En el imaginario de nuestra sociedad siempre ha imperado aquella frase que dice que "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer". Premisa que ha calado en sectores con gran influencia sobre la ciudadanía. Es el caso del cine, donde el público, concebido como una gran masa desde sus inicios, asistía una y otra vez a películas en las que sus superhérores contaban con el apoyo de una bellísima novia, cuya relevancia en la narrativa era ninguna más allá de aportar una cara bonita. Trasladándonos a la política, y concretamente a este siglo XXI, era de las redes sociales y, por qué no decirlo, de la desinformación a través de la web, este machismo ha dado una nueva cara. Las mujeres de algunos célebres presidentes del Gobierno, como es el caso de Brigitte Macron o Begoña Gómez, se han convertido en víctimas de campañas de machismo y transfobia que tratan de menospreciarlas a ellas, en primera persona, y de salpicar la 'hombría' y reputación de sus maridos. 

En el país galo, la Justicia ya ha dictado sentencia en el caso que rodea a la mujer de Emmanuel Macron. El Tribunal Correccional de París ha condenado a penas de cuatro y ocho meses de cárcel a los diez acusados por ciberacosar a la primera dama francesa, Brigitte Macron, a la que tacharon de transexual y pedófila. Además, todos deberán abonar de forma solidaria a la residente en el Elíseo una indemnización de 10.000 euros por daños morales.

El caso de Brigitte Macron recuerda al de Begoña Gómez por sus más que evidentes similitudes. Por ello, en el ficticio caso de que la ley francesa pudiese aplicarse dentro de nuestras fronteras, multitud de perfiles de extrema derecha podrían ser encarcelados por su campaña de acoso a la mujer de Sánchez, basada en bulos y comentarios tránsfobos. 

Lo de asegurar que estas mujeres nacieron hombres es una mentira recurrente, una mentira que forma parte de una estrategia de deslegitimación que pesa sobre ellas mismas, pero también sobre ellos, 'machos' con poder. Una vez más, la presencia femenina considerada como el talón de Aquiles del hombre. El punto débil que hay que tocar para desestabilizarlos. 

Así, a lo largo de los cuatro últimos años, Gómez y su familia han tenido que asistir a la viralización del 'Begoño'. Una de las que pronunció por primera vez este término con el que aseguraban que la mujer de Sánchez nació hombre fue la tertuliana Pilar Baselga. En noviembre de 2022, en directo desde Distrito TV, lanzaba: "Me atrevo a decir que hay sospechas de que nuestra querida segunda dama, porque la primera es la Reina, me atrevo a decir que en un inicio fuera Begoño".

Este bulo tránsfobo, a la par que misógino, le valió una imputación a la colaboradora, pero ni la Justicia logró frenar el alud ultraderechista, que se ensañaba en redes sociales con montajes que presentaban a Begoña Gómez como un hombre. Instantáneas que han corrido como la pólvora durante años, erosionando la imagen y reputación de la pareja del presidente. 

La ultraderecha ha conseguido en más de una ocasión uno de sus principales objetivos con esta maniobra, que el superhéroe -Sánchez- exprese su dolor ante unos 1460 días de difamación sobre su mujer. No obstante, con el paso del tiempo, y sin que el daño haya desaparecido, la estrategia ha quedado al descubierto para todos los actores de la película.

En su comparecencia en la comisión del caso Koldo, en el Senado, el líder del Ejecutivo se refirió explícitamente a la estrategia de la ultraderecha: "Lo habrán visto en la mujer de Macron y también ocurrió con la de Obama, hay una lógica que es común en los movimientos de ultraderecha de atacar en lo personal". Porque ahora son Begoña Gómez o Brigitte Macron, pero la alemana Britta Ernst, mujer del excanciller Olaf Scholz; Michelle Obama; la ex primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda ArdenKamala Harris o Hillary Clinton también han sido víctimas de esta campaña misógina a la par que tránsfoba. 

La estrategia es vieja, aunque se disfrace de memes y bulos virales: degradar a la mujer para debilitar al hombre, cuestionar su autoridad atacando lo más íntimo. La diferencia ahora es que la Justicia francesa ha puesto límites claros. En España, mientras tanto, la ultraderecha sigue operando con la certeza de que todo vale. El caso de Begoña Gómez demuestra que no se trata de libertad de expresión, sino de odio organizado. La llamada doctrina ‘Brigitte Macron’ pone sobre la mesa una pregunta incómoda para el ordenamiento español: ¿hasta cuándo la difamación machista y transfóbica va a seguir amparándose en la impunidad digital?

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