Con la mirada puesta en próximos ciclos electorales y en la recomposición del tablero político, los nombres propios vuelven a ocupar el centro de la conversación. La izquierda situada a la izquierda del PSOE debate no solo programas o alianzas, sino también qué liderazgo puede conectar con una nueva mayoría social. En un contexto de fragmentación orgánica, desgaste institucional y competencia entre proyectos que comparten electorado, la cuestión del liderazgo aparece como un elemento decisivo para determinar la capacidad de este espacio político de influir en la agenda pública y de traducir sus propuestas en poder efectivo. No se trata únicamente de quién encabeza una candidatura, sino de quién logra sintetizar sensibilidades diversas, generar confianza más allá de su base militante y proyectar una imagen de utilidad política ante una ciudadanía cada vez más volátil en sus apoyos.
El debate se ha intensificado en las últimas semanas tras el llamamiento del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, y del dirigente madrileño Emilio Delgado a abrir una reflexión sobre la necesidad de articular un frente amplio de izquierdas más allá del PSOE. Ambos han planteado la conveniencia de repensar estrategias, superar la dispersión electoral y explorar fórmulas de cooperación entre fuerzas progresistas estatales, territoriales y municipalistas. Aunque la propuesta se encuentra todavía en una fase embrionaria y sin concreción orgánica, ha servido para reactivar una discusión de fondo: quiénes están en condiciones de liderar ese eventual reordenamiento del espacio político.
En ese mapa plural conviven figuras con experiencia de gobierno, referentes partidistas consolidados y liderazgos territoriales con fuerte implantación social. Entre los nombres con mayor proyección estatal destacan Irene Montero, Ione Belarra y Pablo Iglesias, vinculados al ciclo político iniciado por Podemos y con un perfil ideológico nítido dentro de la izquierda transformadora. Junto a ellos, la vicepresidenta Yolanda Díaz y el ministro Pablo Bustinduy representan la apuesta articulada en torno a Sumar, más orientada a la construcción de mayorías amplias y a la gestión institucional.
El liderazgo en la izquierda no se limita, sin embargo, al ámbito estatal. Portavoces parlamentarios y dirigentes territoriales desempeñan un papel clave en la configuración de este espacio político. Es el caso de la portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua; del coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo; y del diputado de EH Bildu Oskar Matute, voces influyentes en la izquierda soberanista y confederal. También figuran referentes autonómicos como Ana Pontón, líder del BNG en Galicia; Joan Baldoví, representante de Compromís; o Mónica García y Manuela Bergerot en la Comunidad de Madrid, vinculadas al espacio de Más Madrid.
A estos perfiles se suman los propios impulsores del debate reciente, Gabriel Rufián y Emilio Delgado, cuya propuesta de diálogo estratégico ha vuelto a poner el foco en la necesidad —o no— de un liderazgo compartido capaz de coordinar sensibilidades diversas. La coexistencia de todos estos nombres refleja tanto la riqueza como la fragmentación de la izquierda alternativa: múltiples proyectos, culturas políticas distintas y estrategias a veces divergentes para disputar hegemonía social frente a la derecha.
En paralelo, el avance de los bloques conservadores y la creciente polarización refuerzan la presión sobre este espacio para clarificar su rumbo. Algunos sectores apuestan por liderazgos firmemente ideológicos que movilicen al electorado más comprometido, mientras otros defienden perfiles transversales con capacidad de ensanchar la base progresista. La respuesta a esa disyuntiva marcará buena parte del futuro político inmediato.
En este contexto de redefinición estratégica y pluralidad de referentes, cobra sentido plantear una pregunta directa a la ciudadanía progresista. Por ello, abrimos la siguiente encuesta: ¿Quién crees que es el mejor líder a la izquierda del PSOE? La elección entre Montero, Belarra, Iglesias, Rufián, Díaz, Bustinduy, Aizpurua, Maíllo, Matute, Pontón, Baldoví, Mónica García, Bergerot o Delgado no solo mide preferencias personales, sino que ofrece una fotografía del momento que atraviesa la izquierda española y de las expectativas sobre su posible reorganización en los próximos años.
