El libro "Rouco. La biografía no autorizada", del periodista José Manuel Vidal, director de Religión Digital, repasa la figura de Antonio María Rouco Varela a lo largo de los últimos 40 años y le acusa de "hundir la imagen" de la Iglesia en España, además de desvelar algunos de los secretos ocultos del cardenal, convertido ya en un okupa en el Arzobispado de Madrid, que se niega a abandonar a pesar de tener sustituto.

Sin carisma
"Un hombre sin carisma, pero que ha conseguido más poder que cualquier otro eclesiástico en la historia moderna de España”, afirma el autor de la biografía de Rouco, que le describe como un hombre que cambió sus mejores ideales progresistas a cambio del poder. En la década de los 70, Rouco dio la espalda al Concilio Vaticano II y traicionó a su amigo y mentor, el teólogo gallego Xosé Chao Rego, que siguió alineado a las tesis progresistas de la Iglesia.

Su etapa 'progre'
En pos del poder dentro de la Iglesia, Rouco traicionó su postura progresista, evidenciada en la etapa final del régimen franquista cuando junto a otros prestigiosos teólogos (Olegario González de Cardedal, José María Setién o Fernando Sebastián) firmó un documento para criticar las presiones del Vaticano que tenían como fin frenar la apertura de la Iglesia en España.

En su etapa en Alemania Rouco se relacionó “con un grupo alemán vinculado con Suresnes, el refugio de los socialistas españoles en Francia y, por lo tanto, era buen conocedor de lo que se estaba fraguando políticamente en los estertores del franquismo". Entonces, defendía "una especie de socialismo cristiano". Según narra el autor, en "encuentros con algunas de las comunidades salmantinas de religiosos, Rouco se dedicaba a explicarles qué había pasado en el PSOE después del trascendental Congreso de Suresnes. Y cuando alguno de ellos mostraba desconfianza en la capacidad de Felipe González para dirigir España, él solía responder: 'lo hará bien, en la línea del SPD alemán'".

Golpe de timón en pos del poder
Sin embargo, cuando los mismos teólogos que se opusieron con él a las presiones desde el Vaticano suscribieron un segundo documento para defender la Transición, Rouco no firmó y poco tiempo después consiguió llegar a obispo auxiliar de Santiago.

Corazón agarrotado
De su vida privada el libro narra paisajes de su infancia en Villalba, Lugo, como la muerte de su padre cuando él tenía siete años y, después, la de su madre a causa de la esclerosis lateral amiotrófica. Su carácter solitario, amante del piano y del cine,  “de gran cabeza pero de corazón agarrotado”.

La afición a la bebida de dos tíos sacerdotes 
Lo de sacerdote le venía de familia, ya que dos de sus tíos lo eran, aunque no eran un buen ejemplo para el joven Rouco por su afición a la bebida. Cuando decidió entrar en el seminario, su madre le preguntó si estaba convencido porque temía que se repitiera la historia.

Una depresión crónica
Otro de los aspectos llamativos de la personalidad de Rouco que desvela el libro es su problema de “depresión”, que le ha acompañado toda su vida. Un padecimiento que disimulaba con la imagen de “un gallego melancólico y con morriña". Una enfermedad tratada desde hace casi cincuenta años. Otro mal que sufre el que ha sido arzobispo de Madrid durante 20 años es el “estreñimiento”, lo que le ha impedido “engordar”.

"No parecía que le atrajesen las chicas"
Sobre la vida sexual del cardenal, el libro recoge el testimonio de su antiguo amigo Xosé Chao: "Rouco optó por reprimir su afectividad y lanzarse a hacer carrera a buscar el poder (…) Yo necesito ser querido y que me lo digan. Antonio, en cambio, sublimaba mejor el instinto sexual, quizá porque no parecía que le atrajesen las chicas".