El PP está aprovechando su poder territorial para convocar elecciones anticipadas en diferentes territorios y hacer así una cadena de voladuras controladas que erosionen al Gobierno de coalición y lleven a Feijóo y a Abascal a la Moncloa.

En la derecha insisten que este plan del PP tiene como objetivo desligarse de Vox, pero ambos son dos caras de la misma moneda. No parece que exista una voluntad de marcar distancia respecto a la extrema derecha cuando son capaces de reproducir casi idénticamente todos sus postulados de odio contra las personas migrantes. Esto no va de arañar un par de votos a los de Abascal en unas elecciones autonómicas, se trata de aprovechar el hundimiento del Partido Socialista para que gobierne la derecha y la extrema derecha en todo el Estado.

Sin darnos cuenta, el PP ha conseguido normalizar un montón de estratagemas que vienen implícitas en esta jugada orquestada desde Génova 13, Madrid. Ninguna estrella de las mañanas televisivas hará programas enteros sobre el coste de las elecciones anticipadas, ni cuestionará si se trata de unas elecciones oportunas o si se está aprovechando la capacidad de convocar comicios con fines estrictamente partidistas.

Porque también hemos dado por hecho que el partido que gobierna tiene el poder de activar un proceso electoral y todo lo que ello conlleva cuando su marca y sus expectativas electorales están más fuertes, en lugar de reservar ese recurso para momentos de bloqueo institucional o de necesidad real de refrendo ciudadano.

Pero, sin duda, de toda esta burda operación lo más preocupante para el sistema político y la democracia de este Estado es el borrado del debate territorial, donde las elecciones en Extremadura, Aragón o Castilla y León se plantean únicamente como la antesala de las “elecciones de verdad”, las “importantes”, las elecciones generales.

Así queda relegada la soberanía de Aragón y se dirige el voto de los aragoneses y aragonesas con mensajes desde Madrid. Los partidos estatales borrarán del debate la situación de la sanidad, la educación, las políticas sociales, la despoblación o la falta de inversión en las conexiones de tren y carreteras.

Este plan del PP ha contado con la ayuda, no sé si tan casual, del PSOE, que también ha contribuido a aniquilar el debate sobre las necesidades de Aragón, desplegando a sus ministros como líderes territoriales. Candidatos elegidos a dedo desde Madrid y que hasta hace muy poco apenas hablaban de los problemas de aquellos a quienes quieren representar.

Resulta difícil ver a Pilar Alegría como la personificación de la defensa de Aragón y sostener que su prioridad política haya sido y sea mejorar la vida de los aragoneses y aragonesas, cuando hasta hace bien poco solo se la reconocía por ser la portavoz del Gobierno de Sánchez.

Por suerte para los aragoneses y aragonesas, sí que hay alguien que tiene propuestas para mejorar Aragón y planes para fortalecer sus servicios públicos: un partido político de estricta obediencia aragonesa que, por encima de todo, siempre pondrá los intereses de Aragón por delante.

No es muy difícil averiguar que hablo de Chunta Aragonesista y de su candidato, Jorge Pueyo, un amigo al que admiro por sus incansables esfuerzos en defensa de Aragón. No lo harán otros, solo lo hará CHA.

Àgueda Micó, diputada de Compromís en el Congreso

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