Si algo deja claro la actualidad política es que la vuelta del parón de verano, el próximo mes de septiembre, será de altísimo voltaje tanto para el Gobierno como para la oposición. El presidente Pedro Sánchez prepara un final de curso centrado en la vivienda y la gestión de la gravísima situación de los incendios, los temas que marcarán el último Consejo de Ministros antes del fin de curso este martes. Tras esto, Moncloa comenzará a preparar un otoño que será determinante, con el fin de la legislatura y el avance de las distintas causas judiciales que rodean al Partido Socialista. 

En ese contexto, el Gobierno plantea la vuelta del verano como el inicio de la precampaña electoral, de cara a unos comicios que, si bien aún no tienen fecha, están más cerca que nunca. El Ejecutivo sostiene que serán en 2027, pero la fecha exacta gira en torno a la carta a la que lo han fiado todo: los Presupuestos Generales del Estado. Moncloa tiene ventaja, ya que puede jugar con el calendario de estos que, junto al refuerzo del perfil internacional de Sánchez, serán sus armas para un inicio de curso que apunta a ser de los más tensos en años. 

Los presupuestos y el calendario electoral

En la sede del Gobierno y en Ferraz saben que las cuentas públicas decidirán el fin de la legislatura, de la que se han cumplido tres años justo antes del parón estival. Es por ello por lo que, en su momento de mayor debilidad parlamentaria y judicial, Moncloa ha decidido poner fin a tres años de prórroga de los presupuestos, presentarlos, y centrar toda la atención legislativa en ellos, aunque son conscientes de que, previsiblemente, decaerán en el Congreso de los Diputados

Esto ha quedado claro desde los primeros pasos de este proceso, ya que la Cámara Baja ya ha rechazado dos veces la senda de déficit, la antesala del proyecto de cuentas. Aun así, en el Ejecutivo están dispuestos a aprovecharse del calendario para usarlos a su favor estratégico, ya que no eluden una cuestión fundamental: si presentan los presupuestos y se los tumban, las elecciones son inevitables

Lo que pretende Moncloa es que Sánchez pueda pulsar el botón electoral en el momento más oportuno, y ampararlo en la caída de las cuentas. Este argumento es mucho más beneficioso, a nivel electoral, que los que tratan de echarle encima el Partido Popular, que lo ha fiado todo al devenir de las causas judiciales; o los socios más críticos, que señalan la poca capacidad legislativa del Gobierno. 

Una vez que el debate político se centre en el contenido y el futuro de los presupuestos, la siguiente cuestión será la fecha exacta de las esperadas elecciones generales, momento en el que las tensiones tocarán techo. La fecha límite para ellas es a mediados de octubre de 2027, ya que es cuando se cumple el plazo legal desde el 23 de julio, cuando se cumplirán cuatro años de las últimas. Sin embargo, las quinielas las sitúan mucho antes, concretamente antes de las autonómicas y municipales del 23 de mayo. Sánchez ha repetido, por activa y por pasiva, que no habrá un ‘superdomingo’ ese día, por lo que todo apunta a que se celebrarán durante los primeros meses del año, lo más probable, en marzo. 

Las cuatro cumbres internacionales

La otra pata de la estrategia de Moncloa es una que ya se viene reforzando desde hace meses: el perfil internacional de Sánchez. El presidente lleva tiempo presentándose como un actor relevante a nivel global, con una firme oposición a Donald Trump en cuestiones como el ‘No a la guerra’ de Irán, el rearme de la OTAN o el genocidio en Gaza; o un acercamiento a China como aliado estratégico. 

Conscientes del poder que les da la presencia de Sánchez como jefe del Ejecutivo en compromisos internacionales, que además permiten desviar el foco de la situación interna en España, el Gobierno ha encontrado cuatro ocasiones en las que el calendario les va a beneficiar en ese sentido. A partir de otoño, coincidiendo con ese clima de precampaña, el presidente tiene previstas cuatro citas internacionales de referencia, en las que podrá reforzar su perfil como líder progresista y socialdemócrata que avalará también con los presupuestos que termine presentando. 

La primera será a finales de septiembre –del 22 al 26-, cuando viaje a Nueva York para acudir a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en un contexto marcado por la guerra en Oriente Próximo, con la que Sánchez seguirá siendo beligerante. Tras esto, en noviembre –los días 4 y 5-, el presidente recibirá en Madrid a los líderes de 22 países en la XXX Cumbre Iberoamericana, con el foco puesto en el auge de la ultraderecha en varios países del continente.

A finales de ese mes –del 9 al 20-, se celebra la COP31, la cumbre sobre el cambio climático de la ONU, en París; y en diciembre Sánchez acudirá a Washington como invitado de la cumbre del G20, donde tendrá un nuevo encuentro con Trump en plena escalada comercial entre el presidente de Estados Unidos y la Unión Europea.

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