Alberto Núñez Feijóo ha decidido mirar hacia un terreno en el que Santiago Abascal lleva años tratando de jugar con ventaja. El líder del Partido Popular ha intensificado durante los últimos meses sus contactos con algunos de los principales referentes de las nuevas derechas latinoamericanas, un espacio político que Vox había convertido en una de las grandes vitrinas internacionales de su proyecto.

El movimiento coincide, además, con un reajuste en la agenda de Abascal. Según ha publicado este lunes El Confidencial, Vox ha aplazado la celebración de VIVA 26, el gran acto con el que la formación acostumbra a exhibir en Madrid su músculo político y sus conexiones internacionales. Mientras ese escaparate queda por ahora en suspenso, la estructura exterior vinculada al partido mantiene su actividad y prepara una de sus principales citas del año en América Latina.

El próximo 3 de septiembre, Foro Madrid celebrará en Santiago de Chile su V Encuentro Regional. La organización, impulsada por la Fundación Disenso que preside Abascal, anuncia más de 40 ponentes y representantes de más de 25 países. Sus organizadores presentan la cita como un espacio para reforzar la coordinación entre fuerzas políticas conservadoras de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.

La elección de Chile tampoco resulta casual. Foro Madrid encuadra el encuentro en el giro político que ha atravesado una parte de América Latina en los últimos años y cita expresamente las victorias de dirigentes de derechas en distintos países de la región. Para Vox, ese escenario tiene un valor añadido: buena parte de esas relaciones comenzaron a cultivarse cuando muchos de esos dirigentes todavía aspiraban a alcanzar el poder.

Ahí reside una de las fortalezas internacionales que Abascal ha intentado construir al margen del peso parlamentario de Vox en España. A través de Disenso, Foro Madrid y la llamada Carta de Madrid, la formación ha buscado durante años estrechar lazos con dirigentes y organizaciones conservadoras y de derecha radical a ambos lados del Atlántico.

Pero Feijóo no quiere dejarle ese espacio en exclusiva. El PP ha dado señales claras de que América Latina ocupa un lugar creciente en su estrategia exterior. El pasado mes de julio, Feijóo viajó a Lima para asistir a la toma de posesión de Keiko Fujimori como presidenta de Perú. Allí mantuvo una reunión bilateral con la nueva mandataria y aprovechó su estancia para encontrarse también con el presidente chileno, José Antonio Kast, y con el ecuatoriano Daniel Noboa.

La relación con Fujimori, además, venía trabajándose desde antes. Tras confirmarse su victoria electoral, la dirigente peruana agradeció públicamente el respaldo recibido de Feijóo durante la campaña y recordó que ambos ya habían intercambiado ideas a través de Reformismo21, la plataforma vinculada al entorno político del presidente del PP.

No se trata, por tanto, únicamente de una sucesión de fotografías diplomáticas. Génova está tratando de reforzar los vínculos del PP con las nuevas derechas latinoamericanas y de presentar a Feijóo como un interlocutor natural de esos gobiernos ante la posibilidad de que llegue a La Moncloa. Esa reorientación de la política exterior popular ha sido descrita también como una respuesta al terreno ganado previamente por Vox en la región.

La paradoja es evidente. PP y Vox pueden necesitarse en España para construir una mayoría alternativa al PSOE, pero en el exterior compiten por influencia sobre buena parte del mismo ecosistema político.

Abascal pierde el monopolio internacional

Durante años, Abascal ha podido exhibir sus relaciones internacionales como una prueba de que Vox forma parte de una corriente política que trasciende las fronteras españolas. La cercanía con líderes extranjeros permite a la formación proyectar una imagen de influencia superior a su peso institucional y alimentar la idea de que sus posiciones forman parte de un movimiento político internacional en expansión.

Para Feijóo, permitir que Vox monopolice esas relaciones entraña un riesgo. Si los principales gobiernos conservadores latinoamericanos reconocen a Abascal como su interlocutor prioritario en España, el dirigente de Vox obtiene una posición privilegiada frente al electorado de derechas. El PP, en cambio, necesita presentarse como una alternativa de gobierno capaz de mantener relaciones propias con esas mismas capitales.

El viaje de Feijóo a Perú mostró hasta qué punto Génova está intentando corregir esa situación. Mientras Pedro Sánchez realizaba su balance político en España, el presidente del PP estaba en Lima fortaleciendo contactos con Fujimori, Kast y Noboa y reivindicando el papel de España como puente entre la Unión Europea e Iberoamérica.

La pugna tampoco significa que PP y Vox busquen exactamente lo mismo. Feijóo necesita proyectar una imagen presidencial y construir relaciones institucionales con gobiernos extranjeros. Abascal, por su parte, ha impulsado durante años una red de partidos, fundaciones y movimientos ideológicamente afines que funciona también como plataforma para compartir discursos y estrategias políticas.

Sin embargo, ambas trayectorias empiezan a cruzarse. Chile es quizá el ejemplo más evidente. Foro Madrid prepara allí su gran cita regional para comienzos de septiembre, mientras Feijóo ya ha buscado estrechar relaciones con Kast. Perú ofrece otra muestra: Fujimori ha mantenido contactos con el dirigente popular, mientras el nuevo mapa político de la región es presentado por las organizaciones vinculadas a Vox como parte de un cambio ideológico del que pretenden sentirse protagonistas.

El aplazamiento de VIVA 26 llega en ese contexto. El gran acto madrileño ha servido tradicionalmente a Vox no solo para movilizar a sus bases, sino para reunir o mostrar el respaldo de referentes políticos extranjeros. Su postergación no implica, sin embargo, que Abascal haya rebajado esa apuesta internacional. La actividad de Foro Madrid apunta precisamente en la dirección contraria.

Lo que cambia es el escenario de la competición. Vox ya no es el único partido español que intenta capitalizar políticamente el giro a la derecha en varios países latinoamericanos. Feijóo quiere también ocupar ese espacio y aparecer junto a los dirigentes que Abascal lleva años presentando como aliados de su proyecto.

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