Antonia Valls, de 86 años, se acercó despacito y con muchos nervios al mediodía del viernes 6 de septiembre al cementerio de Borriol. Culminaba la lucha de toda una vida. Un grupo de arqueólogos y antropólogos y el Grupo por la Recuperación de Memoria Histórica de Valencia acababa de iniciar la excavación de la fosa donde justo 75 años atrás, sepultaron de mala manera el cuerpo de su padre. José Valls era concejal, quería amparar a sus vecinos y creyó la promesa de Franco de que sin delitos de sangre, nada había que temer.

Gracias al crowfounding solidario
 Los trabajos de la exhumación se están realizando gracias a la aportación desinteresada de varios cientos de personas que por Internet han sumado, euro a euro, los 6.800 precisos para que José Valls vuelva al fin con su familia. Este año, el Gobierno, como ya anunció su presidente Mariano Rajoy antes de acceder a su cargo, ha destinado cero euros a la Ley de Memoria Histórica interrumpiendo el rescate de los cuerpos de 130.000 españoles asesinados y enterrados en cunetas y hoyos anónimos.

Junto a la fosa, la tapia del terror
Muy cerquita del agujero, situado en el centro del cementerio, lindando con dos torres de nichos y cubierto en una primera capa por tierra de aluvión de otras fosas desmontadas con restos de huesos que quizás alguien esté deseando reclamar, está la tapia. La tapia en que fusilaron a José Valls y Luis Messeguer el 2 de septiembre de 1938.

Las dos faltas de José Valls
José cometió dos faltas. La primera ser concejal electo por confianza de sus vecinos. La segunda fue la peor. Creyó el mensaje golpista, consideró que las palabras de Franco de que nada iba a pasarles a aquellos que no tuvieran sangre en las manos era verdad, porque José Valls no tenía nada que reprocharse y como representante municipal electo, tampoco pensaba dejar a sus vecinos desamparados.



“Le temían porque representaba la idea, no el fusil”
Dice el coordinador del GRMH que está en Borriol excavando la fosa, que el problema de José fue creer que la normalidad iba a seguir en España sin darse cuenta de que gente como él suponía el mayor peligro para los nuevos dictadores. “José Valls representaba la idea, no el fusil. Y eso era lo que más miedo les daba a los golpistas. Ese era el perfil de la gente que cogieron, los comprometidos con su pueblo, los que creían en la palabra y en que la vida debía seguir para todos y por tanto, se quedaron allí con los suyos.”

Una limpieza atroz
Su destino estaba escrito cuando las tropas de ocupación tomaron Vinaroz, considera Alonso. “En pocas semanas cada localidad fue sometida a una limpieza atroz. Perseguían una acción ejemplar basada en el terror y en la dominación por la fuerza. José Valls y Luis Messeguer fueron los primeros de los siete que cogieron los primeros días en Borriol.”A ellos dos los mataron en esa tapia aún visible que sobrecoge, dice Matías Alonso, mientras los arqueólogos van quitando los primeros sustratos, leyendo la tierra y avanzando con mimo hacia el encuentro de restos humanos.

Una semana para rescatarle
Unas nubes negras empañan el sol sobre el cementerio de Borriol. El grupo de memoria histórica ha tendido toldos para seguir trabajando aún bajo la lluvia. El Ayuntamiento solo ha concedido una semana para realizar la exhumación. “La hija se ha venido arriba, -comenta Alonso- al ver la actividad y la entrega con la que los especialistas están actuando para encontrar al padre”.

La tarea de toda una vida
 “Se fue a ver a un amigo y nunca más volvió”, relata Antonia con una voz que tiene un eco raro de la adolescente que era entonces. Le estaban esperando. No había hecho nada reprochable,  pero no escucharon. Dejó su sangre allí, en ese muro que está apenas a 50 metros de la fosa en la que José Valls ha esperado pacientemente 75 años. Ella da las gracias a la gente que ha compartido su afán participando con donativos a través de Internet.  Con su ayuda, Antonia ya está a punto de concluir la tarea que tenía pendiente.