No en vano se convirtió en el juez estrella que, con muchos aciertos y algunos clamorosos desaciertos, persiguió implacablemente las injusticias sin importarle que los presuntos delincuentes fuesen etarras, narcotraficantes, políticos socialistas (por los casos GAL y FILESA), o dictadores fallecidos (Franco) o de edad avanzada (caso Pinochet). Pero cuando se consideró competente para investigar la trama Gürtel, un caso de corrupción masiva que afecta directamente al partido que ahora nos gobierna, se levantó la veda y la derecha más reaccionaria de este país, bajo la batuta de Federico Trillo, se lanzó directamente a su yugular con decenas de denuncias infundadas para laminar su prestigio y crear un halo de dudas sobre su honestidad. Muchas de ellas fueron archivadas por el Consejo General del Poder Judicial, pero la presentada precisamente por el abogado defensor de uno de los cabecillas recibió el “amparo” de la justicia, y consiguió salir adelante con el respaldo de un contubernio formado por el sector más de izquierdas del T.S., ávido de venganza, y la extrema derecha incrustada en el PP; un pacto antinatura con un objetivo común: acabar con el crédito del magistrado.

Hoy Garzón se sienta por primera vez en el banquillo de los acusados, en esta ocasión imputado por un delito de prevaricación por el que se solicita una pena de 17 años de inhabilitación para el ejercicio de su profesión. Curiosamente Correa se encuentra personado como acusador particular, y como contrapunto el Ministerio Fiscal solicitará su libre absolución. Se le acusa de haber grabado de forma ilegal las conversaciones entre los cabecillas de la Gürtel y sus abogados, sin tener en cuenta que con ello se pretendía evitar la desaparición de pruebas y que la decisión de Garzón -que hacía referencia a las comunicaciones en general- fue respaldada por el Fiscal y otros Magistrados que posteriormente se hicieron cargo de la investigación. Pero aquí, de lo que se trata, no es de hacer justicia, sino de hundir definitivamente en el fango al Juez Garzón.

Seguiremos como mucha atención las vicisitudes por las que transcurrirá este artificial y extraño proceso judicial, sin olvidarnos, de que de lograrse una sentencia de condena, el siguiente paso del Partido Popular irá encaminado a tratar de declarar la nulidad del caso Gürtel, bajo el pretexto de que la instrucción inicial se encontraba contaminada por un juez que ha sido condenado por prevaricación. Será una manera de “legalizar” la corrupción masiva de nuestra derecha, algo que parece no importarle a la mayoría de los españoles, a juzgar por los últimos resultados electorales.

Hoy la justicia comienza a jugarse su última oportunidad para no caer en la degradación más absoluta. Un país sin justicia, sin principios, sin ética, es un país en decadencia y sin futuro. ¿Queremos eso?

Fernando de Silva es abogado y autor del blog SInLaVeniA