Pocas escenas reflejan con mayor nitidez el ocaso que afronta el PP valenciano como la ocurrida el pasado 25 de mayo en la cede central de los populares en la capital del Turia. "¡Qué hostia!... ¡Qué hostia!", cuchucheó Rita Barberá al exconseller Serafín Castellano. La expresión, que fue captada por las cámaras de televisión, se convertía en el titular perfecto para explicar la decadencia de un partido que hasta entonces había gozado de poder absoluto en la Comunidad pero que tras múltiples escándalos de corrupción y nepotismo en las formas de gobernar, se había convertido en una formación política prácticamente residual.

El PP se ha quedado sin referentes en Valencia. En la actualidad, es difícil encontrar un dirigente que no haya sido purgado en guerras internas, que no esté investigado por la Justicia o haya sobrevivido a los malos resultados electorales. Del conjunto de dirigentes políticos conservadores que lograron dar el sorpasso a la izquierda en la década de los noventa sólo uno permanece en la primera línea política. Se trata del actual Sindic de Greuges, José Cholbi.

El último superviviente
Cholbi es el último superviviente de los ‘pata negra’ del PP Valenciano. El defensor del Pueblo no fue arrastrado ni por aliancista, ni por zaplanista, ni por campista… y ni siquiera por su pasado franquista. Como fundador de Alianza Popular sobrevivió al estallido del caso Naseiro pese a ser miembro de la comisión ejecutiva nacional del partido. Tampoco se vio salpicado por luchas intestinas del partido: contribuyó al ascenso de Eduardo Zaplana como presidente de la Generalitat en mayo de 1995 con el mismo ahínco con el que años más tarde se convertiría en uno de los principales apoyos de Francisco Camps.

Por conseguir, Cholbi incluso supo borrar su pasado en el franquismo para presentarse como un liberal cuando se constituyó el Partido Popular. Desde que se celebraron elecciones en España, el político nacido en Xàbia en 1938 fue sido senador, diputado nacional, diputado autonómico y vicepresidente de la Cortes valencianas. Siempre por el PP, el partido que fundó pero del que se dio de baja en 2009 para convertirse en Síndic de Greuges; cargo para el que supuestamente se requería la máxima independencia e imparcialidad política.

De franquista de pura cepa a demócrata convencido
Imparcialidad que no demostró en la dictadura. Durante el régimen franquista Cholbi ocupó plaza como funcionario de la Administración General del Estado. Y además asumió varios cargos de designación política. Ejerció como jefe de centuria falangista, concejal del Ayuntamiento de Dénia, inspector extraordinario del Ministerio de Educación, subdirector general de Formación Profesional y Jefe de División de Inspección (es decir, censor) de Televisión Española.

Poseía numerosas condecoraciones falangistas, pero muerto el dictador, inició la transición a la democracia. Primero en las filas de Unión del Pueblo Español (que en 1975 dirigía Adolfo Suárez) y después en AP y PP. 40 años después, consiguió que el PSOE respaldase de nuevo su nombramiento (con el visto bueno de Compromís), en parte gracias a su “habilidad para morder a sus antiguos correligionarios para salvar a discapacitados, viudas y ciudadanos que han sufrido una injusticia burocrática”.

Todo un ejercicio de contorsionismo político del que tiene mucho que ver el director de Comunicación del Sindic, Blas de Peñas Gómez Cuartero, capaz de presentar a Cholbi como un ‘hombre de Estado’ al mismo tiempo que acude a una tertulia en el canal de televisión 12TV para emitir todo tipo de opiniones claramente sesgadas y partidistas a favor del PP y con claro menoscabo de otras fuerzas políticas como Podemos, PSOE, Foro de Elche o Compromís.