Durante la serie Mundial de Rugby en Valladolid, un jugador francés se me acercó para preguntarme: es duro ser negro en España, ¿verdad? Y leyendo a Mariano Rajoy la respuesta es clara. Y es que lo escrito por el expresidente, en la tribuna de El Debate que en la selección francesa de fútbol “no hay franceses”, que Matetá, Muani, Barcolá, Koné, Koundé, Dembélé, Mbappé o Olisé no representan a Francia por ser de raza negra. Vamos, que talento y pertenencia cotizan según los prejuicios de quien mira. ¿piensa Mariano lo mismo de Nico Williams o Lamine Yamal cuando visten la roja? ¿Cómo tienen que estar las encuestas en favor de la ultra derecha para que sean precisamente los sectores antaño más moderados de la derecha quienes asuman los códigos, mensajes y declaraciones más abyectas, infumables y abiertamente racistas de la extrema derecha? No es un calentón a lo Poli Rincón, lo ha escrito y por tanto es muy grave entre otras cosas porque carece de total analisis deportivo... refuerza el racismo social cotidiano que hace de la vida de los negros un infierno. Por tanto, no podemos fingir como que no pasa nada y no solo por el evidente carácter supremacista de las mismas –pues desgraciadamente ya nos estamos malacostumbrando a que políticos o tertulianos insulten a negros, musulmanes e inmigrantes. – sino por el intento de normalidad que la opinión pública española en un primer momento ha intentado revestir lo expresado por Rajoy, hasta que las protestas de los Ministros y la embajada francesa, lo hicieron imposible. Desde el Dr. Arcelin y el famoso Negro de Banyoles, en España suele ser muy típico. Pero Francia no es España y a pesar de Marie Lepen, la selección de fútbol es un símbolo de la República y la normalización del racismo y sus narrativas no forma parte todavía de los valores de la República, basta con la cantidad de alcaldes racializados que hay. Los esfuerzos por minimizar el rap de Rajoy, amparándose en la polarización, buscan normalizar el racismo, olvidan que el racismo no es una opinión política respetable, ni un "comentario desafortunado". Una compañera famosa por linchar a Vinicius Jr. en el Chiringuito me dice que al expresidente se le ha entendido mal. Que no es para tanto. ¡Pues sí lo es!
Cuando Rajoy habla de quién es francés, sigue a un patrón. No lo confunde con Godoy un afrancesado, enseña a la gente a aceptar el racismo como algo normal. Es el espíritu del gran reemplazo que en los 90 vociferaban grupos nazis cómo Bases Autónomas pero que ahora opera ya, en las instituciones, en formaciones políticas que aspiran a gobernar una España diversa. La expresión de Rajoy no ha sido malentendida, no. Sino que escribe desde espacios marcados por el privilegio y la supremacía racial, y no lo esconde. Habla desde dentro del sistema, con todas sus contradicciones. Ya no busca quedar bien, todo vale con tal de competir con Abascal o Sílvia Orriols, disputarle el discurso y el voto a VOX y Aliança catalana. Por tanto, se arriesga, provoca, incomoda, agrede, pero no invita a pensar críticamente. No se trata de una confusión, sino de una clara intención. Porque el racismo se manifiesta de muchas formas a la vez. Un ejemplo es la justicia donde se observa un sesgo racial referido a un modo de actuar por parte de las instituciones que perjudica notablemente a las personas no blancas. Una situación que va más allá de simples prejuicios de funcionarios, que hace referencia a un patrón reflejado en prácticas como la falta de credibilidad otorgada a personas racializadas en los procesos judiciales y que afecta al procedimiento. Este fenómeno se sustenta en una atención policial- judicial fundamentado en ideas cómo las de Mariano, enfoca y castiga de manera desigual delitos cometidos por personas no blancas, en comparación con población blanca. Lo que genera una sobrerrepresentación de personas migrantes y racializadas en procesos judiciales y, por ende, en instituciones penitenciarias. Lo dicho por Rajoy podría incluso, tratarse de un debate de derecho constitucional pues cuestiona no solo la nacionalidad de los jugadores sino también su identidad: las bases epistémicas de la nación. Algunos cometen el error de considerarlo únicamente como un término poético propio de las letras de odio que el Alcalde de Ourense le dedicó con total impunidad a los jugadores negros de Carlo Ancelotti. No hay que verlo como una expresión individual o personal sino sistémica, como símbolo de los tiempos. En el contexto político actual, es mucho más que una metáfora. Es una crítica profunda a la igualdad, a los principios que conforman la jerarquía interpretativa de la convivencia, democracia y la Europa multicultural. Recuerda a Hitler huyendo del estadio olímpico de Berlín para no saludar a Jesse Owens.
Martin Luther King en Porque no podemos esperar mostró que el racismo no se erradica solo, requiere de una autocrítica, cambios estructurales y consecuencias. Algo que brilla por su ausencia. Recordar las más de veinte denuncias de Vinicius ante la fiscalía. El gobierno y los jugadores de toda Francia se sienten ofendidos, porque Rajoy atacó el espacio de representación, paisaje interno y psicología de la imagen de la República. Pero toda España debería sentirse igual, porque el deporte nació cómo espacio para representar lo mejor que somos como sociedad. Los panafricanistas que luchamos por los derechos y la dignidad negra en las sociedades hispanas, no ofrecemos respuestas fáciles sino abrir fisuras que desafíen los discursos neocoloniales dominantes, sin falsas neutralidades entre el kkklan y los Panteras: exigimos una disculpa de Rajoy, una reparación mínima, simbólica pero justa y necesaria. Y debemos hacerlo por España, una sociedad que afirma no ser racista, pero se niega a hacer un diagnóstico humilde del conflicto: como defensa central del Racismo FC, Mariano ha entrado al tobillo con los tacos, lesionando a los de su propio equipo, España. Debería recibir la tarjeta roja. Aplaudir la respuesta del presidente del Gobierno, cuando dijo: "Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo". Por ello invitamos a Mariano a que se retracte. No puede salirle gratis. Porque el racismo se retroalimenta y crece precisamente por su impunidad, Omertá y el silencio cómplice.
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