ella y en lucha contra los desahucios y las desigualdades que se dan dentro de los márgenes del mercado de la vivienda actual. Poco después de conocerse el deceso, los acampados de Sol emprendieron una marcha hacia el Congreso de los Diputados en señal de homenaje a Maricarmen. "No son muertes, son asesinatos" o "Maricarmen somos todas", fueron algunos de los cánticos que corearon.

La figura de Maricarmen no sólo guardó el rostro de muchos casos previos y presentes de desahucios a lo largo y ancho del país, fue la gota que colmó el vaso también a nivel político. El clamor social que detonó en las principales calles de las ciudades del país sentó como un jarro de agua fría en la esfera política, especialmente en el Gobierno, que corrió a contrarreloj para aprobar dos reales decretos ley: el primero, que confluyeron en la ‘vía Maricarmen’ y las medidas que reclamó el Sindicato de Inquilinas para comenzar a revertir la situación del mercado de vivienda, y un segundo con la prórroga de los alquileres. 

Dos paquetes de medidas que se llevaron a votación al Congreso de los Diputados el pasado viernes, y que terminaron por decaer ante la suma en contra del Partido Popular, Vox y Junts para que no salieran adelante. Un resultado para el Gobierno de Pedro Sánchez que abocó a una reflexión sobre la hoja de ruta a acometer y que, finalmente, se tradujo en un adelanto de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. 

La respuesta social ante este nuevo escenario político ya venía fraguándose en los días previos y terminó por confirmarse también este miércoles con el día 11 de noviembre fijado a fuego en el calendario con una huelga general por la vivienda secundada no sólo por el Sindicato de Inquilinas y demás organizaciones de vivienda, sino también por las principales centrales sindicales del país, UGT y Comisiones Obreras (CCOO). 

Cronología de un símbolo que movilizó a todo un país

El caso de Maricarmen era conocido desde hace meses atrás en su persistente lucha por no dejar atrás el que fue su hogar desde que sus padres lo alquilaron en 1956 y ella lo mantuvo con una renta antigua por 500 euros mensuales. Sin embargo, desde el 23 de septiembre, el día que se ejecutó el cuarto intento de desahucio, la protesta civil a las puertas de su bloque de edificios, en el distrito de Retiro, pronto se movilizó en su favor, presionando a todos los niveles por revertir la decisión del fondo de inversión Urbagestión S.L., propietario del inmueble, que le llegó a ofrecer 1.600 euros al mes de alquiler para permanecer en la vivienda, una cantidad que no podía asumir.

Maricarmen fue trasladada al Hospital Gregorio Marañón de la capital, en el que permaneció dos semanas hasta su fallecimiento, y desde donde llegó a lanzar mensajes de apoyo y agradecimiento a la movilización ciudadana y en los que invitó a seguir luchando por el derecho a la vivienda frente a la especulación. “Sí, he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya. Mi casa ha sido mi vida, y ahora tengo que dejarla atrás. Pero eso no significa que yo no vaya a seguir luchando”, defendió entonces.

Debido al clamor social que despertó, Urbagestión llegó a plantear una propuesta alternativa a la defensa de Maricarmen y con la mediación de la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo (EMVS) del Ayuntamiento de Cibeles para que pudiera regresar al piso cuando recibiera el alta hospitalaria con un nuevo contrato de alquiler por ocho años de duración y una renta no superior al 30% de sus ingresos netos. Un acuerdo que la propia Maricarmen aceptó. 

La movilización en nombre de Maricarmen y que se extrapoló al conjunto de la crisis de vivienda se ha vivido en los últimos días con mayor fervor ante la Puerta del Sol, donde las tiendas de campaña se han multiplicado por doquier y en las calles aledañas, con proclamas que buscan una respuesta eficaz y urgente al problema estructural y que han dado la vuelta no sólo al país, sino dejando a su vez una imagen internacional de protesta. 

Un clamor que, a su vez, el pasado sábado se tradujo en una movilización de 70.000 personas en el centro de Madrid y otros puntos del país, así como la organización de la huelga general ya confirmada para el 11 de noviembre, dos semanas antes de la cita en las urnas, que llevará por bandera este punto de inflexión. El miércoles, con su fallecimiento, la reacción social fue realizar una sentada en Sol, en clave de memoria hacia Maricarmen, así como una marcha que trató de llegar al Congreso de los Diputados y, en paralelo, decenas de personas colocaron velas y carteles de recuerdo frente al edificio donde vivió en Retiro. 

Cabe remarcar que Maricarmen murió antes de firmar su contrato de alquiler, falleciendo este miércoles a las 19.30 horas en el hospital, debido a que su estado de salud se agravó durante esta jornada y fue sedada. Su último adiós pudo dárselo a un primo suyo, además de gente cercana del Sindicato de Inquilinas. Maricarmen no sólo ha sido un rostro con calado social y político, sino una pequeña muestra de la realidad de miles de familias y personas que han sufrido o están siendo presionados por un desahucio, la consecuencia más frívola de los fondos buitre y un mercado de la vivienda, tanto de alquiler como de compra, que no se sostiene por sí solo.

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