La vida de Adolfo Suárez, que ahora se apaga, está marcada por unos intensos años en pos de la democracia. Con la conciliación como principal herramienta, el primer presidente democrático del Gobierno en más de 40 años tuvo que lidiar contra los poderes fácticos que veían con malos ojos el suicidio de la Democracia, muchos de los cuales estuvieron en sus propias filas. Finalmente, Suárez tuvo que rendirse, pero no sin antes dejar tras de sí un legado que ha quedado grabado en el imaginario colectivo, y que llegó más allá de su dimisión.
http://youtu.be/-y3yPJ6qIgk
Entre otras cosas, Suárez fue el primer político español plenamente consciente de la importancia de la imagen televisiva. Algo que puede apreciarse en su vídeo electoral para las primeras elecciones democráticas, en junio de 1977, donde pronunció aquel famoso "puedo prometer y prometo". Una frase que entonces fue objeto de burla, pero que acabó calando hondo en la historia española.
http://youtu.be/SnUtNVn2kiM
Antes de las elecciones, en un jueves santo histórico y que por tanto pilló por sorpresa a la sociedad española, el Gobierno que encabezaba Suárez legaliza el Partido Comunista Español, que meses antes había presentado la documentación para ser incluido en el Registro de Asociaciones. Santiago Carrillo se convertía en candidato oficial a las elecciones y su partido aceptaba la Monarquía y la bandera oficial.
http://youtu.be/RU1XFXgmBX4
Tras su victoria electoral al frente de la UCD, que no le permitió alcanzar la mayoría absoluta, Suárez tuvo que hacer frente a una situación económica desastrosa que empezaba entonces a acusar la crisis del petróleo de 1973. Inflación galopante y paro desbocado -aunque ni siquiera entonces llegaba a las tasas actuales- llevaron a los famosos Pactos de la Moncloa, con la participación de todas las fuerzas políticas y prácticamente todos los sindicatos y la patronal. Unas imágenes que cuesta siquiera imaginar hoy día.
Su distanciamiento con el Rey y la falta de apoyo interno en una UCD que ya empezaba a desmoronarse llevaron a su dimisión en enero de 1981. "Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad", fueron las primeras palabras de Suárez el día de su dimisión, en un discurso en el que aseguraba que "mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia". "Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea una vez más un paréntesis en la Historia de España", añadió, y eso logró.
http://youtu.be/IFwYlnEkPUQ
Poco después vendría una de las imágenes más famosas de Adolfo Suárez cuando, el día de la investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo, el 23 de febrero de 1981, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entra en el Congreso, pistola en ristre, para intentar dar un golpe de Estado. Ante los disparos de los golpistas, todos los diputados se agazapan en su escaño, pero tres de ellos permanecen firmes en su puesto: Santiago Carrillo, Gutiérrez Mellado. Tiempo después, en una entrevista, Suárez explicaría por qué adoptó esa posición: "Soy el presidente del Gobierno y el presidente del Gobierno no tiene que tirarse al suelo... porque no. Entiendo que los demás lo hicieran, y quizá yo lo hubiera hecho si fuera presidente del Gobierno".
Ya apartado de la política, Adolfo Suárez vuelve a ser visto en público en el 2002, durante el XXV aniversario de aquellas elecciones de 1977, en una Solemne Sesión Conmemorativa en la que se sientan juntos los expresidentes de entonces: él mismo, Calvo-Sotelo y Felipe González.
Su última aparición pública, antes de que la enfermedad empezara a afectarle, es durante un mitin político del Partido Popular en Albacete en 2003, de cara a las elecciones autonómicas en las que su hijo, Adolfo Suárez Illana se presentaba como rival de José Bono.
Aunque la última vez que los españoles pudieron verle fue de espaldas, en una fotografía que pasará a la historia junto al que fuera su compañero de fatigas en aquellos años críticos: el rey Juan Carlos I, que le visitó junto a la reina Sofía en su domicilio particular para entregarle el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Es la imagen de dos amigos en la que, a uno de ellos se le ve cómodo, aunque ya no recordase que fue el primer presidente democrático de España.
http://youtu.be/-y3yPJ6qIgk
Entre otras cosas, Suárez fue el primer político español plenamente consciente de la importancia de la imagen televisiva. Algo que puede apreciarse en su vídeo electoral para las primeras elecciones democráticas, en junio de 1977, donde pronunció aquel famoso "puedo prometer y prometo". Una frase que entonces fue objeto de burla, pero que acabó calando hondo en la historia española.
http://youtu.be/SnUtNVn2kiM
Antes de las elecciones, en un jueves santo histórico y que por tanto pilló por sorpresa a la sociedad española, el Gobierno que encabezaba Suárez legaliza el Partido Comunista Español, que meses antes había presentado la documentación para ser incluido en el Registro de Asociaciones. Santiago Carrillo se convertía en candidato oficial a las elecciones y su partido aceptaba la Monarquía y la bandera oficial.
http://youtu.be/RU1XFXgmBX4
Tras su victoria electoral al frente de la UCD, que no le permitió alcanzar la mayoría absoluta, Suárez tuvo que hacer frente a una situación económica desastrosa que empezaba entonces a acusar la crisis del petróleo de 1973. Inflación galopante y paro desbocado -aunque ni siquiera entonces llegaba a las tasas actuales- llevaron a los famosos Pactos de la Moncloa, con la participación de todas las fuerzas políticas y prácticamente todos los sindicatos y la patronal. Unas imágenes que cuesta siquiera imaginar hoy día.
Su distanciamiento con el Rey y la falta de apoyo interno en una UCD que ya empezaba a desmoronarse llevaron a su dimisión en enero de 1981. "Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad", fueron las primeras palabras de Suárez el día de su dimisión, en un discurso en el que aseguraba que "mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia". "Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea una vez más un paréntesis en la Historia de España", añadió, y eso logró.
http://youtu.be/IFwYlnEkPUQ
Poco después vendría una de las imágenes más famosas de Adolfo Suárez cuando, el día de la investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo, el 23 de febrero de 1981, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entra en el Congreso, pistola en ristre, para intentar dar un golpe de Estado. Ante los disparos de los golpistas, todos los diputados se agazapan en su escaño, pero tres de ellos permanecen firmes en su puesto: Santiago Carrillo, Gutiérrez Mellado. Tiempo después, en una entrevista, Suárez explicaría por qué adoptó esa posición: "Soy el presidente del Gobierno y el presidente del Gobierno no tiene que tirarse al suelo... porque no. Entiendo que los demás lo hicieran, y quizá yo lo hubiera hecho si fuera presidente del Gobierno".
Felipe González, Leopoldo Calvo-Sotelo y Adolfo Suárez durante la Solemne Sesión conmemorativa del XXV aniversario de las elecciones de 1977 celebrada en 2002 en el Congreso de los Diputados. Efe.ARCHIVO
Ya apartado de la política, Adolfo Suárez vuelve a ser visto en público en el 2002, durante el XXV aniversario de aquellas elecciones de 1977, en una Solemne Sesión Conmemorativa en la que se sientan juntos los expresidentes de entonces: él mismo, Calvo-Sotelo y Felipe González.
Su última aparición pública, antes de que la enfermedad empezara a afectarle, es durante un mitin político del Partido Popular en Albacete en 2003, de cara a las elecciones autonómicas en las que su hijo, Adolfo Suárez Illana se presentaba como rival de José Bono.
Fotografía hecha por Adolfo Suárez Illana de su padre con el Rey cuando éste le entregó el Toisón de Oro. La imagen, la última de expresidente que se ha hecho pública, recibió el premio Ortega y Gasset de periodismo en el año 2008
Aunque la última vez que los españoles pudieron verle fue de espaldas, en una fotografía que pasará a la historia junto al que fuera su compañero de fatigas en aquellos años críticos: el rey Juan Carlos I, que le visitó junto a la reina Sofía en su domicilio particular para entregarle el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Es la imagen de dos amigos en la que, a uno de ellos se le ve cómodo, aunque ya no recordase que fue el primer presidente democrático de España.